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jueves, 21 de mayo de 2015

SOBRE EL ANÁLISIS ARQUEOASTRONÓMICO DE DOS YACIMIENTOS TINERFEÑOS Y LA IMPORTANCIA DE LOS EQUINOCCIOS EN EL RITUAL ABORIGEN-3



César Esteban Montserrat Delgado Cabrera Instituto Astrofísico de Canarias


4.2. SOBRE EL CONCEPTO DE EQUINOCCIO  ASTRONÓMICO Y SUS POSIBLES VARIANTES

Según hemos visto, es posible que los equinoccios o una fecha cercana a éstos constituyesen un elemento importante a la hora de escoger la situación de los yacimientos estudiados en el presente trabajo. Este evento astronómico se produce en una zona muy rica en rasgos topográficos conspicuos y cercanos entre sí sobre los cuales sería muy fácil realizar el seguimiento  de la variación diaria de la posición del Sol en su orto u ocaso sobre el horizonte, e incluso predecir el día de ocurrencia del fenómeno  si se ha calibrado con observaciones constantes a lo largo de varios años. Según hemos comentado, el equinoccio parece estar reflejado en otros yacimientos del Archipiélago, por lo que pudo tener un protagonismo especial en el ritual y en el simbolismo aborigen.

Pero ¿por qué el equinoccio puede ser un elemento importante? El concepto de equinoccio astronómico que utilizamos en la actualidad tiene su origen en la astronomía geométrica desarrollada en Grecia entre los siglos IV y III a.C. y se define como el momento en que el Sol se encuentra en cada uno de los dos nodos del plano de la eclíptica. Estos nodos corresponden a los puntos de intersección entre el plano del ecuador celeste y el plano de la eclíptica en la bóveda celeste. El plano del ecuador celeste es simplemente la proyección del ecuador terrestre sobre el cielo y el plano de la eclíptica es el lugar geométrico celeste por donde se mueve el Sol a lo largo del año. Ambos planos forman un ángulo de unos 23,5° en la actualidad (ver definiciones más detalladas en Aparicio et al., 2000: 27 y en Belmonte, 1999: 266). Parece improbable que un concepto tan abstracto y sofisticado como el equinoccio astronómico pudiera ser de importancia e incluso de alguna utilidad para una sociedad con el grado de desarrollo cultural y tecnológico que se le supone a la sociedad aborigen canaria. Esto nos lleva a plantear que quizás no fuese el equinoccio astronómico el concepto de interés para los antiguos aborígenes, sino otro muy cercano en el tiempo y mucho más concreto que conocemos como «punto medio temporal entre ambos solsticios».

Está claro que los solsticios son puntos singulares claramente distinguibles en la posición anual del Sol sobre la esfera celeste, pues corresponden  a las posiciones extremas de su trayectoria anual sobre la bóveda celeste. Para un observador situado en la latitud de las Islas Canarias,  el Sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte al mediodía en el solsticio de verano y su mínima altura en el solsticio de invierno. Esto también se traduce en los valores extremos de la duración relativa entre el día y la noche. Si medimos el tiempo o construimos nuestro calendario a través de la observación y seguimiento del punto de su orto u ocaso sobre un horizonte bien conocido (lo que se denominan «calendarios del horizonte», utilizados por muy distintas culturas, ver Ruggles, 1999: 152) veríamos que el Sol sale o se pone en el punto más septentrional en el solsticio de verano y en el más austral en el solsticio de invierno. Como vemos, la ocurrencia de los solsticios serían distinguibles por un observador constante y cuidadoso, sin necesidad de disponer de conocimientos astronómicos o geométricos sofisticados. En este sentido, es importante comentar que se han descubierto marcadores de los solsticios en yacimientos arqueológicos de las Islas Canarias,  lo que indica que este evento astronómico también podría haber tenido interés para los antiguos isleños. Dichos marcadores solsticiales se han encontrado en Cuatro Puertas (Gran Canaria, Belmonte et al.,1994), en la Necrópolis de Gáldar (Gran Canaria, Belmonte et al., 1997; Belmonte y Hoskin, 2002: 235-38), en las estaciones de cazoletas y canalillos de la Degollada de Yeje, La Abejera y Cambados (Tenerife, Belmonte et al., 1994). Incluso los grabados rupestres podomorfos de Montaña Tindaya (Perera Betancort et al., 1996) parecen estar mayoritariamente orientados hacia la zona del horizonte donde se produce el ocaso solar del solsticio de invierno. Marcadores del solsticio de verano también se han encontrado en lugares arqueológicos norteafricanos de claro origen prerromano, como el relacionado con los dólmenes y tumbas númidas en la antigua ciudad de Simithus (Esteban et al., 2001) o el extraordinario marcador de la fortaleza de Zinchecra, en el corazón del territorio garamante del Fezzan (Belmonte et al., 2002b).

Una vez hemos determinado la fecha en que se producen dos solsticios consecutivos (que distan 182 ó 183 días) entre sí y contando los días transcurridos, podemos definir el punto medio temporal entre ambos (entre 91 y 92 días antes o después de cada solsticio), es decir, el «punto medio temporal entre ambos solsticios» antes comentado. ¿Qué conseguiríamos con esto? Pues dividir el año solar (o trópico) en cuatro periodos de la misma duración (con una precisión de ±1 día) y que coincidiría con las cuatro estaciones astronómicas. Para que este tipo de registro temporal fuese posible deberíamos suponer una cierta capacidad de contabilidad entre, al menos, algunos de los miembros de la sociedad aborigen. Esto parece bastante posible según los trabajos de Barrios (2002), que defiende el uso de un sistema simbólico de registro de datos numéricos y calendáricos entre los aborígenes basándose en evidencias arqueológicas, etnohistóricas y lingüísticas. Uno podría pensar que el punto medio temporal entre solsticios debería corresponder con el equinoccio, pero no es así. Debido a la diferencia en la velocidad de traslación de la Tierra a lo largo del año, la duración de las distintas estaciones no es la misma y pueden diferir en unos pocos días. En los últimos 1.000 años la primavera o el verano han durado entre 3 y 4 días más que el otoño o el invierno para los habitantes del hemisferio boreal. La posición exacta del Sol en este día mitad se encuentra ligeramente al norte de la que ocupa en los equinoccios y depende de la forma en que contemos el año (si comenzamos por el solsticio de invierno o de verano), del equinoccio que consideremos y la separación temporal entre el momento exacto en que se produce el equinoccio astronómico y el del orto u ocaso más cercano a ese momento (de unas 12 horas como máximo). Considerando todos estos factores, la declinación del Sol en ese día mitad estará dentro del rango de (0,7 ± 0,5°). En el caso de los dos yacimientos estudiados, las figuras 4 y 6 muestran gráficamente la posición de dichos rangos de declinación. Como vemos, no hay elementos claros que nos permitan distinguir  si es el equinoccio astronómico  o el punto medio temporal entre solsticios el evento de interés de los marcadores, aunque conceptualmente parece más probable que este último elemento fuese el de interés.

Creemos necesario indicar que la utilización de fechas cercanas a los equinoccios para la calibración de un calendario basado en la observación de ortos u ocasos solares sobre el horizonte tiene una gran ventaja: es el momento del año en que la variación diaria de la posición solar es mayor. Si estudiamos el punto exacto de salida o puesta del Sol a lo largo del año, podemos notar que la magnitud de su desplazamiento entre dos días consecutivos es muy variable: mientras cerca de los equinoccios  es de casi un diámetro solar, cerca de los solsticios resulta casi estacionario. Por lo tanto, las observaciones alrededor de los equinoccios permitirían una mayor precisión en la calibración de un calendario.
Como ya comentamos anteriormente, Perera López (1992) interpreta el yacimiento de La Pedrera como un posible santuario a la fecundidad debido a los motivos representados en los grabados. Por otra parte, las estaciones de cazoletas y canalillos también son interpretados de esta misma manera debido a su funcionalidad propuesta (del Arco Aguilar et al., 1999: 62). La relación entre el ciclo solar y la fecundidad de la Tierra se basa en hechos físicos incontestables y ha sido obvia para muchas culturas, por lo que no resulta extraño encontrar relaciones con el Sol en estos lugares particulares de culto. La relación particular de los yacimientos estudia- dos con el equinoccio podría indicar la importancia simbólica y ritual del cambio estacional entre los primitivos canarios. Los resultados presentados en este trabajo no hacen sino reforzar la importancia del binomio sol-fertilidad en el mundo religioso aborigen, un binomio que también parece estar presente en el mundo norteafricano preislámico.

5. CONCLUSIONES

El presente trabajo tiene varias finalidades, la primera presentar una nueva metodología de trabajo desarrollada para el estudio arqueoastronómico preciso del horizonte que rodea a los yacimientos arqueológicos. Este método se basa en el uso de teodolito, GPS e imágenes digitalizadas del horizonte. Un elemento novedoso es la aplicación de paquetes informáticos para el tratamiento de imágenes astronómicas a las fotografías del horizonte, lo que permite obtener las coordenadas horizontales o celestes correspondientes  a cualquier punto del horizonte con una precisión de alrededor de 4'.

El segundo objetivo del presente trabajo ha sido la aplicación de la nueva metodología a dos yacimientos tinerfeños: la estación de cazoletas y canalillos del Barranco de la Tapia (inédito hasta la fecha) y la estación de grabados rupestres de La Pedrera (publicado por Perera López, 1992). Hemos encontrado que el orto (La Pedrera) y el ocaso (Barranco de la Tapia) del Sol en los equinoccios (o en una fecha muy cercana a éstos) se produce en las zonas más llamativas y ricas en elementos topográficos de todo el horizonte que rodea a los yacimientos, características que los hace lugares ideales para la observación y calibración de calendarios de horizonte. En el caso de La Pedrera, la precisa orientación este-oeste de las figuras antropomorfas y pisciformes (con sus cabezas mirando sistemáticamente hacia el este) parece sustentar nuestra hipótesis astronómica. Según trabajos anteriores, parecen existir marcadores del equinoccio en yacimientos en otras islas del Archipiélago, lo que hace poco probable que su uso religioso y calendárico se originara en cada una de las islas separadamente  y sugiere un origen común.

Nuestro tercer objetivo es la discusión del origen de este elemento astronómico ritual, que lo situamos en el Norte de África preislámico.  Las citas históricas sobre las características básicas de la religión así como los resultados de los trabajos arqueoastronómicos recientes muestran la estrecha analogía entre ambas zonas geográficas. Finalmente, proponemos que podrían ser los denominados puntos medios temporales entre ambos solsticios (muy cercanos en tiempo a los equinoccios, entre uno o dos días anteriores o posteriores)  las fechas solares de interés.

AGRADECIMIENTOS

En primer lugar quisiéramos agradecer a José Víctor (Chiqui) Febles por darnos a conocer los yacimientos y guiarnos en nuestras visitas iniciales. J.A. Belmonte compartió los primeros trabajos «de brújula» en ambos yacimientos y las primeras impresiones sobre ellos. Finalmente quisiéramos agradecer a Ángel R. López Sánchez y Jorge García Rojas su ayuda en la toma de medidas, así como a Soraya Moret por su ayuda y entusiasmo en el trabajo de campo.

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