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jueves, 5 de noviembre de 2015

OTRO ASPECTO DE LA DIOSA MADRE UNIVERSAL



Un aspecto más de la Diosa Madre universal como Diosa egipcia cuyos orígenes se unden en la oscuridad a pesar de llegar a ser una de las principales diosas de Egipto en las épocas tardías. Debido a que su nombre en egipcio se escribe con el signo jeroglífico que representa el ¨trono¨ o ¨asiento¨, es posible que la diosa Isis fuera la personificación del poder del trono, aunque hay algunos egiptólogos que opinan que esa identificación corresponde más bien a una evolución tardía, indicando algunos de ellos que en varias tribus africanas, el trono del jefe de la tribu es conocido como la madre del rey, lo cual se puede identificar con lo especificado para la diosa Isis y si se tiene en cuenta los aspectos mitológicos.

 En su versión antropomorfa, Isis es representada como una mujer que lleva un ajustado vestido y coronada con el ¨trono¨anteriormente explicado.
En cuanto a las actitudes, Isis suele ser mostrada en posición sedente, y más comunmente en pie, aunque también arrodillada con su mano reposada sobre el signo _shen_. En estas dos últimas actitudes la diosa puede ser mostrada como una plañidera a menudo con sus brazos alrededor de la figura sedente o en pie de Osiris y en numerosas ocaciones con los brazos alados como es habitual en los sarcófagos reales de la XVII Dinastía.
Isis puede aparecer también en forma de escorpión en forma de ave, de cometa y como diosa madre incluso en forma de bóvido (semejante a Hathor o Apis).
Isis, a medida que transcurría la Historia de Egipto, sufrió los efectos del sincretismo fundiéndose o tomando caractrísticas o atributos de otras diosas; Isis quedó fundida con las diosas Astarté, Bastet, Nut, Renunet, Sotis y Hathor, esta última de gran importancia en su sincretismo dado que la diosa Isis toma de ella como decíamos muchos de sus atributos iconográficos y de sus características mitológicas.
A menudo se representa a Isis con un disco solar entre unos cuernos de vaca, lo que demustra su gran afinidad con la diosa madre vaca Hathor. Tanto Isis como Hathor fueron en diferentes épocas consideradas como madres de Horus y por lo tanto, del rey Egipto que era la representación humana de Horus.

Isis, en efecto, era una esposa y madre modelo, es el símbolo de la unidad de la familia divina y a menudo se la representa amamantando a Horus niño.
Isis practicaba la magia y sus poderes podían tener también efecto sobre los dioses. Fueron sus poderes mágicos los que consiguen retornar a la vida al momificado Osiris y ayudar a su hijo Horus en el combate con Set.
Eso nos habla de su carácter, no cualquier persona puede brillar en la política, se necesita astucia, conocimiento y mucha confianza. En ese momento Isis fue tan brillante como lo serían otras “Hemet” o monarcas muchos siglos después.La diosa Isis tiene carácter firme, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo, es astuta e inteligente; de ella se nos dice que “su corazón era más rebelde que una infinidad de humanos y más inteligente que una infinidad de dioses”, y que es “más hábil que una infinidad de espíritus”.
El cristianismo adoptó el culto a Isis “diosa de la maternidad” asimilándola a la Virgen María, cuyas maternales y protectoras imágenes están inspiradas en su iconografía. Las Vírgenes Negras son consideradas antiguas imágenes de Isis, adaptadas posteriormente al ritual católico.El cristianismo adoptó el culto a Isis “diosa de la maternidad” asimilándola a la Virgen María, cuyas maternales y protectoras imágenes están inspiradas en su iconografía. Las Vírgenes Negras son consideradas antiguas imágenes de Isis, adaptadas posteriormente al ritual católico.
Se denominan así por la influencia faraónica de la Diosa egipcia Isis, representada con brazos alados simbolizando a la Madre protectora.Se tiene idea que es un elemento nuevo en la danza pero no es así, en algunos papiros se muestran grupos de bailarinas invocando a la Diosa portando unas alas hechas de tela.Bailar con Alas de Isis requiere destreza y práctica, ya que los movimientos deben ser suaves y los brazos deben haber adquirido la soltura suficiente para dar la impresión de que flotan en el aire y de que, claro, el elemento no pesa nada, sino que flota también.La musica lleva muchos instrumentos de viento,el ritmo de la melodia puede ser mas rapido o mas lento, dependiendo, es una danza que realiza muchas vueltas, giros y desplazamientos.Esta danza traslada totalmente al publico a un lugar maravilloso.
Oracion a la divina Madre Isis “Virgen”

Oh Isis!,Madre del cosmos,raiz del amor,tronco,capullo,hoja,flor y semill de todo lo que existe.
a ti fuerza naturalizante te conjuramos.
Llamamos a la reina del espacio y de la noche,y besando sus ojos amorosos,bebiendo el rocio de sus labios,respirando el dulce aroma de su cuerpo,exclamamos: !Oh Nuit! ,Tu eterna dedidad del cielo,que eres el alma primordial,que eres lo que fue y lo que sera.
Isis, a quien ningun mortal ha levantado el velo, cuando tu estas bajo las estrellas irradiantes del nocturno y profundo cielo del desierto,con pureza del corazon y en la flama de la serpiente,! te llamamos! Ram-Io;Ram-Io;Ram-Io: mantralizar.
Invocación a la Diosa Isis
Invoco el poder de la diosa Isis, la madre cósmica de Egipto. Envuélveme en la belleza de tu luz blanca, que protege mi espíritu. Sí, me transformo en un imán poderoso que atrae salud, belleza, amor, sabiduría y riqueza. Mi vida florece con los dones preciosos legados por la protección de Isis y tengo ahora salud, belleza, abundancia, el empleo perfecto para mí y muchas buenas oportunidades. Amen
Published in:
 “Amada Isis,diosa del poder de la Paz,por favor infundame con tu gracil fuerza y tu amorosa confianza.
Ayudame a ser como tu: refinada,asertiva,amorosa.
Ayudame a confiar en mi misma.
Ayudame a volar como un aguila en toda forma,para inspirar y ayudar a otros a volar.Gracias.”


Isis quizá sea la diosa más popular de panteón egipcio
Isis “La Gran Maga”, la gran diosa Madre, reina de los dioses, la fuerza fecundadora de la naturaleza, diosa de la maternidad y del nacimiento, en la mitología egipcia. “Señora de las pirámides” en Giza.

Nombre egipcio: Ast “trono”. Nombre griego: Isis. Deidad griega: Deméter.
Iconografía
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Isis es representada como mujer con el jeroglífico del “trono” Ast sobre su cabeza. Otras veces está sentada, ostentando un tocado con el disco solar, por ser hija de Ra, el dios Solar. Podemos verla igualmente con alas de milano, abriendo sus brazos para bendecir a sus devotos e hijos, simbolizando su maternidad. Con forma de diosa árbol, amamantando al faraón.
En su versión antropomorfa, Isis es representada como una mujer que lleva un ajustado vestido y coronada con el “trono” anteriormente explicado. A comienzos de la XVIII Dinastía y en el período tardío es representada con cuernos y un disco solar entre ellos, al modo de la diosa Hathor, por tanto atributos tomados de esta última diosa. También porta son el sistro y el menat (tomados de la diosa Hathor) y, en sus manos, tan sólo suele llevar el anj (ankh) y un bastón papiriforme.
Mitología

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Osiris, hermano y esposo de Isis, reinaba en el antiguo Egipto con paz, armonía y sabiduría. El Nilo fertilizaba la tierra y las cosechas eran abundantes. Sus súbditos eran felices. Un día, Osiris salió de viaje para conocer otras civilizaciones y dejó el reino bajo el mando de su esposa Isis. Seth, el hermano envidioso, se sintió humillado, pues creía que él debería gobernar y no Isis.
Cuando el dios Osiris volvió, Seth quiso hacer una gran fiesta de bienvenida y lanzó un desafío a los invitados: aquél que entrase en el cofre que Seth había traído, éste se lo regalaba como prueba de fidelidad y respeto. Muchos intentaron pero el cofre resultaba pequeño o grande. Osiris, curioso, quiso probar y le encajó perfectamente bien. Seth sabía el tamaño del hermano y era por esto que el cofre le había servido como un guante. Inmediatamente el hermano, junto con 72 cómplices, cerraron la caja de metal herméticamente y la arrojaron al Nilo.
Isis, con amor y confianza, empezó su travesía tras el cuerpo de su esposo. Después de largas y penosas caminatas por Egipto, la diosa encuentra el cofre con los restos de Osiris. Pero el drama continúa cuando Seth, en su maldad sin fin, robó el cadáver y lo cortó en catorce pedazos que, nuevamente, esparció por todo el reino. Isis no se rinde y, en compañía de su hermana Neftis, la esposa de Seth, recorre cada lugar del reino. Finalmente consiguen encontrar todos los pedazos con excepción del pene. Sin embargo Isis reconstruyó a Osiris, ayudada por Anubis y Neftis, e impregnada de él concibió a Horus niño (Harpócrates), quien posteriormente vengaría a su padre luchando contra Seth.
Titulaturas y epítetos de Isis
Agunos de los títulos que recibió la diosa son: “La Gran Señora”, “La Diosa madre”, “la Señora del Cielo, de la Tierra y del Inframundo” (en File), “Isis en todas sus manifestaciones”, “Señora de Raanefer”, “La reina de Mesen”, “Señora de Hebet”, “Señora de Abaton”, “Señora de los países del sur”, “Señora de las pirámides”, “la divina, la única, la más grande de entre los dioses y Diosas, la reina de todos los dioses”, “el Ojo de Ra, la corona de Ra-Heru, Sept”, “Señora del Año Nuevo…”
Su culto
Tumba de Thutmose III: Isis con forma de diosa árbol, amamantando al faraón
El templo más importante dedicado a su culto estaba en la isla de File. En Dendera era expuesta anualmente en un quiosco del templo de Hathor, a los rayos del Sol, para regenerarse. En Giza fue venerada como “Señora de las pirámides”
Su culto se propagó por todo el Mediterráneo, resistiendo la expansión del cristianismo y se mantuvo en el templo de File durante el Imperio Romano hasta que fue prohibido en tiempos de Justiniano I, en el año 535 ddC.
El culto a Isis en Hispania (España): Hay evidencias del culto a Isis, transmitido por comerciantes, militares o simples ciudadanos griegos y romanos. Al principio su veneración es popular para después llegar hasta las capas más altas. Existió un culto organizado, en Emérita Augusta (Mérida), Igabrum (de Córdoba) y Valentia (Valencia) y devotos en Legio (León), Astúrica Augusta (Astorga), Acci (Guadix), Saguntum (Sagunto) y Tarraco (Tarragona). Los últimos documentos referentes al culto a Isis en Hispania datan de la primera mitad del siglo III ddC.
El cristianismo adoptó el culto a Isis “diosa de la maternidad” asimilándola a la Virgen María, cuyas maternales y protectoras imágenes están inspiradas en su iconografía. Las Vírgenes Negras son consideradas antiguas imágenes de Isis, adaptadas al ritual católico posteriormente.
Isis quizá sea la diosa más popular de panteón egipcio.

Su historia es muy bonita y simbólica. Confira
Isis es la hermana-esposa de Osiris. Su nombre original era Istet, que significa literalmente: trono o asiento. De hecho, podemos ver en su tocado una figura muy sejemante a este objeto.
Osiris reinaba en el Antiguo Egipto con paz, armonía y sabiduría. El Nilo fertilizaba la tierra y las cosechas eran abundantes. Sus súditos eran felizes.
Un día, Osiris salió de viaje para conocer otras civilizaciones y dejó el reino bajo el mando de su esposa. Seth, el hermano envidioso, se sintió humillado, pues creía que él debería gobernar y no Isis.
Cuando el dios volvió, Seth quiso hacer una gran fiesta de bien venida y lanzó un desafío a los invitados: aquél que entrase en el cofre que Seth había traído, éste lo regalaba como prueba de fidelidad.
Cuando el dios volvió, Seth quiso hacer una gran fiesta de bien venida y lanzó un desafío a los invitados: aquél que entrase en el cofre que Seth había traído, éste lo regalaba como prueba de fidelidad.
Muchos intentaron pero el cofre ó era pequeño ó era grande. Osiris, curioso, quiso probar y le servió perfectamente bien. Seth sabía la medida del hermano y era por esto que el cofre le había servido como un guante. Inmediatamente el dios malo, junto con 72 cómplices, cerraron hermeticamente la caja de metal y la tiraron en el Nilo.
Isis, con amor y confianza, empezó su “aventura” tras el cuerpo de su esposo. Después de várias y duras caminadas por Egipto, la diosa encuentra el cofre con los restos de Osiris. Pero Seth, en su maldad sin fin, robó el cadáver, cordándole en 14 pedazos que son nuevamente tirados por todo el Reino.
Isis no se rinde y, con la ayuda de su hermana Nephtis (ésta esposa de Seth), recorren cada parte del reino. Finalmente consiguen encontrarle, con excepción de los órganos genitales. Sin embargo, Isis, además de esposa, era maga, y con su magia construye con madera un pene artificial y logra tener relaciones sexuales con Osiris, quedándose embarazada de Horus, el dios halcón, que posteriormente vengaría su padre en una furiosa batalla con Seth.
Texto de mi autoría.
Isis también es mucha vezes represantada sentada y ostentando un tocado con el disco solar, ya que ella es hija de Ra, el dios Sol. Podemos ver igualmente las alas de milano, simbolizando su maternidad, o sea, que está abriendo sus brazos para bendecir sus devotos e hijos.
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* DIOSA ISIS
on March 5, 2009 at 12:59 am Leave a Comment

DIOSA







Hace unos doce mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman "revolución neolítica" o "revolución agrícola". 

  Hasta entonces el hombre había vivido de los frutos, semillas, raíces que recolectaba, o de lo que cazaba o pescaba. Cuando los alimentos comenzaban a escasear, la horda se trasladaba a otra región menos explotada. Había mucho espacio, la naturaleza era virgen y la tierra estaba poco poblada.
Aquellos hombres eran simples depredadores. Pero, de pronto, la invención de la agricultura alteró profundamente la vida y el destino de la humanidad. De ser depredador de la naturaleza, el hombre se convierte en su colaborador. El vagabundo recolector abandona su vida errante, echa raíces en su territorio que considera suyo y se convierte en productor.
Es un cambio que acarrea muchos cambios. El hombre tiene que inventarse el concepto tiempo. Tiene que pensar en el futuro, labrar y sembrar hoy para recoger mañana. Estos cambios implicaron una revolución en el pensamiento. El hombre toma conciencia de los ritmos superiores que rigen el cosmos.
También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres, de la recolección. La aparición de la agricultura, que potencia la tradicional tarea de la mujer, acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora para a un primer plano. Se instituye el matriarcado.
Cuando aumentó la población, la vida de los primeros agricultores se tornó más difícil. La obsesión por asegurar la fecundidad de la tierra y de los animales, de la que dependía la supervivencia de la comunidad, se concretó en unas practicas mágicas centradas en torno a la estrella Spica y a la luna.
El hombre primitivo observó que la estrella Spica, la principal de la constelación que hoy llamamos de Virgo, desaparece en el horizonte del cielo nocturno el quince de agosto, lo que coincide con el agostamiento de la vegetación. Era el tiempo de recoger el trigo ya seco y maduro. Spica vuelve a aparecer en el cielo nocturno el ocho de septiembre, coincidiendo con el momento de la sementera. La mente primitiva asoció el ciclo agrícola, del que dependía la fecundidad de las cosechas, con el de la misteriosa estrella Spica, que, de algún modo mágico, regía la alternancia estacional que hace crecer el cereal. Por eso precisamente la llamaron Spica, espiga.
Así que en las diversas culturas de la Antigüedad, las piedras sagradas son la representación de la divinidad vinculada a cultos astrales de significado agrícola. La fuerza fecunda de la tierra y de las hembras se personificaba en la Diosa Madre.
Cada pueblo, cada religión del Mediterráneo, tuvo una Diosa Madre, representante de la estrella Spica dispensadora de fecundidad. La diosa Madre se asociaba a la estrella, era reina del cielo y madre de los otros dioses que se derivaron de ella. En cada cultura la daban un nombre distinto: la egipcia Isis y Hathor: la india Lacksmi; la Cibeles de Asia Menor; la fenicia Astarté, la cartaginesa Tanit...

Rey Sagrado
En los tiempos del matriarcado, una mujer a la que denominaremos reina gobernaba la tribu como encarnación de la Diosa Madre, pero, al igual que ella, necesitaba un hombre que la fecundara y asegurase, a través de ella, la fecundidad de la tierra, de la que dependía la supervivencia de la tribu. El cónyuge de la reina era el Rey Sagrado. La ceremonia de su designación simbolizaba la unión del rey Sol con la reina Tierra. El ritual incluía el asesinato ficticio del rey durante la ceremonia del baño. Tenía que morir como miembro de la tribu o clan al que había pertenecido para resucitar como miembro de la tribu o clan de la reina. Como se sabe, el baño es imagen de muerte y renovación. Esto fue copiado también por el bautismo cristiano.
En los tiempos más remotos, se sacrificaba al rey en cuanto la reina quedaba embarazada. La preñez de la reina, y por lo tanto de la Diosa Madre, era la imagen de la Creación del cosmos y el cosmos solo se crea por el sacrificio o autosacrificio de un dios.
El rito exigía el sacrificio del rey al final de cada Ano Sagrado, pero como la idea de morir no entusiasmaba al monarca, con el tiempo se consiguió que un sustituto, a menudo un niño, ocupase su lugar, o que su castracción o cojera simbolizasen su muerte. Finalmente, se humanizó aún más la ceremonia y la cojera real era solamente fingida. El Año Sagrado no debe entenderse como un año de 365 días, sino como Gran Año, o período en el que el año solar y el año lunar del solsticio de invierno se sincronizan y coinciden, lo que sucede cada diecinueve años.
Así lo describían:
El Rey-Sagrado era azotado y acariciado para que su sangre y su esperma fertilizase la madre tierra. Después era castrado y decapitado, asándose su carne para ser consumida por sus familiares o su clan sacramentalmente en un banquete ritual. A partir de un cierto momento del desarrollo de estos pueblos los Reyes sagrados habían alcanzado el suficiente poder para evitar el sacrificio al menos durante ocho años seguidos. No obstante, a fin de no renunciar a estos ritos sobre la fertilidad y por tanto sobre la prosperidad económica de sus pueblos, sustituyeron su propio sacrificio por el de un Rey sustitutorio a quien se le hacia reinar durante el día del sacrificio.
El rey sustituto, al final del día de reinado, se sacrificaba ritualmente y el verdadero Rey volvía a reinar otro año, así hasta que otro desgraciado era investido como Rey por un día y se repetía la historia. Finalmente se sustituyó por el sacrificio de algún animal.
El calendario sagrado fijaba la duración del Rey Sagrado, en un Año Sagrado, un periodo de 19 años, que transcurre hasta la concurrencia de los tiempos solares y lunares. Dura exactamente 19 revoluciones del sol y 235 lunaciones, lo que, en términos de nuestro calendario, equivale a 19 años, dos meses y cuatro minutos. Se trata del año que los astrónomos denominas metónico, porque fue divulgado por Metón en el año -433.

Diosa Madre versus Rey del Trueno
Hace cuatro mil años ocurrió uno de esos cataclismos que alteran el rumbo de la historia. Una serie de tribus indoeuropeas procedentes del Asia Central irrumpieron en el Mediterráneo y Oriente Medio. Los arqueólogos españoles los denominan pueblos del Vaso Campaniforme. Esta vez no eran agricultores, sino ganaderos que practicaban la trashumancia y habitaban en chozas. Los machos, toros y moruecos, encabezaban sus rebaños, marcando la dirección y el ritmo de la caminata, mientras las hembras vacas y ovejas, los seguían sumisas. Estos pueblos se gobernaban por un sistema patriarcal basado en el predominio del principio masculino y solar.
Los recién llegados derrotaron a los pueblos autóctonos, agrícolas y matriarcales, antes de convivir y fusionarse con ellos. Entre el Dios del Trueno de los pastores y la Diosa Madre de los pueblos sometidos se estableció una rivalidad que todavía perdura en las invisibles raíces de nuestra sangre.
Esta dicotomía solar-luna no podía durar eternamente. El anhelo natural del hombre era conciliar los dos principios, abolir dualismos, trascender su condición humana para reintegrarse en la unidad primordial. Esa fue la gran obra de la sabiduría de Salomón que los templarios intentaron rescatar dos mil años mas tarde. Los griegos adoptaron una religión ecléctica, capaz de satisfacer a las dos partes. En adelante, compartirían el poder el principio solar, patriarcal (el Dios Trueno, Zeus), y el principio lunar, matriarcal (la Reina del Cielo, Hera). Zeus y Hera se casan, y todos los dioses menores serán sus hijos.

Betilo
Los betilos o piedras sagradas, son las imágenes anicónicas que representaron a los dioses antes de que los devotos los imaginaran como personas o animales. El betilo puede adoptar forma esférica o de columna redonda o cuadrada. Se supone que los betilos son una herencia oriental, semita, llegada a España con los fenicios, pero nada nos desautoriza a pensar que los indígenas no veneraran ya sus propios betilos, antes de que llegaran los fenicios.

Menhir
Hubo un tiempo en que el hombre entendía la naturaleza y colaboraba con ella. Aquel hombre primitivo, con una inteligencia y una capacidad craneal todavía limitadas, conservaba aún la facultad de percibir ciertas vibraciones de la naturaleza, de la tierra y del cielo. Porque la tierra no es un soporte inerte. Por el contrario, está dotada de vida, es la matriz y el origen de la vida de las criaturas que sustenta, incluido el hombre. Las vibraciones de la tierra son especialmente intensas en determinados lugares recorridos por corrientes telúricas.
El menhir es piedra de religión. Está situado en un lugar donde la corriente telúrica ejerce en el hombre una acción espiritual; está situado en un lugar donde aliente el espíritu. Los que levantaban megalitos practicaban una especie de acupuntura terrestre.

Valdeande
En Valdeande, por su situación geográfica, son varios los puntos arqueológicos de interés. Hay abundantes corrientes subterráneas, debido a la placa caliza que hay a unos 60 metros de profundidad. Hay lugares sagrados, como el Pico el Mortero y lugares históricos como Ciella. Cerca del monte, por el despoblado de Valdeterradillos, lo poblaban los ganaderos, pero por Santa Centola, lo poblaban los agricultores. Muchas son las fuentes de agua.
Todo esto hace que se hallan encontrado piedras en el campo que bien podrían ser a quien adoraban de nuestros antepasados.
Con la llegada de la cristiandad, la Diosa Madre, fue convertida en la Virgen María, y el Rey Sagrado, en Cristo. Destacándose el hecho de que los templarios fueron buscando antiguos lugares de culto, y ahí solían poner una virgen negra, y muy a menudo sobre la misma piedra sagrada a la que adoraban los hombres prehistóricos. Ellos eran conocedores de los ritos de la Diosa Madre, y dejaron constancia de ello en sus marcas de cantero.
Evolución
Y luego llegó el cristianismo. En principio, parece casi seguro que la consideración y aceptación por la Iglesia del protagonismo mariano fue evolucionando progresivamente desde el siglo II hasta el V (Concilio de Efeso) , pero no puede afirmarse con seguridad que se difundiera entre la gran masa de fieles y, menos aún, que fuese objeto de un culto generalizado. Por otra parte, conviene recordar que la liturgia católica fue sustituyendo muy lentamente a los primitivos cultos precristianos, los cuales tardaron varios siglos en olvidarse.

Se ha visto que el estudio de las festividades dedicadas a María aporta algunos datos: En la Iglesia oriental solo se tiene noticia de una fiesta anterior al siglo V - la "Conmemoración de Santa María" - y, a principios del siglo VI, la del "Tránsito de la Virgen". Sorprendentemente, en la Iglesia romana no se conocen  fiestas marianas hasta el siglo VII, lo qué induce a pensar que la evolución fue bastante más lenta.  
La eclosión de la mariología fue en los siglos XII y XIII. La Virgen románica que conocemos es una imagen cristianizada y tardía, importada de bizancio. Si suplanta a la antigua Diosa Madre, cabría esperar que perdurase en ella alguno de los rasgos propiciadores de fecundidad de las antiguas representaciones de la Diosa Madre. Entre la Antigüedad y la Baja Edad Media, en el espacio de ese milenio, ¿hubo imágenes que representen el eslabón perdido?. Las hubo, pero el clero cristiano las consideraba tan irreverentes y provocativas que prefería ocultar sus cuerpos detrás de veladuras, vestidos y adornos. Por eso se tapan tanto las imágenes actuales, que al fin y al cabo son tallas vestidas y tardías, lo que explica precisamente que se salvaran de la quema.
La quema, no es una frase hecha. Existieron imágenes primitivas de la Diosa Madre, asimiladas a la Virgen María, que el propio clero destruyó. Una resolución del Sínodo diocesano de 1624, presidido por el cardenal-obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval, dispone: que no se hagan imágenes de barro o cartón (se refiere evidentemente a los exvotos populares que los fieles llevaban a los antiguos santuarios) y que se entierren o consuman dentro de la iglesia o en otra mejor forma las imágenes viejas y deformes que más provocan a risa que a devoción.
En 1624 las condenaron al fuego. Sólo se salvaron aquellas tallas modernas que satisfacían la estética oficial de la iglesia. Y de éstas también es de lamentar que casi ninguna sobreviviera a 1936, cuando hubo una segunda quema.
(Valdeandemagico en busca de la Diosa Madre, el gran tesoro prehistórico de Valdeande.)
Valdeande Mágico 20-10-2006
Nota: prácticamente toda la información, está sacada de los libros de Juan Eslava Galán.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Diosa Madre Hace unos doce mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman "revolución neolítica" o "revolución agrícola". Hasta entonces el hombre había vivido de los frutos, semillas, raíces que recolectaba, o de lo que cazaba o pescaba. Cuando los alimentos comenzaban a escasear, la horda se trasladaba a otra región menos explotada. Había mucho espacio, la naturaleza era virgen y la tierra estaba poco poblada. Aquellos hombres eran simples depredadores. Pero, de pronto, la invención de la agricultura alteró profundamente la vida y el destino de la humanidad. De ser depredador de la naturaleza, el hombre se convierte en su colaborador. El vagabundo recolector abandona su vida errante, echa raíces en su territorio que considera suyo y se convierte en productor. Es un cambio que acarrea muchos cambios. El hombre tiene que inventarse el concepto tiempo. Tiene que pensar en el futuro, labrar y sembrar hoy para recoger mañana. Estos cambios implicaron una revolución en el pensamiento. El hombre toma conciencia de los ritmos superiores que rigen el cosmos. También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres, de la recolección. La aparición de la agricultura, que potencia la tradicional tarea de la mujer, acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora para a un primer plano. Se instituye el matriarcado. Cuando aumentó la población, la vida de los primeros agricultores se tornó más difícil. La obsesión por asegurar la fecundidad de la tierra y de los animales, de la que dependía la supervivencia de la comunidad, se concretó en unas practicas mágicas centradas en torno a la estrella Spica y a la luna. El hombre primitivo observó que la estrella Spica, la principal de la constelación que hoy llamamos de Virgo, desaparece en el horizonte del cielo nocturno el quince de agosto, lo que coincide con el agostamiento de la vegetación. Era el tiempo de recoger el trigo ya seco y maduro. Spica vuelve a aparecer en el cielo nocturno el ocho de septiembre, coincidiendo con el momento de la sementera. La mente primitiva asoció el ciclo agrícola, del que dependía la fecundidad de las cosechas, con el de la misteriosa estrella Spica, que, de algún modo mágico, regía la alternancia estacional que hace crecer el cereal. Por eso precisamente la llamaron Spica, espiga. Así que en las diversas culturas de la Antigüedad, las piedras sagradas son la representación de la divinidad vinculada a cultos astrales de significado agrícola. La fuerza fecunda de la tierra y de las hembras se personificaba en la Diosa Madre. Cada pueblo, cada religión del Mediterráneo, tuvo una Diosa Madre, representante de la estrella Spica dispensadora de fecundidad. La diosa Madre se asociaba a la estrella, era reina del cielo y madre de los otros dioses que se derivaron de ella. En cada cultura la daban un nombre distinto: la egipcia Isis y Hathor: la india Lacksmi; la Cibeles de Asia Menor; la fenicia Astarté, la cartaginesa Tanit... Rey Sagrado En los tiempos del matriarcado, una mujer a la que denominaremos reina gobernaba la tribu como encarnación de la Diosa Madre, pero, al igual que ella, necesitaba un hombre que la fecundara y asegurase, a través de ella, la fecundidad de la tierra, de la que dependía la supervivencia de la tribu. El cónyuge de la reina era el Rey Sagrado. La ceremonia de su designación simbolizaba la unión del rey Sol con la reina Tierra. El ritual incluía el asesinato ficticio del rey durante la ceremonia del baño. Tenía que morir como miembro de la tribu o clan al que había pertenecido para resucitar como miembro de la tribu o clan de la reina. Como se sabe, el baño es imagen de muerte y renovación. Esto fue copiado también por el bautismo cristiano. En los tiempos más remotos, se sacrificaba al rey en cuanto la reina quedaba embarazada. La preñez de la reina, y por lo tanto de la Diosa Madre, era la imagen de la Creación del cosmos y el cosmos solo se crea por el sacrificio o autosacrificio de un dios. El rito exigía el sacrificio del rey al final de cada Ano Sagrado, pero como la idea de morir no entusiasmaba al monarca, con el tiempo se consiguió que un sustituto, a menudo un niño, ocupase su lugar, o que su castracción o cojera simbolizasen su muerte. Finalmente, se humanizó aún más la ceremonia y la cojera real era solamente fingida. El Año Sagrado no debe entenderse como un año de 365 días, sino como Gran Año, o período en el que el año solar y el año lunar del solsticio de invierno se sincronizan y coinciden, lo que sucede cada diecinueve años. Así lo describían: El Rey-Sagrado era azotado y acariciado para que su sangre y su esperma fertilizase la madre tierra. Después era castrado y decapitado, asándose su carne para ser consumida por sus familiares o su clan sacramentalmente en un banquete ritual. A partir de un cierto momento del desarrollo de estos pueblos los Reyes sagrados habían alcanzado el suficiente poder para evitar el sacrificio al menos durante ocho años seguidos. No obstante, a fin de no renunciar a estos ritos sobre la fertilidad y por tanto sobre la prosperidad económica de sus pueblos, sustituyeron su propio sacrificio por el de un Rey sustitutorio a quien se le hacia reinar durante el día del sacrificio. El rey sustituto, al final del día de reinado, se sacrificaba ritualmente y el verdadero Rey volvía a reinar otro año, así hasta que otro desgraciado era investido como Rey por un día y se repetía la historia. Finalmente se sustituyó por el sacrificio de algún animal. El calendario sagrado fijaba la duración del Rey Sagrado, en un Año Sagrado, un periodo de 19 años, que transcurre hasta la concurrencia de los tiempos solares y lunares. Dura exactamente 19 revoluciones del sol y 235 lunaciones, lo que, en términos de nuestro calendario, equivale a 19 años, dos meses y cuatro minutos. Se trata del año que los astrónomos denominas metónico, porque fue divulgado por Metón en el año -433. Diosa Madre versus Rey del Trueno Hace cuatro mil años ocurrió uno de esos cataclismos que alteran el rumbo de la historia. Una serie de tribus indoeuropeas procedentes del Asia Central irrumpieron en el Mediterráneo y Oriente Medio. Los arqueólogos españoles los denominan pueblos del Vaso Campaniforme. Esta vez no eran agricultores, sino ganaderos que practicaban la trashumancia y habitaban en chozas. Los machos, toros y moruecos, encabezaban sus rebaños, marcando la dirección y el ritmo de la caminata, mientras las hembras vacas y ovejas, los seguían sumisas. Estos pueblos se gobernaban por un sistema patriarcal basado en el predominio del principio masculino y solar. Los recién llegados derrotaron a los pueblos autóctonos, agrícolas y matriarcales, antes de convivir y fusionarse con ellos. Entre el Dios del Trueno de los pastores y la Diosa Madre de los pueblos sometidos se estableció una rivalidad que todavía perdura en las invisibles raíces de nuestra sangre. Esta dicotomía solar-luna no podía durar eternamente. El anhelo natural del hombre era conciliar los dos principios, abolir dualismos, trascender su condición humana para reintegrarse en la unidad primordial. Esa fue la gran obra de la sabiduría de Salomón que los templarios intentaron rescatar dos mil años mas tarde. Los griegos adoptaron una religión ecléctica, capaz de satisfacer a las dos partes. En adelante, compartirían el poder el principio solar, patriarcal (el Dios Trueno, Zeus), y el principio lunar, matriarcal (la Reina del Cielo, Hera). Zeus y Hera se casan, y todos los dioses menores serán sus hijos. Betilo Los betilos o piedras sagradas, son las imágenes anicónicas que representaron a los dioses antes de que los devotos los imaginaran como personas o animales. El betilo puede adoptar forma esférica o de columna redonda o cuadrada. Se supone que los betilos son una herencia oriental, semita, llegada a España con los fenicios, pero nada nos desautoriza a pensar que los indígenas no veneraran ya sus propios betilos, antes de que llegaran los fenicios. Menhir Hubo un tiempo en que el hombre entendía la naturaleza y colaboraba con ella. Aquel hombre primitivo, con una inteligencia y una capacidad craneal todavía limitadas, conservaba aún la facultad de percibir ciertas vibraciones de la naturaleza, de la tierra y del cielo. Porque la tierra no es un soporte inerte. Por el contrario, está dotada de vida, es la matriz y el origen de la vida de las criaturas que sustenta, incluido el hombre. Las vibraciones de la tierra son especialmente intensas en determinados lugares recorridos por corrientes telúricas. El menhir es piedra de religión. Está situado en un lugar donde la corriente telúrica ejerce en el hombre una acción espiritual; está situado en un lugar donde aliente el espíritu. Los que levantaban megalitos practicaban una especie de acupuntura terrestre. Valdeande En Valdeande, por su situación geográfica, son varios los puntos arqueológicos de interés. Hay abundantes corrientes subterráneas, debido a la placa caliza que hay a unos 60 metros de profundidad. Hay lugares sagrados, como el Pico el Mortero y lugares históricos como Ciella. Cerca del monte, por el despoblado de Valdeterradillos, lo poblaban los ganaderos, pero por Santa Centola, lo poblaban los agricultores. Muchas son las fuentes de agua. Todo esto hace que se hallan encontrado piedras en el campo que bien podrían ser a quien adoraban de nuestros antepasados. Con la llegada de la cristiandad, la Diosa Madre, fue convertida en la Virgen María, y el Rey Sagrado, en Cristo. Destacándose el hecho de que los templarios fueron buscando antiguos lugares de culto, y ahí solían poner una virgen negra, y muy a menudo sobre la misma piedra sagrada a la que adoraban los hombres prehistóricos. Ellos eran conocedores de los ritos de la Diosa Madre, y dejaron constancia de ello en sus marcas de cantero. Evolución Y luego llegó el cristianismo. En principio, parece casi seguro que la consideración y aceptación por la Iglesia del protagonismo mariano fue evolucionando progresivamente desde el siglo II hasta el V (Concilio de Efeso) , pero no puede afirmarse con seguridad que se difundiera entre la gran masa de fieles y, menos aún, que fuese objeto de un culto generalizado. Por otra parte, conviene recordar que la liturgia católica fue sustituyendo muy lentamente a los primitivos cultos precristianos, los cuales tardaron varios siglos en olvidarse. Se ha visto que el estudio de las festividades dedicadas a María aporta algunos datos: En la Iglesia oriental solo se tiene noticia de una fiesta anterior al siglo V - la "Conmemoración de Santa María" - y, a principios del siglo VI, la del "Tránsito de la Virgen". Sorprendentemente, en la Iglesia romana no se conocen fiestas marianas hasta el siglo VII, lo qué induce a pensar que la evolución fue bastante más lenta. La eclosión de la mariología fue en los siglos XII y XIII. La Virgen románica que conocemos es una imagen cristianizada y tardía, importada de bizancio. Si suplanta a la antigua Diosa Madre, cabría esperar que perdurase en ella alguno de los rasgos propiciadores de fecundidad de las antiguas representaciones de la Diosa Madre. Entre la Antigüedad y la Baja Edad Media, en el espacio de ese milenio, ¿hubo imágenes que representen el eslabón perdido?. Las hubo, pero el clero cristiano las consideraba tan irreverentes y provocativas que prefería ocultar sus cuerpos detrás de veladuras, vestidos y adornos. Por eso se tapan tanto las imágenes actuales, que al fin y al cabo son tallas vestidas y tardías, lo que explica precisamente que se salvaran de la quema. La quema, no es una frase hecha. Existieron imágenes primitivas de la Diosa Madre, asimiladas a la Virgen María, que el propio clero destruyó. Una resolución del Sínodo diocesano de 1624, presidido por el cardenal-obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval, dispone: que no se hagan imágenes de barro o cartón (se refiere evidentemente a los exvotos populares que los fieles llevaban a los antiguos santuarios) y que se entierren o consuman dentro de la iglesia o en otra mejor forma las imágenes viejas y deformes que más provocan a risa que a devoción. En 1624 las condenaron al fuego. Sólo se salvaron aquellas tallas modernas que satisfacían la estética oficial de la iglesia. Y de éstas también es de lamentar que casi ninguna sobreviviera a 1936, cuando hubo una segunda quema. (Valdeandemagico en busca de la Diosa Madre, el gran tesoro prehistórico de Valdeande.) Valdeande Mágico 20-10-2006 Nota: prácticamente toda la información, está sacada de los libros de Juan Eslava Galán.





Diosa Madre
Hace unos doce mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman "revolución neolítica" o "revolución agrícola". 

 Hasta entonces el hombre había vivido de los frutos, semillas, raíces que recolectaba, o de lo que cazaba o pescaba. Cuando los alimentos comenzaban a escasear, la horda se trasladaba a otra región menos explotada. Había mucho espacio, la naturaleza era virgen y la tierra estaba poco poblada.
Aquellos hombres eran simples depredadores. Pero, de pronto, la invención de la agricultura alteró profundamente la vida y el destino de la humanidad. De ser depredador de la naturaleza, el hombre se convierte en su colaborador. El vagabundo recolector abandona su vida errante, echa raíces en su territorio que considera suyo y se convierte en productor.
Es un cambio que acarrea muchos cambios. El hombre tiene que inventarse el concepto tiempo. Tiene que pensar en el futuro, labrar y sembrar hoy para recoger mañana. Estos cambios implicaron una revolución en el pensamiento. El hombre toma conciencia de los ritmos superiores que rigen el cosmos.
También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres, de la recolección. La aparición de la agricultura, que potencia la tradicional tarea de la mujer, acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora para a un primer plano. Se instituye el matriarcado.
Cuando aumentó la población, la vida de los primeros agricultores se tornó más difícil. La obsesión por asegurar la fecundidad de la tierra y de los animales, de la que dependía la supervivencia de la comunidad, se concretó en unas practicas mágicas centradas en torno a la estrella Spica y a la luna.
El hombre primitivo observó que la estrella Spica, la principal de la constelación que hoy llamamos de Virgo, desaparece en el horizonte del cielo nocturno el quince de agosto, lo que coincide con el agostamiento de la vegetación. Era el tiempo de recoger el trigo ya seco y maduro. Spica vuelve a aparecer en el cielo nocturno el ocho de septiembre, coincidiendo con el momento de la sementera. La mente primitiva asoció el ciclo agrícola, del que dependía la fecundidad de las cosechas, con el de la misteriosa estrella Spica, que, de algún modo mágico, regía la alternancia estacional que hace crecer el cereal. Por eso precisamente la llamaron Spica, espiga.
Así que en las diversas culturas de la Antigüedad, las piedras sagradas son la representación de la divinidad vinculada a cultos astrales de significado agrícola. La fuerza fecunda de la tierra y de las hembras se personificaba en la Diosa Madre.
Cada pueblo, cada religión del Mediterráneo, tuvo una Diosa Madre, representante de la estrella Spica dispensadora de fecundidad. La diosa Madre se asociaba a la estrella, era reina del cielo y madre de los otros dioses que se derivaron de ella. En cada cultura la daban un nombre distinto: la egipcia Isis y Hathor: la india Lacksmi; la Cibeles de Asia Menor; la fenicia Astarté, la cartaginesa Tanit...

Rey Sagrado
En los tiempos del matriarcado, una mujer a la que denominaremos reina gobernaba la tribu como encarnación de la Diosa Madre, pero, al igual que ella, necesitaba un hombre que la fecundara y asegurase, a través de ella, la fecundidad de la tierra, de la que dependía la supervivencia de la tribu. El cónyuge de la reina era el Rey Sagrado. La ceremonia de su designación simbolizaba la unión del rey Sol con la reina Tierra. El ritual incluía el asesinato ficticio del rey durante la ceremonia del baño. Tenía que morir como miembro de la tribu o clan al que había pertenecido para resucitar como miembro de la tribu o clan de la reina. Como se sabe, el baño es imagen de muerte y renovación. Esto fue copiado también por el bautismo cristiano.
En los tiempos más remotos, se sacrificaba al rey en cuanto la reina quedaba embarazada. La preñez de la reina, y por lo tanto de la Diosa Madre, era la imagen de la Creación del cosmos y el cosmos solo se crea por el sacrificio o autosacrificio de un dios.
El rito exigía el sacrificio del rey al final de cada Ano Sagrado, pero como la idea de morir no entusiasmaba al monarca, con el tiempo se consiguió que un sustituto, a menudo un niño, ocupase su lugar, o que su castracción o cojera simbolizasen su muerte. Finalmente, se humanizó aún más la ceremonia y la cojera real era solamente fingida. El Año Sagrado no debe entenderse como un año de 365 días, sino como Gran Año, o período en el que el año solar y el año lunar del solsticio de invierno se sincronizan y coinciden, lo que sucede cada diecinueve años.
Así lo describían:
El Rey-Sagrado era azotado y acariciado para que su sangre y su esperma fertilizase la madre tierra. Después era castrado y decapitado, asándose su carne para ser consumida por sus familiares o su clan sacramentalmente en un banquete ritual. A partir de un cierto momento del desarrollo de estos pueblos los Reyes sagrados habían alcanzado el suficiente poder para evitar el sacrificio al menos durante ocho años seguidos. No obstante, a fin de no renunciar a estos ritos sobre la fertilidad y por tanto sobre la prosperidad económica de sus pueblos, sustituyeron su propio sacrificio por el de un Rey sustitutorio a quien se le hacia reinar durante el día del sacrificio.
El rey sustituto, al final del día de reinado, se sacrificaba ritualmente y el verdadero Rey volvía a reinar otro año, así hasta que otro desgraciado era investido como Rey por un día y se repetía la historia. Finalmente se sustituyó por el sacrificio de algún animal.
El calendario sagrado fijaba la duración del Rey Sagrado, en un Año Sagrado, un periodo de 19 años, que transcurre hasta la concurrencia de los tiempos solares y lunares. Dura exactamente 19 revoluciones del sol y 235 lunaciones, lo que, en términos de nuestro calendario, equivale a 19 años, dos meses y cuatro minutos. Se trata del año que los astrónomos denominas metónico, porque fue divulgado por Metón en el año -433.

Diosa Madre versus Rey del Trueno
Hace cuatro mil años ocurrió uno de esos cataclismos que alteran el rumbo de la historia. Una serie de tribus indoeuropeas procedentes del Asia Central irrumpieron en el Mediterráneo y Oriente Medio. Los arqueólogos españoles los denominan pueblos del Vaso Campaniforme. Esta vez no eran agricultores, sino ganaderos que practicaban la trashumancia y habitaban en chozas. Los machos, toros y moruecos, encabezaban sus rebaños, marcando la dirección y el ritmo de la caminata, mientras las hembras vacas y ovejas, los seguían sumisas. Estos pueblos se gobernaban por un sistema patriarcal basado en el predominio del principio masculino y solar.
Los recién llegados derrotaron a los pueblos autóctonos, agrícolas y matriarcales, antes de convivir y fusionarse con ellos. Entre el Dios del Trueno de los pastores y la Diosa Madre de los pueblos sometidos se estableció una rivalidad que todavía perdura en las invisibles raíces de nuestra sangre.
Esta dicotomía solar-luna no podía durar eternamente. El anhelo natural del hombre era conciliar los dos principios, abolir dualismos, trascender su condición humana para reintegrarse en la unidad primordial. Esa fue la gran obra de la sabiduría de Salomón que los templarios intentaron rescatar dos mil años mas tarde. Los griegos adoptaron una religión ecléctica, capaz de satisfacer a las dos partes. En adelante, compartirían el poder el principio solar, patriarcal (el Dios Trueno, Zeus), y el principio lunar, matriarcal (la Reina del Cielo, Hera). Zeus y Hera se casan, y todos los dioses menores serán sus hijos.

Betilo
Los betilos o piedras sagradas, son las imágenes anicónicas que representaron a los dioses antes de que los devotos los imaginaran como personas o animales. El betilo puede adoptar forma esférica o de columna redonda o cuadrada. Se supone que los betilos son una herencia oriental, semita, llegada a España con los fenicios, pero nada nos desautoriza a pensar que los indígenas no veneraran ya sus propios betilos, antes de que llegaran los fenicios.

Menhir
Hubo un tiempo en que el hombre entendía la naturaleza y colaboraba con ella. Aquel hombre primitivo, con una inteligencia y una capacidad craneal todavía limitadas, conservaba aún la facultad de percibir ciertas vibraciones de la naturaleza, de la tierra y del cielo. Porque la tierra no es un soporte inerte. Por el contrario, está dotada de vida, es la matriz y el origen de la vida de las criaturas que sustenta, incluido el hombre. Las vibraciones de la tierra son especialmente intensas en determinados lugares recorridos por corrientes telúricas.
El menhir es piedra de religión. Está situado en un lugar donde la corriente telúrica ejerce en el hombre una acción espiritual; está situado en un lugar donde aliente el espíritu. Los que levantaban megalitos practicaban una especie de acupuntura terrestre.

Valdeande
En Valdeande, por su situación geográfica, son varios los puntos arqueológicos de interés. Hay abundantes corrientes subterráneas, debido a la placa caliza que hay a unos 60 metros de profundidad. Hay lugares sagrados, como el Pico el Mortero y lugares históricos como Ciella. Cerca del monte, por el despoblado de Valdeterradillos, lo poblaban los ganaderos, pero por Santa Centola, lo poblaban los agricultores. Muchas son las fuentes de agua.
Todo esto hace que se hallan encontrado piedras en el campo que bien podrían ser a quien adoraban de nuestros antepasados.
Con la llegada de la cristiandad, la Diosa Madre, fue convertida en la Virgen María, y el Rey Sagrado, en Cristo. Destacándose el hecho de que los templarios fueron buscando antiguos lugares de culto, y ahí solían poner una virgen negra, y muy a menudo sobre la misma piedra sagrada a la que adoraban los hombres prehistóricos. Ellos eran conocedores de los ritos de la Diosa Madre, y dejaron constancia de ello en sus marcas de cantero.
Evolución
Y luego llegó el cristianismo. En principio, parece casi seguro que la consideración y aceptación por la Iglesia del protagonismo mariano fue evolucionando progresivamente desde el siglo II hasta el V (Concilio de Efeso) , pero no puede afirmarse con seguridad que se difundiera entre la gran masa de fieles y, menos aún, que fuese objeto de un culto generalizado. Por otra parte, conviene recordar que la liturgia católica fue sustituyendo muy lentamente a los primitivos cultos precristianos, los cuales tardaron varios siglos en olvidarse.

Se ha visto que el estudio de las festividades dedicadas a María aporta algunos datos: En la Iglesia oriental solo se tiene noticia de una fiesta anterior al siglo V - la "Conmemoración de Santa María" - y, a principios del siglo VI, la del "Tránsito de la Virgen". Sorprendentemente, en la Iglesia romana no se conocen  fiestas marianas hasta el siglo VII, lo qué induce a pensar que la evolución fue bastante más lenta.  
La eclosión de la mariología fue en los siglos XII y XIII. La Virgen románica que conocemos es una imagen cristianizada y tardía, importada de bizancio. Si suplanta a la antigua Diosa Madre, cabría esperar que perdurase en ella alguno de los rasgos propiciadores de fecundidad de las antiguas representaciones de la Diosa Madre. Entre la Antigüedad y la Baja Edad Media, en el espacio de ese milenio, ¿hubo imágenes que representen el eslabón perdido?. Las hubo, pero el clero cristiano las consideraba tan irreverentes y provocativas que prefería ocultar sus cuerpos detrás de veladuras, vestidos y adornos. Por eso se tapan tanto las imágenes actuales, que al fin y al cabo son tallas vestidas y tardías, lo que explica precisamente que se salvaran de la quema.
La quema, no es una frase hecha. Existieron imágenes primitivas de la Diosa Madre, asimiladas a la Virgen María, que el propio clero destruyó. Una resolución del Sínodo diocesano de 1624, presidido por el cardenal-obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval, dispone: que no se hagan imágenes de barro o cartón (se refiere evidentemente a los exvotos populares que los fieles llevaban a los antiguos santuarios) y que se entierren o consuman dentro de la iglesia o en otra mejor forma las imágenes viejas y deformes que más provocan a risa que a devoción.
En 1624 las condenaron al fuego. Sólo se salvaron aquellas tallas modernas que satisfacían la estética oficial de la iglesia. Y de éstas también es de lamentar que casi ninguna sobreviviera a 1936, cuando hubo una segunda quema.
(Valdeandemagico en busca de la Diosa Madre, el gran tesoro prehistórico de Valdeande.)
Valdeande Mágico 20-10-2006
Nota: prácticamente toda la información, está sacada de los libros de Juan Eslava Galán.

martes, 3 de noviembre de 2015

Las Diosas Célticas Navia y Deva




El agua desempeña un papel importante entre los celtas. El culto a las aguas estaba muy extendido por toda la céltica y todos los ríos, o casi todos, tenían una divinidad asociada, normalmente femenina. Los teónimos panceltas son frecuentemente de carácter acuático.


LA DIOSA NAVIA
La diosa Navia es un diosa precéltica de origen indoeuropeo muy popular en territorios galaicos, era diosa de las aguas y manantiales. Se discute su origen y pertenencia a algún grupo étnico (cultura campaniforme, cultura de los campos de urnas o cultura de La Tène).

En sánscrito navya significa corriente de agua. Se han encontrado ofrendas de espadas en su honor en los cauces de los ríos europeos. Se desconocen más datos de su figura, procedencia, a qué grupo de dioses pertenecía, tipo de rituales o ciclo de mitos asociado a ella. De género femenino, se la suele considerar una diosa de la fecundidad. Trátase, pues, de una divinidad acuática, que debía de ser de carácter general, puesto que se la encuentra en una área geográfica bastante extensa.


A Navia se levantan una veintena de inscripciones que se concentran en el Conventus Bracarensis y en la provincia de Cáceres. Es la divinidad femenina más importante del santuario portugués de Marecos (Oporto). Parece tener también una función tutelar. Su nombre se encuentra por todo el noroeste de la Península Ibérica con el nombre de Nauia (al norte del Miño) o su variante Nabia (en el sur) con una veintena de epígrafes documentando su culto en un área que incluye a Galaicos, Lusitanos y Astures.Puede traducirse Navia como “la Barquera”. El mito de la Barquera aparece en los arcaicos pasajes del segundo ciclo de la epopeya heroica irlandesa en los que se describe a una bella mujer que en el mito céltico desempeña el papel de mensajera de la Muerte y psicopompa conductora de las almas de los jóvenes a la morada de los difuntos, cual moura o lavandeira de ciertas leyendas.

El mito se repite en el viaje del rey Arturo hacia su destino final en Ávalon, y aún sobrevive en el norte en advocaciones a la Virgen de la Barca (Mugía) o Vírgen de Covadonga (Cangas de Onís) ambas festividades del 8 de septiembre. En la Villa Asturiana de Navia, celebran sus fiestas por La Virgen de la Barca el 15 de Agosto.

LA DIOSA DEVA

La diosa Deva Literalmente “diosa”, de acuerdo con un desarrollo vocálico céltico y cuya existencia aparece constatada en hidrónimos afluentes del río Miño, ha de considerarse un apelativo genérico de la anterior diosa Navia, sobretodo si tenemos en cuenta que Deva es también el nombre del arroyo que forma el famoso salto de la Vírgen de Covadonga (Cangas de Onís).
En la cultura celta, la diosa Deva es adorada por encima de otras deidades por que de ella emanaba la vida, la purificación y la salud y el amor.

Cuenta la leyenda que el agua del mar era dulce hasta que Deva se enamoro de un humano. Su amor duro solo una noche y Deva volvió al fondo del mar para cumplir con su deber, pero volvió inundada de tristeza y sus ojos no han dejado de llorar desde entonces y dicen que el agua del mar es desde entonces salina, por las lagrimas de su Diosa.
En la Cueva de Praileaitz, situada en Sasiola al borde de una cantera en activo que amenaza con destruirla, se han hallado en ella una serie de pinturas simbólicas, puntos y rayas rojas, que se han datado, provisionalmente, como del periodo Solutrense. También se han encontrado 29 collares de carácter ritual, uno de ellos hecho con figuras femeninas del estilo de las venus centroeuropeas, estos colgantes están datados en el Magdaleniense. La ausencia de otros restos, como restos de talla o fauna hace suponer que la cavidad fue habitada en la época Magdaleniense por un solo individuo que sería un chamán y que se utilizaría para la realización de actos rituales de carácter espiritual. La cueva ha sido habitada en un largo período de tiempo, antes y después de haberla usado como sitio ritual. La relevancia de los hallazgos hacen que la importancia del yacimiento sea internacional. En los municipios de Deva y Motrico existen colectivos ciudadanos que trabajan para la protección del patrimonio rupestre de esta cueva y que han denunciado sistemáticamente todos los incumplimientos detectados.
En el santuario rupestre de la Cueva de la Griega (Pedraza) aparece una inscripción consagrada a DEVA por un tal Corne(lius): DEVAE CORNE(LIVS/A). La toponimia con el contenido deva es muy común; y más si tenemos en cuenta su asociación con manantiales y ríos desde antiguo. Además del famoso Deva cántabro y vasco hay también en Galicia, así como montes y localidades (Pontedeva) con idénticas raíces. El topónimo se mantuvo en el norte debido al mayor sustrato primitivo de pueblos celtizados, que no celtas. Deva se cree proviene de una divinidad preceltica asociada con el culto al agua.

Deva es un término que se rastrea fácilmente en numerosos idiomas de origen indoeuropeo. La palabra deva significa en sánscrito dios, deidad. Se considera que deriva a su vez de una palabra proto-indoeuropea, deiwos, utilizada para designar dioses; las propias palabras dios o Zeus, derivarían de dicha palabra original. Juan Carlos Cabria, investigador de mitos y leyendas de Cantabria, expone los siguientes ejemplos: céltico Deva; antiguo irlandés Dia; antiguo galés Duiu; latín Deus; sánscrito Deva-h; vasco Debai (sagrado). Sobre la veneración de que eran objeto los ríos, Cabria menciona el hallazgo de un inscripción romana dedicada a ‘Matri Dev(ae)’ es decir, a la madre Deva.
La toponimia con el contenido deva es muy común; y más si tenemos en cuenta su asociación con manantiales y ríos desde antiguo. El nombre de Deva es común en muchas localidades asturianas Además del famoso Deva cántabro y vasco hay también en Galicia, así como montes y localidades (Pontedeva) con idénticas raíces.
Por ese hecho, y por estar el topónimo relacionado casi siempre con ríos en España, se ha solido relacionar Deva con el nombre de una hipotética diosa o numen celta de los ríos.
  • El río Deva, en el límite entre Cantabria y el Principado de Asturias y denominado por los cántabros en honor de la diosa Mater Deva.
  • El río Deva, en el límite entre Vizcaya y Guipúzcoa.
  • Dos afluentes del Miño llamados Deva, uno por la derecha el río Deva en la provincia de Pontevedra y otro por la izquierda el río Deva en la provincia de Orense.
  • Río Deva afluente del Gueña por su margen izquierda en el concejo de Cangas de Onís, nace en Covadonga, a los pies de la cueva del mismo nombre.
  • Un afluente del Guadalaviar por su margen derecha en Aragón, lindando en algún tramo de su recorrido con Valencia y dando su nombre a la población principal por la que pasa, Riodeva (Teruel).
  • Isla de la Deva y Playón de Bayas, en el mar Cantábrico.
Tomado:


FUENTES:

lunes, 2 de noviembre de 2015

Mitos de la Antigua Iberia




Toda mi vida me he guiado por una ley, una ley elemental: honra a los dioses, ama a tu mujer y defiende a tu patria.
(Héctor de Troya, David Benioff)

 Este artículo es un recopilatorio de reseñas que fui publicando en Facebook, de extensión muy variada, sobre todo sobre dioses, pero también héroes, monstruos, seres fantásticos y hechos mitológicos, en los cuales creían los habitantes de la antigua Iberia y sus islas (comencé anunciándolas como “hojas parroquiales” en broma, hasta que me percaté de podían contener cierta “calidad”). Se centra en los dos primeros milenios a.C., es decir edades del bronce y el hierro hasta las guerras púnicas y posterior conquista romana; aunque es imposible no hundirse en las raíces neolíticas de algunas de estas creencias, del mismo modo que la mayoría de ellas pervivieron durante la Hispania romana y hasta la supremacía del cristianismo.
No están todos los que son, especialmente los importados por Roma o Cartago, posteriores a mi época objetivo, pero creo que sí son todos los que están. Los hay de muy diversa naturaleza y predominantes en las distintas áreas de Iberia (“ibérica” o “céltica”), así como de distinto origen (autóctono neolítico, indoeuropeo céltico, indoeuropeo micénico, semítico, etc.).
El orden de exposición no es temático, geográfico o de alguna manera cronológico, sino que he preferido hacerlo exactamente en el orden en que fueron apareciendo mis reseñas, lo que pienso que otorga más variedad y amenidad a la lectura al artículo. Esto no es un diccionario de mitología ibérica.
Comprobaran, que la naturaleza y origen de estos dioses, héroes y seres fantásticos, son plurales y diversos a más no poder, como lo somos los actuales naturales de Iberia y sus islas, donde es frecuente encontrar personas que pasaríamos desapercibidas en El Magreb, el Levante Mediterráneo, Centroeuropa, las Islas Británicas, o por supuesto, más comúnmente, en las vecinas antigua Galia, Península Itálica e islas del Tirreno. Por ello somos tan guapos, chulos y encima, buena gente, como nuestros antiguos dioses.
Sin más preámbulo inicio este viaje con los dioses de la antigua Iberia, espero que os resulte interesante.

Epona

La Diosa caballo, o el “Caballo Divino”. Venerada en todo el mundo céltico. Contaba con devotos en la caballería del ejército romano. Vinculada al agua, la fertilidad y la muerte, es una diosa madre.
Diosa de los Caballos: Adorado(a) en Andalucía. Reinaba en el mundo de los difuntos y estaba asociado(a) a los caballos. Ente los íberos aparecían los caballos en muchos monumentos funerarios. El caballo tenía un papel primordial en los procesos célticos de heroización. Aparece en las tumbas principescas.

 

Adorada en Tartessos y en el área ibérica mediterránea. Con raíces en el neolítico, figuraba entre las divinidades principales, gran diosa de la vida y de la muerte y de la fecundidad, señora de los animales y las plantas, polifacética y omnipresente.
Venerada también según múltiples hipóstasis egipcias, fenicias o griegas. Era para los fenicios Astarté y Tanit, Deméter o Ártemis para los griegos, divinidad de los espacios salvajes, que daba consejo a los elegidos a través de una cierva blanca. Podía traducir, en estos casos, la concepción de una diosa local más antigua.
Aparece en ambientes funerarios, uno de sus dominios más propios, ejerciendo de diosa de la inmortalidad, poder sobrenatural sobre la vida y la muerte y garante de la esperanza de sus seguidores de pasar con su protección del reino de la una a la otra; del triunfo de la vida allí donde los humanos la pierden. Aparece en las más ocasiones en esta faceta, entronizada en cajas para recoger los restos de una cremación, o en figuras de mayor porte, coronando tumbas tumulares, en actitud de recibir maternalmente en el más allá a los fallecidos.
También aparece asociada a animales y plantas que simbolizan su carácter de diosa nutricia, señora de los animales –Potnia Therón en griego-; a veces asociada a animales acuáticos, como divinidad universal y señora de cualquier medio, sujetando dos airosos patos. Como expresión de su gobierno en la tierra y en el cielo, aparece alada y asociada a un disco radiado de significado solar o astral. Unida a la tierra y a la vegetación, pero también al cielo y al mundo astral, el que rige los días y las noches, las estaciones, la alternancia del calor, la luz y la vida, y del frío, la oscuridad y la muerte. Disponía de animales servidores.
Resulta familiar entre los íberos, una o múltiple, sedente en un trono con respaldo alado, con un pichón en la mano izquierda. En el mundo tartésico desnuda y en posición frontal, con tres pares de alas desplegadas, sentada con las piernas abiertas –referencia a la maternidad- en una sillita de tijera y entre elementos vegetales, que sujeta con las manos, poblados de pájaros.
GA, GE, GI, MA, DA y TA son diferentes formas con las que estas gentes denominaban a la Madre Tierra, expresión más adecuada en las lenguas tartésica e ibérica.

Tríada dios – Madre Tierra – Señor

Creencia religiosa que se repite (inscripciones siglo VIII a.C. a I d.C.) entre los tartesios, los íberos y entre los llamados celtíberos; especialmente el concepto de Dios, de la Madre Tierra y del Señor: su trinidad. Una tríada muy propia de las numerosas religiones del Mediterráneo y del Oriente Próximo.
Probablemente aquellas gentes que habitaron la Tartéside importaron el monoteísmo a Iberia desde el Oriente Próximo a bordo de sus navíos mercantes como consecuencia de sus contactos comerciales con los israelitas, quienes antiguamente habían vivido en Egipto adorando a El, padre de Bel, culto propagado por los hicsos ( Ezequiel 20.8); y lo sincretizaron con cultos ancestrales a la Diosa Madre creando una peculiar tríada formada por Dios, llamado Aquel, el Señor y la Madre Tierra que se mantendrá entre íberos y celtíberos.
A Dios le llaman de una forma indefinida y el Señor, es su hijo, Baal, un apelativo de connotaciones eminentes (“el señor, el esposo”).

Ataecina

(Ategena).
Diosa particularmente venerada en la Lusitania con dimensión principalmente infernal. Identificada a la griega Perséfone, gran diosa del mundo del Hades, de los infiernos y de la tierra, la de los famosos misterios eleusinos (ritos de iniciación anuales al culto a las diosas agrícolas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis, cerca de Atenas, en la antigua Grecia). De todos los ritos celebrados en la antigüedad éstos eran considerados los de mayor importancia. Estos mitos y misterios se extendieron posteriormente al Imperio Romano. Los ritos, así como las adoraciones y creencias del culto eran guardados en secreto, y los ritos de iniciación unían al adorador con el dios, incluyendo promesas de poder divino y recompensas en la otra vida.
Se asocia a la cabra, como atributo o animal de sacrificio, con cuya figura se hacían exvotos de bronce dedicados a la deidad. Su santuario principal estuvo en la ciudad de Turobriga (Aroche, Huelva). Su culto se extendió por la Beturia céltica y regiones próximas (a la tierras entre el río Anas y el río Betis se las llamaba Beturia, la céltica correspondía a la Sierra Morena más occidental, las cuencas pacenses hasta el río Anas y las penillanuras del Andévalo onubense y del Alentejo portugués hasta el Algarve), en Mérida se tienen numerosos testimonios de la gran devoción que se le profesaba. Tuvo también uno de sus templos importantes en Alcuéscar (entre Cáceres y Mérida), con numerosas inscripciones dedicadas a ella.
Se cree que el nombre de Ataecina puede provenir del celtíbero ate gena, la “renacida”.

Astarté

Una segunda reseña sobre mitología ibérica, que tras haber comenzado por el noroeste y centro de la península, nos sitúa en la costa mediterránea y en el área del estrecho. Pienso que esta deidad era una de las más queridas por nuestros antepasados del primer milenio a.C, y ya la he mencionado anteriormente como “advocación” de La Diosa Madre. Es posible que también os recuerde a alguien muy venerado en Iberia en los dos últimos milenios, lo que para mí no sólo no contradice sino que confirma, pero ese es otro asunto de enorme interés e importancia para mía, que no obstante queda fuera del objetivo de este artículo y es merecedor del suyo propio.
Astarté es la principal diosa fenicia, representada con alas, desnuda y sentada en un asiento sin respaldo flanqueado por esfinges con coronas egipcias. La esfinge era vista por los íberos como portadora sobre sus lomos de las almas de los difuntos al más allá y Astarté la conducía, sujetando la esfinge a la diosa con sus garras.
Es diosa del amor y de la fecundidad. Como reina de los cielos, su representación era la estrella de la mañana y sus principales devotos eran los marinos. En Babilonia era conocida como Ishtar y en Cartago como Tanit.
Fue muy aceptada por los íberos del sur y del levante, con gran abundancia de imágenes suyas en Iberia, incluso en zonas de influencia celta. Era también la Venus Marina (denominación de tiempos romanos), venerada en una isla próxima a Cádiz, donde tenía un templo con una profunda gruta y un oráculo; o la diosa infernal, que disponía de un rico templo, con cueva y oscura cripta, en un cabo hacia la desembocadura del río Iberus (Tinto), donde se sitúa el actual monasterio de Santa María de la Rábida. También era venerada en un santuario en la cueva ibicenca de Es Cuyram.
Sus figuritas se usaban en libaciones rituales, de leche u otro líquido asociado a la fecundidad; en ellas un hueco en la cabeza comunica con agujeros en los senos, bajo ellos la diosa sujeta un recipiente con las manos.

La Luna

Se trata de una rara deidad venerada tanto en la Iberia “ibérica” como en la “céltica”, de hecho quizá la única que cumple esto de manera completa. No obstante y esto es una intuición mía, creo que la forma de adorarla era distinta en un área y otra, ligada con la distinta religiosidad, más individual, intimista y “urbanita” en la ibérica y más colectiva, festiva y “naturalista” en la céltica.
La Luna, conocida como “Noctiluca, la Luz de la Noche” en el área de Málaga y como “Lux Divina” en Andalucía occidental y Extremadura. Frente a las costas de Málaga había una isla consagrada a ella. También existía hacia la desembocadura del Guadalquivir, un santuario dedicado a “Phosphoros” o la “Lux Divina”, identificado con Venus en época romana.
Adorada también en el norte, en la Hispania céltica, era una de las divinidades principales, con gran proyección astral o celeste en la esfera de las creencias funerarias. Su símbolo en las lápidas es una luna creciente. Se celebraban en su honor fiestas nocturnas en las noches de plenilunio, en que las familias enteras danzaban hasta el amanecer a las puertas de sus casas, donde se le hacían sacrificios. Se la consideraba la morada de los difuntos (luz de los muertos) y protectora sobrenatural y del ciclo lunar de las mujeres, relacionándosela con la fecundidad.
Los celtíberos adoraban por su parte a una divinidad cuyo nombre era tabú, asociada a la Luna. El culto estaba relacionado con el hecho de que estas sociedades eran matriarcales y ganaderas. En las estelas de los ambientes célticos adquieren especial desarrollo los signos astrales.

Ninfas

En mi opinión de aficionado a la mitología y la antigüedad en general, las ninfas no serían “deidades” propiamente dichas, sino “seres mágicos”, en concreto una subdivisión del pueblo feérico (hadas, elfos, duendes, sirenas…),  con referencias y variantes muy extendidas por las mitologías de todo el mundo y omnipresentes en el folklore europeo.
Las ninfas son Diosas femeninas de las fuentes, su lugar de culto eran los centros de aguas salutíferas. Eran divinidades de la salud y de la fertilidad femenina.
Conocidas como Matres en la Iberia indoeuropea en época romana, de bien ganado prestigio, con abundancia y amplia distribución de lugares de culto, diosas de la fecundidad de la tierra y de las aguas.
Referencias sobre su origen en la mitología griega:
  • Véase el apartado Hércules – El Jardín de las Hespérides, más arriba: Eran estas unas ninfas de poniente, hijas de La Noche, que las dio a luz sin yacer con nadie; cuidaban las hermosas manzanas de oro y los árboles que las producían…
  • Urano era El Cielo, hijo sin padre de Gea, a la que cubre y rodea por completo. Hogar seguro y eterno para los dioses. Padre, con Gea, de los doce titanes, los tres cíclopes y los tres hecatónquiros. La sangre de su herida engendró gigantes, ninfas y a Las Furias.
  • Tetis: Titán creador, con Océano, de las oceánides o ninfas del mar.
Una reflexión de mi cosecha: No deja de ser curioso, como a partir de la Era Cristiana, al menos en Iberia, las “apariciones” de La Virgen, tienen lugar repetitivamente en lugares apartados, a menudo en las montañas y junto a fuentes de agua (salutíferas).
Pese a lo que he oído a gente que tiene poco cariño a la iglesia católica, afirmando que este culto fue una imposición, en cuanto se informa uno mínimamente sobre el asunto, descubre que al contrario, la iglesia, muy patriarcal en su origen, tuvo que “tragar” con este nuevo fervor religioso, con sospechoso tufo pagano e “indígena”, debido a la abrumadora demanda popular. Al fin y al cabo afirmaban que se les se les aparecía la madre de Jesús… Procuro no confundir la divinidad y la trascendencia, con sus múltiples manifestaciones, cuya diversidad escapa por completo a mi entendimiento, pero no a mi aceptación.

Animales y lugares sagrados

Esta entrada está referida al área “ibérica” y más en concreto, a localizaciones y creencias del cuadrante sur este de la península.
Animales y lugares sagrados, reales o fantásticos, con los que los pueblos ibéricos representaban demonios, poderes y fuerzas, que estaban presentes en todo y poblaban un mundo contemplado con angustia o con temor, situado en la cara no visible del cielo o de la tierra, intuido tras la luz cegadora del sol, en las tinieblas de la noche, en el fondo del mar o en los ambientes apartados del bosque o de la montaña. Era el domino preferido de los dioses, desde donde regían la naturaleza, tanto en lo cotidiano –ciclo renovador de las especies, regularidad de los ríos y de la lluvia, curso de los astros-, como en las manifestaciones contundentes –rayo, tormenta, huracán, terremoto-, avisos del poder de los dioses.
Los animales tenían importancia para la religiosidad ibérica, como acompañantes o atributos de los dioses, o por ser directamente objeto de veneración, como el toro. Las vacas eran sagradas en Iberia, descendientes de las que Hércules había regalado a uno de sus reyes. El toro era símbolo de virtudes fecundantes en las culturas del Mediterráneo; tenía un santuario en Porcuna (Jaén), donde se le representaba con una flor en el testuz.
El caballo tenía un santuario en El Cigarralero (Murcia), aunque más bien estaría dedicado a un dios dominador o protector de los caballos, de suma importancia en la economía y la vida aristocrática.
Los iberos creían que el tránsito a la otra vida podía hacerse a través de las entrañas de un animal como el lobo. Aparece en múltiples representaciones.
Ciertos lugares naturales eran idóneos como puntos de confluencia: las cuevas, una puerta a lo oscuro, al abismo; las montañas, donde más se acercan el cielo y la tierra; todo límite o lugar de paso podía servir de tránsito con otros mundos no perceptibles. En todos ellos proliferan santuarios ibéricos. También eran espacios sagrados las necrópolis, con poderosa carga de significado familiar.
El santuario del Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete), asociado a manantiales y a la veneración de una divinidad salutífera, es la mejor manifestación, en la órbita de la Vía Heraclea, con sus célebres exvotos de estatuas de piedra, de la clase social más alta ibérica. La importancia de los linajes explica el añadido del nombre del dedicante a las esculturas.
El encuentro con la divinidad era privilegio de los poderosos en el área ibérica, que engalanaban las figuras de divinidades, preferentemente femeninas, con joyas y ropas. En el santuario de la Serreta de Alcoy (Alicante) predominan los exvotos de barro. Una paloma es el atributo de la diosa.
Otro gran santuario se halla en el Collado de los Jardines, en el paso de Despeñaperros (Santa Elena, Jaén). Asociado a una cueva y a los acantilados, en él se depositaron miles de pequeños exvotos de bronce, figuritas humanas, animales, miembros, carros o armas. Había ceremonias que exaltaban la virilidad y el ejercicio de la fuerza de los guerreros. La divinidad tenía caracteres salutíferos y fecundantes.
Los iberos eran más propensos a las metáforas que dieran cuenta de conceptos abstractos, que a una narrativa que compusiera una mitología a través de la cual explicar sus concepciones religiosas, como sí hacían los griegos.
En Pozo Moro (Albacete) se recordaba a un héroe fundador que robó a los inmortales el árbol de la fecundidad y lo trajo a los humanos, al estilo de Gilgamesh. Se trataba de algún rey de las primeras etapas del mundo ibérico, enterrado en el monumento.
Su lugar de culto era en un monte cerca de Olisipo (actual Lisboa), donde soplaba un fuerte viento.

Deva

Mi penúltima, pensé, reseña sobre mitología en la antigua Iberia, aunque acabó siendo la última; también perteneciente al área indoeuropea, muy cortita, pero que también ayudará a recordar las manifestaciones de La Divinidad en que creían nuestros antepasados.
Deva es una diosa celta de las aguas fecundadoras, que era adorada en la cordillera cántabra.

Parece por tanto relacionada con las ninfas en esa área ¿Tal vez su reina…?

Epílogo

Este, puede considerarse secuela de mi artículo principal, donde describo la época y el “mundo” de las gentes que creían en toda esta mitología, así como las fuentes publicadas que manejo:
https://jocilesferrer.wordpress.com/2014/11/09/iberia-en-los-tiempos-miticos-bibliografia-y-teoria/.
Donde efecto nombro los tiempos míticos, pero no hablo (casi) de su mitología, pues aquí he enmendado ese aspecto.
Y mis otros artículos, hasta la fecha, donde hablo de aquellas gentes o sus antecesores:
https://jocilesferrer.wordpress.com/2014/01/24/estelas-guerreras-de-la-edad-del-bronce-en-el-arqueologico-de-badajoz/;
https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/03/26/los-pueblos-megaliticos-o-antiguos-europeos/;
https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/05/21/los-primeros-indoeuropeos-e-iberia/;
https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/04/01/emigracion-desde-el-sahara-del-pueblo-protoiberico/;
https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/03/12/la-lengua-meridional-ibero-pirenaica/;
Quiero precisar, que habitualmente utilizo las convenciones y nomenclaturas comúnmente aceptadas “académicamente”, aunque no siempre esté de acuerdo con ellas. Y ello por dos motivos, por un lado, como aficionado y no licenciado, ni siquiera estudiante de algún grado oficial de Historia, Arqueología, Antropología, etc., no me considero en posición de cuestionar consistentemente las mismas; por otro lado, pienso que es lo más sencillo para que el público principal al que va dirigido mi blog y artículos como este, es decir, aficionados como yo, se ubiquen y comprendan fácilmente de qué estoy hablando. En ocasiones ha ocurrido que personas que conocen mucho más que yo estos temas y que manejan con gran esfuerzo hipótesis novedosas y muy valiosas, se han mostrado molestos por mi aparente adhesión a la oficialidad, pues esta aclaración va para ellos. Un ejemplo: Suelo hablar de la Iberia “indoeuropea” o “pre-céltica”, en contraposición a la “propiamente ibérica” o “mediterránea”, porque la inmensa mayoría de la bibliografía y fuentes consultadas, así lo hace, es decir, a la llegada de la edad del hierro, considera que la Iberia interior, occidental y nórdica, forma esencialmente parte de la Europa celta, es decir, típicamente indoeuropea, mientras que la franja mediterránea corresponde a un pueblo distinto, el propiamente “ibérico”, mediterráneo pero de origen incierto, sobre todo lingüísticamente; lo que no quiere decir que yo considere ambas áreas como compartimentos estancos, ni que excluya la posibilidad de que los íberos de la franja mediterránea, fuesen también de cultura indoeuropea u otra no formulada hasta ahora por la “oficialidad”. Esto es sin perjuicio de que yo exponga mis propias ideas, opiniones, hipótesis, interrogantes… Si no los tuviera, no me merecería la pena escribir estos artículos como meros “ejercicios de recopilación”.
Y otra última aclaración, mucho más trascendente que la anterior, algunas personas, interesadas como yo en estos temas, cuando leen estas reseñas mías en los diversos foros, deducen que soy neo pagano, seguidor wicca, anunnaki o algo por el estilo. Nada más lejos de la realidad, yo amo el pasado mítico de mi patria, Iberia y sus islas y por tanto siento especial cariño, por las entidades enumeradas y descritas en este artículo, pero que nadie se engañe, soy cristiano católico de metafísica y de fe (recordad que Tolkien compuso todo un cuerpo mitológico completo, siendo profundamente católico…). A quien interese mi “concepto” básico de la existencia puede consultarlo en:
https://jocilesferrer.wordpress.com/about/.
Mi teoría e hipótesis sobre la posible existencia y realidad de todos estos dioses es demasiado complicada y delirante como para resumirla en unas líneas y sería merecedora de otro artículo, porque ni siquiera yo la tengo muy clara…
Todas las fotos y figuras en este artículo están libremente disponibles en Internet.
Gracias por leerme.
Cuando vienen a mi memoria aquellos años de tribulación, sobre todo me acuerdo de nuestras canciones.
Abandonamos esta vida, derramando nuestra sangre en los campos de batalla; pero nuestras canciones sobrevivieron, junto con aquellos de nosotros que retornaron (al combate diario de la rueda de la vida…).
Y aunque ellos abandonarán esta vida una vez más, nuestras canciones sobrevivirán y serán cantadas por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos.
De esta manera se nos recordará. Esto es lo que éramos: CELT-ÍBEROS.
(Eluveitie, traducción libre)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Febrero, la diosa Brigit y la Candelaria




El mes de febrero era un importante momento de celebración para algunos pueblos de la antigüedad, asentados en territorios que comprendían, entre otros,  Galicia y Celtiberia en España, las Galias y Bretaña en Francia, Irlanda, Cornualles, Escocia, Gales y Gran Bretaña en las Islas Británicas;  pueblos luego conocidos todos ellos como celtas o galos. En el hemisferio norte, Febrero es el momento en el que el sol comienza de nuevo a recuperar su fuerza para calentar la tierra, los días se van haciendo más largos, las semillas germinan en el interior de la tierra y las ovejas están ya en condiciones para la lactancia de los futuros corderos.


Es, en definitiva, el mes en el que despierta la fertilidad en la Naturaleza, preparándose para su explosión en la primavera. Y para hacerlo sagrado había una diosa, la diosa madre por excelencia, la Tierra, bajo la denominación de Brigantia o Brigit. A esta celebración se le la denominó Imbolc o Ambiwolka. Imbolc es, pues, uno de los cuatro principales festivales del calendario celta (precristiano), asociado con el ritual de la fertilidad, que fue adoptado como el día de Santa Brígida en el periodo cristiano, y en tiempos más recientes ha sido celebrado como el festival del fuego, uno de los 8 días festivos (4 solares y 4 lunares) o sabats de las rueda del año neopagano.
Este festival se asocia principalmente, como ya hemos comentado, con la llegada del periodo de lactancia de las ovejas, que se aprestan para dar a luz en primavera. Esto puede variar hasta dos semanas antes o después del comienzo de febrero. El nombre Imbolc, en la lengua irlandesa significa “en el ombligo” (i ‘ mbolg), refiriéndose a la gestación de las ovejas, y es también un término celta para ‘primavera’. Otro nombre es Oimelc, que significa “leche de ovejas”.
Por su parte, la diosa Brigit (en gaélico escocés Brid, en galés Brigitte, en el continente e islas Británicas, Brigantia o Brigantu, en la Galia oriental Brigindu, en Galicia Bríxida), era llamada la Excelsa, o la Alta; protegía a las mujeres jóvenes y a los rebaños, importantísimos para las sociedades ganaderas y transhumantes, y se la simbolizaba con una antorcha encendida. Sea cual sea el nombre con que se la nombre, es sin duda la Gran Diosa Madre de todo el panteón pan-celta, pues su influencia llega a todos los rincones donde haya habido tribus y clanes celtas. Es el poder de la nueva Luna y de la Primavera en la Rueda cíclica de las estaciones.
Quizás en los inicios de las expansiones celtas, fuera otro de los nombres de Dana, madre de todos los Tuatha de Danaan, aunque luego con la invasión espiritual cristiana, se desvirtuó en esta acepción para convertirse en Santa Brígida. Como una de las diosas primigenias de los celtas es hija del Buen Padre, “el Dagda”. Es considerada la suprema deidad de la fertilidad y la inspiración creativa, aunque su veneración llega también a su aspecto guerrero, cuidadora de los nacimientos y de la infancia. Es una triple diosa, aunque no posee nombres diferenciados en sus aspectos, a no ser el que forma con otras deidades en su versión como Dana. Quizá sea la misma Cailleach escocesa o la Cally Berry de los irlandeses, o la Cailleach Bolus de los galeses, o la Cailleach Corca Duibhne de los córnicos, que representa el aspecto envejecido de la Tríada. Entre los celtas de Irlanda era venerada tanto por herreros, a los que protegía con sus encantamientos y artes, como por los sanadores/as a los que asistía, ayudándoles con su protección y flujo divino en los partos. Preside la Herbolaria, conociendo como diosa todas las características que se derivan de este arte. Para los poetas, era su Musa, como “banfhile”, a quienes ofrecía inspiración, abriendo los tenues velos entre los mundos.
En lo que coinciden todas las variantes célticas es que el fuego es su representante, siendo uno de sus principales atributos. El fuego de la hoguera, el fuego del sol o el fuego del interior de la Tierra, una tríada que de nuevo representa, la generación de la vida y como alegoría de la Diosa en su máximo esplendor. El fuego sagrado era una llamada al sol, para que después del período invernal, calentara con fuerza la tierra.
Con la llegada de los monjes cristianos, en las Islas Británicas se identificó a la diosa Brigit con Brígida, e Irlanda la hizo su santa patrona. Las más variadas tradiciones se tejieron en torno de Santa Brígida, que vivió -si realmente fue un personaje histórico- entre el año 450 y el 523. Su propio tío, que dicen llegó a vivir ciento ochenta años, escribió una vida de la santa, a la que, decían, la habían educado los druidas.
Las leyendas que rodean a la que se ha llamado María de Irlanda la relacionan claramente con la diosa Brigit. Por ejemplo, se cuenta que podía ordeñar a la misma vaca cuantas veces lo necesitaba para dar de comer a los hambrientos, y nunca se agotaba la leche de las ubres del animal (se la representa con una vaca a sus pies).  También cuentan que convirtió el agua en cerveza, que multiplicó el tocino para dar de comer a huéspedes inesperados y que desvió el curso de los ríos. Fundó el Monasterio de Kildare, o Cill Dara. En este lugar iniciático ardía permanentemente una antorcha, y estaba al cuidado de diecinueve vírgenes. Los hombres tenían prohibida su entrada, hasta el siglo XIII, cuando la Iglesia Católica terminó con esta situación.  La evidencia del origen pagano de Brígida hizo que el Vaticano dejara como único patrono de Irlanda a San Patricio.
Por otra parte y para los pueblos del norte de Europa, la fiesta de febrero es en honor de las llamadas Disir, espíritus de todas las mujeres antepasadas de cada familia. En la fiesta de Disablot, en las casas se encienden todas las luces y se prenden multitud de velas. Las Disir regresan entonces del mundo de los muertos para proteger a sus familias vivas y asegurar la continuidad de la estirpe.
Pan y Fauno
En la antigua Grecia prosperó el culto de Pan. Este mítico dios de la fertilidad, mitad hombre, mitad macho cabrío, poseía un carácter fiero e impredecible que aterrorizaba a los seres humanos; de ahí el origen de la palabra ‘pánico’. Se creía que Pan cuidaba los rebaños mientras tocaba la flauta; sin embargo, se distraía con facilidad. Amó a muchas ninfas y diosas. En esculturas y en numerosas obras de arte,  se le representa bien como Pan, bien como el romano Fauno o en su personalidad de Sátiro, requiriendo de amores a Afrodita-Venus, diosa del amor, en tanto que Eros-Cupido, dios del amor, revolotea sobre ellos, muy parecido a como lo hace el ‘angelito’ que se pinta en las tarjetas de los enamorados hoy día.
Posteriormente, en Roma se tributó culto a una divinidad análoga llamada Fauno (Sátiro), a quien también se representaba mitad hombre, mitad macho cabrío. En su honor se celebraban las Lupercales, fiestas orgiásticas llevadas a cabo todos los años el 15 de febrero. Durante la celebración, grupos de hombres semidesnudos corrían alrededor de una colina blandiendo látigos de piel de cabra. Las mujeres que deseaban tener hijos se quedaban de pie cerca de la ruta de los corredores para que las flagelaran, pues creían que así se tornarían fecundas. Entre otros ritos,  los jóvenes ‘luperci’, vestidos  con pieles de cabra, bailaban y azotaban también con palos la tierra y la vegetación, en medio de desfiles de antorchas, rituales por los que aseguraban la fertilización de la naturaleza. Esto lo hacían dos semanas después del uno de febrero, en las Calendas, cuando la diosa Juno ataviada con cuernos de cabra, escudo y lanza, recibía de manos de las vírgenes panes de centeno. Era el tiempo de la purificación que anunciaba los ritos de la fertilidad de las Lupercalia. (Véase el artículo que dedicamos a las Lupercalias, origen primitivo de la celebración de San Valentín).
La Candelaria
Como ya sucedió en otros muchos casos, el carácter profano de estas fechas fue asumido (sustituido, diríamos mejor) sin reparo alguno por la Iglesia Católica, que lo ‘sacratizó’. En la actualidad y en los primeros días de febrero, se celebra la fiesta de la Purificación de la Virgen, justo cuarenta días después del nacimiento de Cristo en el solsticio invernal. Es también una fiesta en la que la luz tiene su protagonismo y por ello, la Iglesia se apresuró a dedicarla a la Virgen en su advocación de la Candelaria. Durante la Edad Media, las gentes hacían en esos días procesiones por los caminos y campos con los cirios encendidos y previamente bendecidos en las iglesias, que adquirían poder sagrado contra el demonio y las brujas. Esta vieja costumbre, condenada en Inglaterra durante la reforma luterana, permaneció durante mucho tiempo, y las procesiones y bendiciones de las velas o candelas siguen haciéndose hoy día dentro de las iglesias.
La Candelaria es la fiesta religiosa católica que sustituyó a las Lupercalias paganas. Es una de las fiestas a la Virgen que goza de mayor veneración no sólo en toda España, sino también en muchos países de Centroamérica y Sudamérica. El nombre viene de vela o candela. Como ya se ha indicado, el 2 de febrero es la festividad de la Purificación de María. En ella se celebra la recuperación de la Virgen después del parto.
Hasta no hace mucho tiempo, las mujeres, después del parto, debían esperar seis semanas antes de volver a asistir a misa o pisar una iglesia, ya que se consideraba estaban impuras. María dio a luz el 24 de diciembre; así que hasta el día 2 de febrero no recuperó su pureza virginal. Esta festividad fue instituida en el siglo V después de Cristo para que los cristianos olvidasen la Lupercalia o Fiesta de Pan, celebrada por los romanos en esas mismas fechas. Ciertamente, no lo lograron del todo, porque la diversión y los excesos que acompañaban la adoración de Pan sobrevivieron en la celebración de los Carnavales.
En relación con la coincidencia de las fiestas cristianas, recordemos que para la iglesia ortodoxa el nacimiento de Cristo se fijaba en el día seis de enero, por lo que la fiesta de la purificación correspondía a mediados de febrero. De todas formas, ahí quedan los Carnavales y el día de San Valentín como prueba inequívoca de la influencia de aquellos antiguos ritos paganos propiciadores de la fertilidad y del nacimiento de un nuevo ciclo de la vida.