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miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA DIOSA MADRE EN LAS ISLAS CANARIAS-IV-III





Volumen V

CAPITULO-IV-III


PANTEON DE LA IGLESIA DEL PUEBLO GUANCHE

DIOSA MAGEK




Eduardo Pedro García Rodríguez


El Calor solar

La Diosa Sol fuente de salud  psíquica, espiritual y física según expone el investigador C.W. Leadbeater, en un interesante trabajo:
“Tan importante papel representa La Sol en la vida diaria, que es necesario decir algunas palabras sobre ella.
El sistema solar es verdaderamente en su conjunto la vestidura de la Divinidad, pero la Sol es su verdadera epifanía; lo que en el mundo físico es para nosotros la aproximación mayor de una de sus manifestaciones, la lente por la cual Su poder brilla sobre nosotros.
Considerando desde el punto de vista puramente físico, la Sol es una vasta masa de materia incandescente a temperaturas casi inconcebiblemente elevadas, y en un estado de electrificación tan intensa, que sobrepuja a todo lo que podemos concebir. Los astrónomos, supo­niendo que ese calor era debido técnicamente a la contracción, habrán calculado la duración de la existencia pasada de la Sol así como el período durante el cual le seria posible conservar en el porvenir esa temperatura, y se sentían incapaces de concederle más de algunos cientos de miles de años de existencia, tanto en un sentido como en el otro, al par que los geólogos pretenden, por otra parte, que se encuentran en la tierra huellas de procesos que se extienden a millones de años. El descubrimiento del radio ha echado por tierra las antiguas teoría; pero, ni tan siquiera con su ayuda se han elevado los astrónomos hasta la sencillez de la explicación real de la dificultad.
Imaginémonos cierto microbio inteligente que viese en el interior o en la superficie del cuer­po humano y que razonase sobre su temperatura de un modo análogo al de Los astrónomos. Ese microbio podría decir que aquel cuerpo debe enfriarse gradualmente, y podría calcular con exactitud que su temperatura debe rebajarse al cabo de tantas horas o de tantos minutos, hasta el punto de hacer imposible la continuación de la existencia. Sin embargo, sí viviera lo suficiente, descubriría que el cuerpo humano no se enfría como debiera ocurrir según su teoría, y es indudable que ese hecho le parecería muy misterioso, a menos que descubriese que aquél no es un fuego, que se apaga, sino un ser vivo; y que en tanto que la vida subsiste, la temperatura no debe descender. De la misma manera, si nos damos cuenta de que la Sol es la manifestación física de la Divinidad, veremos que la vida grandiosa que está tras él mantendrá seguramente su temperatura por tanto tiempo como sea necesario para la evolución completa del sistema.
Las hojas de Sauce
Una explicación análoga nos ofrece una solución de algunos oíros problemas de la física solar. Por ejemplo, las protuberancias llamadas según su forma “hojas de sauce” o “granos de arroz” de que está compuesta en su mayor parte la fotografía de la Sol, han intrigado con frecuencia a los astrónomos a causa de las características, en apariencia contradictorias, que presentan. Según su posición, esas hojas o granos no pueden ser masque gases incandescentes a una temperatura excesivamente elevada, y por lo tanto, de una tenuidad extrema. Y sin embargo, a pesar de que deben de ser mucho más ligeras que ninguna nube material, conservan invariable­mente su forma particular, por sacudidas que puedan estar por tempestades tan terribles que destruirían instantáneamente la misma tierra.
Cuando nos damos cuenta de que detrás de cada uno de esos objetos extraños se encuentra una vida espléndida; que ellos pueden ser considerados cada uno como el cuerpo físico de un gran Espíritu, comprendemos que esa Vida es la que mantiene su agregación y les da su estabilidad maravillosa. Calificarlos de cuerpos físicos es quizá susceptible de inducir a error, dado que todos nosotros consideramos la vida física tan importante y que ocupa un lugar tan prepon­derante en la etapa actual de nuestra evolución.
Diremos nosotros más bien que las hojas de sauce son manifestaciones en el plano físico, mantenidas por espíritus solares con un fin especial, y a costa de cíerto sacrificio o limitación de su actividad sobre los planos superiores que son su residencia normal- Si recordamos que por medio de esas “hojas de sauce” la luz, el calor y la vitalidad de la Sol llegan a nosotros, veremos fácilmente que el fin de ese sacrificio es hacer descender hasta el plano físico ciertas fuerzas que de otra suerte quedarían sin manifestar; y que esos grandes Espíritus actúan como canales, como reflectores, como agentes de especialización de la fuerza Divina. En definitiva, llevan ellos a cabo en planos cósmicos y para un sistema solar, lo que nosotros, si somos bastante sabios para sacar partido de nuestros privilegios, podemos hacer en una escala microscópica en nuestro pequeño círculo, como se verá más adelante.
La Vitalidad
Todos estamos familiarizados con la sen­sación de gozo y de bienestar que nos pro­porciona la luz del Sol; pero sólo los estudiantes serpentinos de que hemos hablado en La vida interna.
Esas tres fuerzas permanecen distintas, y ninguna de ellas puede ser convertida en una de las otras dos. No tienen relación alguna con las tres grandes efusiones llamadas oleadas de vida. Aquéllas son esfuerzos definidos hechos por la Divinidad solar, mientras que éstas parecen ser más bien resultados de Su vida: sus cualidades manifestadas sin esfuerzo visible.
Cuando la electricidad pasa a través de los átomos, los hace desviar y los mantiene en determinada posición; siendo ese efecto comple­tamente distinto del modo especial de vibración que ella les impone, y agregándose a él. Pero la acción de la vitalidad difiere bajo muchos aspectos de la electricidad, de la luz o del calor. Todas las variantes de esta última fuerza oca­sionan oscilaciones del átomo en su conjunto, oscilaciones cuya amplitud es enorme en relación con las dimensiones del átomo; pero la otra fuerza a que llamamos vitalidad llega al átomo, no del exterior, sino del interior.
El glóbulo de la vitalidad
El átomo no es otra cosa que la manifestación de una fuerza. La Divinidad solar crea por su voluntad una cierta forma que llamamos atomo físico último, y por este esfuerzo de Su voluntad, en esa forma particular se encuentran reunidos, en cada uno, unos catorce mil millones de burbujas- Es preciso insistir en que la cohesión de las burbujas en esa forma, depende enteramente de ese esfuerzo de voluntad, de modo que si se suspendiese un solo instante, las burbujas tendrían que separarse y el mundo físico entero cesaría de existir en menos tiempo del que necesita el relámpago para brillar. Es pues cierto que el mundo sólo es una ilusión, aún desde ese punto de vista, para no decir nada del hecho de que las burbujas de que está formado el átomo no son más, a su vez, que puntos en que falta el koilón que es el verdadero éter del espacio.
Es pues la fuerza de la voluntad del Logos la que, ejercitada continuamente, mantiene al átomo en su estado actual de agregación; y cuando tratamos de examinar la acción de esa fuerza vemos que no penetra en el átomo llegada del exterior, sino que surge en él lo que significa que entra en él viniendo de las dimensiones superiores. El mismo hecho es cieno de esa otra fuerza que llamamos vitalidad; ella entra en el átomo por el interior en compañía de la fuerza que mantiene al átomo en su estado de agre­gación, y no obra sobre él enteramente desde el exterior, como lo hacen las oirás variedades de fuerza que llamamos luz, calor o electricidad.
Cuando surge así la vitalidad en el interior del átomo, le infunde una vida adicional y le confiere un poder de atracción, de modo que atrae inmediatamente alrededor de sí otros seis átomos, que dispone en determinada forma, produciendo así lo que se llama en Química Oculta un hiper-meta-proto-elemento. Pero ese elemento difiere de todos los observados hasta hoy por el heho de que la fuerza que lo crea y lo mantiene agregado proviene del segundo Aspecto de la Divinidad Solar y no del tercero.
Constituye el pequeño grupo que forma la perla excesivamente brillante visible sobre la serpiente masculina o positiva del elemento químico llamado oxígeno, y constituye el corazón del globo central del radio.
Esos glóbulos se destacan claramente entre todos aquellos que se pueden ver flotar en la atmósfera, como consecuencia de su brillo y de su actividad extrema, de la vida intensa que manifiestan. Son probablemente las vidas ar­dientes, esa palabra parece referirse al glóbulo en conjunto.
Aunque la fuerza que vivifica esos glóbulos sea diferente por completo de la luz, parece sin embargo depender de la luz para manifestarse. En la luz brillante de la Sol esa vitalidad surge continuamente, siendo engendrados los glóbulos con una gran rapidez y en numero increíble; pero cuando el tiempo está nublado hay una gran disminución en el número de los glóbulos formados» y durante la noche su formación parece completamente suspendida. Por consi­guiente se puede decir que durante la noche vivimos del depósilo acumulado durante el día precedente; y aunque el agotamiento de ese depósito parezca prácticamente imposible, se reduce sin embargo mucho cuando hay una sucesión de días sombríos. Una vez cargado, el glóbulo queda en estado de elemento sub­atómico, y no parece experimentar cambio o perder fuerza hasta el momento en que lo absorbe una criatura viviente.
La absorción de la vitalidad
Esta vitalidad es absorbida por todos los organismos vivos, y parece que su existencia necesita una provisión suficiente de ella. En el caso del hombre y de los animales superiores, la vitalidad es absorbida por el centro o torbellino que, en el doble elenco, corresponde al bazo. Recordemos que este centro tiene seis pétalos, formados por el movimiento ondulatorio de las fuerzas que engendran el torbellino. Pero ese movimiento ondulatorio está a su vez ocasionado por otras fuerzas que irradian del centro de ese torbellino. Representémonos ese punto central del torbellino como el cubo de una rueda, y podremos considerar entonces esas últimas fuerzas como rayos que salen del cubo en líneas rectas. Las fuerzas que engendran el torbellino revolotean alrededor del centro, pasando alter­nativamente por debajo y por encima de los rayos, como para trenzar una especie de canas­tillo etérico, lo que produce la apariencia de seis pétalos separados por depresiones.

Cuando la unidad de vitalidad surca la atmósfera, parece casi incolora a pesar de su brillo, y puede compararse a la luz blanca. Pero en cuanto la atrae el torbellino del centro de fuerza del bazo, se descompone y se divide en corrientes cuyos colores son diversos, aunque no corresponden exactamente a nuestra división del espectro solar.
Cuando esos átomos constitutivos son arrastrados en el torbellino, cada uno de los seis rayos recoge uno de ellos, de modo que todos los átomos cargados de amarillo se precipitan a lo largo de un rayo, los cargados de verde siguen a otro, y así sucesivamente, mientras que el séptimo rayo desaparece en el ceñirá del remolino, en el cubo de la rueda por decirlo así. Esos rayos se lanzan entonces en diferentes direcciones, para ejecutar cada uno su trabajo especial en la vitalización del cuerpo. Corno he dicho, las divisiones no son exactamente las que reconocemos ordinariamente en el espectro solar, sino que se parecen más bien a la disposición de colores tal como lo vemos en los planos superiores» en el cuerpo causal, el cuerpo mental y el cuerpo astral.
Por ejemplo, lo que llamamos color añil está distribuido entre el rayo violado y el rayo azul, de suerte que allí no encontramos más que dos divisiones en lugar de tres; pero, por otro lado, lo que llamamos el rojo está dividido en dos partes rojo rosa y rojo oscuro- Los seis colores que irradian son el violado, el azul, el verde, el amarillo, el anaranjado y el rojo oscuro; mientras que el séptimo átomo o átomo rojo rosa se abisma en el centro del torbellino, (más valdría decir el primer átomo, puesto que se trata del átomo original en que apareció la fuerza en primer término). La vitalidad es evidentemente de constitución séptuple, pero fluye a través del cuerpo por cinco corrientes principales, como se describe en los libros indos porque después de su salida del centro esplénico, el azul y el violado se unen en un rayo, y una fusión semejante se opera entre el anaranjado y el rojo oscuro.

1° El rayo violado azul fluye hacia la garganta, dónde parece dividirse, deteniéndose el matiz azul pálido para difundirse en el centro que está en la garganta y vivificarlo, mientras que el azul oscuro y el violado continúan su marcha hacia el cerebro. La corriente azul oscuro se esparce en la parte inferior y parte central del cerebro, mientras que el violado inunda su-parte superior y parece dar un vigor especial al centro de fuerza déla corona de la cabeza, difundiéndose principalmente a través de los 960 pétalos de la porción exterior de ese centro.
trabajo, se dirige también parcialmente hacia el cerebro y allí se expande, dirigiéndose princi­palmente hacia la flor de doce pétalos que está en medio del centyro de fuerza superior.
3º El rayo verde inunda el abdomen, y aun­que se establece especialmente en el plexo solar, vivifica evidentemente el hígado, los riñones y los intestinos, así como el aparato digestivo en general.
4º E1 rayo rosa circula por todo el cuerpo siguiendo los nervios como conductores, y es claramente la vida del sistema nervioso. Es lo que se llama comúnmente la vitalidad especializada que el hombre puede fácilmente transferir a otro a quien le falte. Si los nervios no están abun­dantemente provistos de esa luz rosácea, se vuelven sensibles y extremadamente irritables, de suerte que le es casi imposible a la persona así afectada el permanecer en una posición, aunque encuentre poco alivio al cambiarla. El ruido más ligero, el contacto más leve, le son penosos. Si los nervios de aquella persona reciben abundante influjo de vitalidad especializada, procedente de una persona en buena salud, el alivio es inmediato y desciende sobre el enfermo una sensación de bienestar y de paz.
El hombre dotado de una salud robusta, absorbe y especializa habitualmente mucha más vitalidad que laque necesita su propio cuerpo, de suerte que emite sin cesar un torrente de átomos rosados y emana fuerza inconscientemente sobre sus compañeros más débiles sin perder nada de sí mismo. Sin embargo, por un esfuerzo de voluntad puede reconcentrar esa energía superfina y dirigirla intención intencionalmente te hacia alguien a quien desee ayudar.
El cuerpo físico tiene cierta conciencia instintiva y ciega que corresponde en el mundo físico al elemental del deseo del cuerpo astral. Esa conciencia trata siempre de proteger el cuerpo del peligro o procurarle aquello de que tiene necesidad. Escampé amiente independiente de la conciencia del hombre, y actúa igualmente bien cuando el ego está ausente del cuerpo físico durante el sueño. Todos nuestros instintos le son debidos, y por su actividad se prosigue sin cesar el funcionamiento del sistema del gran simpático, sin que en ello pensemos o tengamos conoci­miento.
Mientras estamos despiertos decimos, ese elemental físico está ocupado perpetuamente en defenderse; no descuida un instante su vigilancia y mantiene en tensión los nervios y músculos. Durante la noche o en todo otro momento en que durmamos, permite a los nervios y a los múscu­los que se relajen, y se consagra especialmente a la asimilación de la vitalidad, así como la reparación del cuerpo físico. Lleva a cabo esa función con una eficacia mayor durante la primera parte de la noche, porque entonces la vitalidad es abundante; mientras que inmedia­tamente antes del alba, la provisión de vitalidad procedente de la acción de la Sol durante el día anterior, está casi completamente agotada. Esta es la razón de la sensación de decaimiento y embotamiento que se deja sentir en las últimas horas de la noche, y esa es también la razón por la cual los enfermos mueren con tanta frecuencia en ese momento. Esa misma idea la expresa el antiguo proverbio: “Una hora de sueño antes de media noche, vale por dos después”. La actividad de ese elemental físico explica el poderoso poder reparador del sueño, que se puede observar aún cuando se trate de un corto sueño.
Esa vitalidad es realmente el alimento del doble etérico, siéndole tan necesario como lo es el alimento substancial a la parte grosera del cuerpo físico. De ahí se deduce que cuando, por una razón cualquiera, el cuerpo es incapaz de preparar la vitalidad necesaria para nutrir sus células, (enfermedad, fatiga, extrema vejez), ese elemental físico trata de apoderarse, para su propio uso, de la vitalidad que ha sido ya preparada en el cuerpo de otras personas; y ocurre con frecuencia que nos sentimos débiles y agotados después de haber estado algún tiempo sentados al lado de una persona falta de vitalidad, pues ella ha aspirado nuestros átomos rosados antes do que hayamos podido extraer su energía.
El reino vegetal absorbe también esa vitalidad, pero en la mayor parte de los casos no parece utilizar más que una pequeña parte. Muchos árboles sacan de ella casi exactamente los mismos elementos que los empleados por la parte superior del cuerpo etérico del hombre; y por consiguiente, cuando esos vegetales han utilizado lo que les es necesario, los átomos que rechazan son precisamente los cargados de luz rosa necesaria para las células del cuerpo físico del  hombre. Tal es particularmente el caso del pino y del eucalíptus, de lo que se deduce que la proximidad de esos árboles da salud y fuerza a las personas que sufren de una falta de esa parte del principio vital, (En personas nerviosas, como decimos). Ésas personas son nerviosas porque las células de su cuerpo están hambrientas; la nerviosidad sólo puede aliviarse nutriendo esas células; y el modo más cómodo de hacerlo consiste con frecuencia en darles del exterior la especie particular de vitalidad que necesitan.
E1 rayo rojo-anaranjado va hacia la base de la espina dorsal, y de ahí a los órganos de la generación, a los cuales se refiere estrechamente una parte de sus funciones. Ese rayo parece comprender no sólo el anaranjado y el rojo oscuro, sino también cierta cantidad del morado o violeta oscuro, como si el espectro fuese circular y la serie de colores volviese a empezar por una octava inferior. En el hombre normal, ese rayo da su energía a los deseos de la carne, y parece penetrar también en la sangre y mantener el calor del cuerpo; pero si el hombre rehúsa con persistencia obedecer a su naturaleza inferior, ese rayo puede, por esfuerzos prolongados y resueltos, ser desviado hacia lo alto para dirigirse al cerebro, donde sus tres elementos constitutivos sufren una modificación notable. Allí el anaran­jado llega en la gama de los colores hasta el amarillo lo puro, y produce una intensificación marcada de los poderes del intelecto; el rojo oscuro se vuelve carmesí y aumenta fuertemente el poder del altruista; mientras que el violeta oscuro se transmuta en un adorable violeta pálido y vitaliza la parte espiritual de la naturaleza humana. El hombre que realiza esa transmu­tación, llega a un punto en que los deseos de los sentidos ya no le perturban; y cuando le sea necesario despertar el fuego serpentino, estará al abrigo del peligro más grave de ese proceso. Cuando el hombre ha terminado definitivamente esa transmutación, el rayo rojo-anaranjado pasa directamente del centro a la base de la espina dorsal, y de allí se eleva por el interior del canal déla columna vertebral, hasta alcanzar el cere­bro.

La Vitalidad
El flujo de la vitalidad en esas diversas comentes rige la salud de las partes del cuerpo sobre que actúa. Si, por ejemplo, una persona sufre de mala digestión, el hecho es enseguida visible para el hombre en posesión de la vista etéríca, porque la acción o flujo de la corriente verde se retrasa, o su volumen es más pequeño del debido. Cuando la comente amarilla es abundante y fuerte, indica que la acción del corazón es fuerte y regular» o más bien que produce esa fuerza y es regularidad. Exparcíéndose alrededor del centro cardíaco, la corriente amarilla penetra también en la sangre, que es lanzada por medio del corazón, y la acompaña por todo el cuerpo. Sin embargo, queda bastante para que una parte se dirija al cerebro; y la aptitud para los elevados conceptos filosóficos y metafísicos parece depender de una amplia me­dida de volumen y tiene la actividad de esa corriente amarilla, así como del despertar correspondiente de la flor de doce pétalos que se encuentra en medio del centro de fuerza de lo alto de la coronilla.
El pensamiento y los sentimientos de naturaleza altamente espiritual parecen depender en gran parte del rayo violado, mientras que el ordinario poder de pensamiento es estimulado por la acción del azul mezclado con parte del amarillo. Se ha observado que, en ciertas formas de idiotismo, el flujo hacía el cerebro de las corrientes amarillo y azul- vio lado de la vitalidad, está casi completamente obstruido.
Una actividad o un volumen extraordinario del azul pálido distribuido en el centro de U garganta, tiene por corolario la salud y la fuerza de los órganos físicos de esa parte del cuerpo. Esto da, por ejemplo, fuerza y elasticidad a las cuerdas vocales, de suerte que una actividad y un brillo especial de esa corriente son observables en los oradores y los grandes cantantes, la debilidad o dolencia de una parte cualquiera del cuerpo se acompaña por una insuficiencia en el flujo de la vitalidad hacia esa parte del cuerpo.
A medida que ieis diferentes corrientes de átomos ejecutan su trabajo, la vitalidad de que están cargados les es arrebatada, precisamente como sí se tratase de una carga eléctrica, Los átomos portadores del raya rosa palidecen gradualmente a medida que viajan a través de los nervios, y son arrojados eventualmente fuera del cuerpo a través de los poros de la piel, constituyendo así [o que se llama “el aura de salud” en el libro El hombre visible e invisible. Cuando dejan el cuerpo, la mayoría de ellos han perdido su luz rosa, de modo que el aspecto general de la emanación es azulado. La parte del rayo amarillo que se incorpora a la sangre y viaja con ella, tiene de igual modo su color distintivo.
Cuando los átomos han sido así vaciados de su carga de vitalidad, entran en algunas de las combinaciones que se forman constantemente en el cuerpo, o se escapan por los poros o las vías ordinarias. Los átomos vaciados del rayo verde, que está principalmente asociado con el progreso de la digestión, parecen formar parte de las materias gastadas ordinarias del cuerpo, y son expulsadas con estas; esa es también la suerte Que corren los átomos del rayo rojo-anaranjado en el hombre ordinario. Los átomos que pertenecen a los rayos azules, cuyo papel se relaciona con el centro situado en la garganta, dejan generalmente el cuerpo con el aliento expirado; y los que componen (los rayos azules oscuros y violados, se escapan habitualmente del centro de la coronilla.

Cuando el estudiante ha aprendido a desviar los rayos rojo-anaranjado, de manera que suban a lo largo de la columna vertebral, los átomos vaciados de esos rayos, así como los del rayo violado-azul, fluyen de lo alto de la cabeza como una cascada incandescente, frecuentemente representada en forma de una llama en las antiguas imágenes del Buda y de otros santos personajes. Los átomos vacíos de fuerza vital son de nuevo exactamente semejantes a los átomos ordinarios; el cuerpo absorbe los de que tiene necesidad, de suerte que forman parte de las diversas combinaciones que se operan constan­temente, mientras que los no necesarios para tales fines, son rechazados por los canales que resultan convenientes.
El flujo de la vitalidad en un centro o a través de él, la misma intensificación de ese centro, no deben confundirse con el desarrollo completo de los centros» ocasionado por el despertar del fuego serpentino en una etapa ulterior de la evolución humana. Todos nosotros absorbemos vitalidad para especializarla; pero pocos de nosotros la utilizan completamente, porque bajo diferentes aspectos nuestra vida no es tan pura, tan sana y razonable como debiera serlo. Aquel que hace más grosero su cuerpo por el uso de la carne, del alcohol o del tabaco» no puede utilizar nunca plenamente su vitalidad como el hombre de vida más pura. Puede ocurrir que individuos que lleven una vida impura sean con frecuencia más fuertes en su cuerpo físico que ciertas personas más puras; ese es un efecto de los Karmas respectivos; pero, a elementos iguales, tiene inmensas ventajas el hombre de vida pura.
Vitalidad y no manegtismo
No hay que confundir la vitalidad que circula a lo largo de los nervios, con lo que llamamos habitualmente el magnetismo humano, el fluido nervioso que engendra el hombre en sí mismo. Ese fluido es el que mantiene a lo largo de los nervios la circulación constante de materia etérica que corresponde a la circulación de la sangre en las venas; así como la sangre lleva oxígeno a todas las partes del cuerpo, de igual modo la vitalidad es arrastrada a lo largo de los nervios por esa corriente etérica. Las partículas de la porción etérica del cuerpo humano cambian  constantemente, como las del cuerpo físico denso. Con el alimento que tomamos y el aire que respiramos» absorbemos materia etérica, asimi­lada por la parte etérica del cuerpo. La materia etérica es rechazada constantemente por los poros, así como la materia gaseosa; de suerte que cuando dos personas están una al lado de otra, cada una absorbe necesariamente gran parte de las emanaciones físicas de la otra.
Cuando una persona magnetiza a otra, el operador recoge por un esfuerzo de voluntad una gran cantidad de ese magnetismo y lo proyecta en el sujeto, rechazando el fluido nervioso de su victima y sustituyéndolo por el suyo. Como el cerebro es el centro de esa circulación nerviosa, tal maniobra pone la parte influida del cuerpo del sujeto bajo el dominio del cerebro del experi­mentador y la sustrae a la autoridad de la víctima, que siente así lo que el magnetizador le ordena sentir. Si el cerebro del sujeto es vaciado de su magnetismo propio y lleno del producido por el operador, el sujeto no puede pensar y actuar más que según la voluntad de este último; en aquel momento está completamente dominado.
Hasta cuando un magnetizador trata de efectuar una curación y lanza su fuerza sobre el paciente» él le da inevitablemente con esa vita­lidad una gran parte de sus propias emanaciones. Es evidente que una enfermedad que aqueje al magnetizador, podrá ser transmitida fácilmente al sujeto, de este modo. Otrá consideración: aún cuando la salud del magnetizador sea perfecta desde el punto de vista médico, hay que tener en cuenta que existen enfermedades mentales y morales, así como dolencias físicas, y que también se transmiten frecuentemente, pues lo que el magnetizador hace fluir sobre el sujeto materia astral y materia mental» al mismo tiempo que la corriente de materia física.
La vitalidad, así como la luz y el calor, rebosa continuamente de la Sol, pero hay obstá­culos que impiden con frecuencia a la tierra el recibirlos plenamente. En los climas fríos y melancólicos calificados por irrisión de templa­dos, ocurre con mucha frecuencia que durante días enteros el cielo está cubierto con un fúnebre sudario de nubarrones, lo cual tiene una influencia sobre la vitalidad así como sobre la luz; esto no detiene por completo su paso, pero disminuye sensiblemente la cantidad- De ahí se sigue que con tiempo sombrío y cubierto, la vitali­dad baja, y todas las criaturas vivientes sienten instintivo deseo de Sol.
Cuando los átomos vitalizados son así difundidos con más parsimonia, el hombre de salud robusta ve aumentar su poder de absorción; agota un espacio más grande y mantiene así su fuerza a nivel normal. Pero los enfermos y las personas dotadas insuficientemente de fuerza nerviosa, que no pueden hacer lo mismo, sufren con frecuencia mucho y se vuelven más débiles e irritables sin saber por qué. Por el motivo expuesto, la vitalidad está a más bajo nivel en invierno que en verano, pues aún cuando los días cortos del invierno sean de sol, lo cual es raro a veces, hay que afrontar las largas y monótonas noches de invierno, durante las cuales leñemos que subsistir de la vitalidad que el día ha almacenado en nuestra atmósfera- Por el contra­rio, los largos días de verano, cuando son solea­dos y sin nubes, cargan la atmósfera de vitalidad tan completamente, que las cortas noches de entonces no la agotan en modo alguno.
Al estudiar esa cuestión de la vitalidad, el ocultista no puede dejar de reconocer que aparte de su relación con la temperatura, la luz solar es uno de los factores más importantes en k obtención y conservación de una salud perfecta, un factor que nada puede suplir por completo. Dado que esa vitalidad desborda no so] o sobre el mundo físico» sino también sobre los demás mundos, es evidente que si, desde otros puntos de vista son satisfactorias las condiciones, las facultades emotivas así corno el intelecto y la espiritualidad estarán en su más alto nivel bajo un cíelo claro y con la ayuda inapreciable de la luz del sol.
Todos los colores de la especia de vitalidad descrita son etéricos; y sin embargo se ve que sus funciones presentan ciertas correspondencias con el significado atribuido a colores semejantes en el cuerpo astral. Es claro que los pensamientos y sentimientos puros y rectos reaccionan sobre el cuerpo físico y aumentan su poder de asimilar la vitalidad necesaria para su bienestar.

El modo de alcanzar la salud perfecta consiste en seguir el noble óctuple sendero. “Buscad el Reino de la Diosa y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Esto es verdad, y la salud física está comprendida en esas cosas.” (C.W. Leadbeater, 1989)


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