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sábado, 24 de octubre de 2015

Diosa madre




Una Diosa madre es una Diosa es la deidad de la fertilidad general. En algunas culturas además es representada como la Madre Tierra, siendo la generosa personificación de la Tierra. Como tal, no todas las Diosas pueden considerarse manifestaciones de la Diosa madre.

 En las tradiciones occidentales, esta Diosa fue representada de muchas maneras, desde las imágenes talladas en piedra de la diosa Cibeles hasta la Dione (‘Diosa’) que se invocaba junto con el dios Zeus en el oráculo de Dódona (Grecia) hasta finales de la época clásica. Entre los himnos homéricos (siglos VII-VI a. C.) hay uno dedicado a la Diosa madre llamado «Himno a Gea, madre de todo».
Los sumerios escribieron muchos poemas eróticos sobre su diosa madre Ninhursag.1

Índice

Controversia

Las deidades que encajan con la moderna concepción de «Diosas madre» han sido claramente adoradas en muchas sociedades hasta la actualidad. James Frazer (autor de La rama dorada) y aquellos a quienes influyó (como Robert Graves y Marija Gimbutas) avanzaron la teoría de que todo el culto en Europa y la civilización egea que incluyó cualquier tipo de diosa madre tenía su origen en los matriarcados neolíticos preindoeuropeos, y que sus diferentes diosas eran equivalentes.

Aunque el «tipo» ha tenido buena aceptación como categoría útil para la mitografía, la idea de que en la antigüedad se creyera que todas estas diosas eran intercambiables no ha sido continuada por los investigadores modernos, notablemente por Peter Ucko.2

Figuras paleolíticas

Se han hallado diversas figuras pequeñas y, a menudo, corpulentas, en el transcurso de excavaciones arqueológicas del Paleolítico Superior, siendo quizás la más famosa la Venus de Willendorf (hacia el 22 000 a. C.). Muchos arqueólogos creen que su intención era representar diosas, aunque otros creen que pudieron haber servido a algún otro fin. Estas figuritas son anteriores en varios miles de años a los registros disponibles de diosas detallados a continuación como ejemplos, por lo que aunque parecen pertenecer al mismo tipo genérico, no está claro si de hecho eran representaciones de una Diosa o de si hubo alguna continuidad religiosa que las relacionase con las deidades de Oriente Medio y la Antigüedad clásica.

Ejemplos de Diosas madre

Muchas culturas antiguas adoraron deidades femeninas como parte de sus panteones que encajan con la concepción moderna de «Diosa madre». Las siguientes son ejemplos:

Diosas sumerias, mesopotámicas y griegas

Tiamat en la mitología sumeria, Ishtar (Inanna) y Ninsuna en la caldea, Asera en Canaán, Astarté en Siria y Afrodita en Grecia, por ejemplo.

Tradicion india


La Diosa Durga es considerada como la diosa madre suprema por algunos hinduistas.
En el contexto de las religiones de la India, el culto a la diosa madre puede seguirse hasta los orígenes del vedismo (la religión anterior al hinduismo). En el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.) existe la diosa Áditi, la madre de todos los dioses. También se presenta el concepto de la Tierra como diosa madre.3 En la posterior literatura puránica (desde el siglo III a. C.) se alude a la diosa madre con varios nombres, como Durga, Deví, Maya, Párvati.

Shaktismo

En el shaktismo, una forma de hinduismo fuertemente relacionada con las doctrinas hinduists del Vedānta, la Samkhya y el Tantra y definitivamente monista, aunque hay una rica tradición de Bhakti yoga relacionada con él, la energía femenina (Śakti) se considera la fuerza motriz tras todas las acciones y existencia del cosmos fenomenal del hinduismo. El propio cosmos es el Brahman, el concepto de la realidad inalterable, infinita, inmanente y trascendente que forma el Suelo Divino de todos los seres, el «alma del mundo». La potencialidad masculina es actualizada por el dinamismo femenino, personificado en diosas multitudinarias que termina reconciliadas en una.
El texto clave es el Devi-majatmia, que combina las teologías védicas anteriores, las doctrinas upanishádicas emergentes y las culturas tántricas en desarrollo en una exégesis laudatoria de religión shakti. Los demonios del ego, la ignorancia y el deseo atan el alma en una maya (también alternativamente etérea o personificada) y es la Madre Maya, la propia shakti, quien puede liberar al individuo atado. La Madre inmanente, Devi, está por esta razón concentrada en la intensidad, el amor y la concentración autodisolutoria en un esfuerzo por concentrar al shakta (como se llama a veces a un seguidor shakti) en la auténtica realidad subyacente al tiempo, el espacio y la causalidad, liberándole así del ciclo kármico.

Mitología griega

En las culturas del Egeo, Anatolia y el antiguo Oriente Próximo, una diosa madre fue venerada con las formas de Cibeles (adorada en Roma como Magna Mater, la ‘Gran Madre’), de Gea y de Rea.
Las Diosas olímpicas de la Grecia clásica tenían muchos personajes con atributos de diosa madre, incluyendo a Hera y Deméter.4 La diosa minoica representada en sellos y otros restos, a la que los griegos llamaban Potnia Theron, ‘Señora de las Bestias’,[cita requerida] muchos de cuyos atributos fueron luego absorbidos también por Artemisa, parece haber sido un tipo de diosa madre, pues en algunas representaciones amamanta a los animales que sostienen. La arcaica diosa local adorada en Éfeso, cuya estatua de culto se adornaba con collares y fajas de los que colgaban protuberancias redondas,5 más tarde identificada por los helenos con Artemisa, fue probablemente también una diosa madre.
La fiesta de Anna Perenna de los griegos y romanos en el Año Nuevo, sobre el 15 de marzo, cerca del equinoccio vernal, puede haber sido una fiesta de la diosa madre. Dado que el Sol era considerado fuente de vida y alimento, esta fiesta también se asimilaba con la Diosa Madre.

Mitología romana

El equivalente de Afrodita en la mitología romana, Venus, fue finalmente adoptada como figura de Diosa Madre. Era considerada la madre del pueblo romano, por ser la de su ancestro, Eneas, y antepasado de todos los subsiguientes gobernantes romanos. En la época de Julio César se le apodaba Venus Genetrix (‘madre Venus’).
Magna Dea es la expresión latina para ‘Gran Diosa’, y puede aludir a cualquier diosa principal adorada durante la República o el Imperio romanos. El título Magna Dea podía aplicarse a una diosa, a la cabeza de un panteón, como Juno o Minerva, o a una diosa adorada monoteísticamente.

Mitología turca siberiana

Umai, también conocida como Ymai o Mai, es la diosa madre de los túrquicos siberianos. Se la representa con sesenta trenzas doradas, que parecen rayos de sol. Se cree que una vez fue idéntica a la Ot de los mongoles.

Mitología celta

La diosa irlandesa Anann, a veces conocida como Dana o Danu, tiene un impacto como diosa madre, a juzgar por el Dá Chích Anann cerca de Killarney (Condado de Kerry). La literatura irlandesa nombra a la última y más favorecida generación de dioses como ‘el pueblo de Danu’ (Tuatha de Dannan).

Mitología nórdica

Entre los pueblos germánicos probablemente fue adorada una Diosa en la religión de la Edad del Bronce Nórdica, que más tarde fue conocida como Nerthus en la mitología germana, y que posiblemente persistiese en el culto a Freyja de la mitología nórdica. Su equivalente en Escandinavia era la deidad masculina Njörðr.

Mitología vasca

En la mitología vasca se adoraba a una Diosa llamada Mari; también existía la figura de la Diosa Amalur (en lengua vasca, literalmente ‘madre Tierra’).

Mitología mexica

Coatlicue (la madre de Huitzilopochtli) y Chimalma (son las Diosas de la fertilidad, patronas de la vida y de la muerte, y guías del renacimiento.

Mitología de América del Sur

En las culturas de América del Sur, los pueblos indígenas andinos contemporáneos de las comunidades quechuas y aimaras, sostienen el culto a la gran deidad Pachamama; importante culto presente en Ecuador, Perú, Bolivia, el noroeste de Argentina, el norte de Chile y ciertas regiones de Colombia. El culto a Pachamama es masivo en las áreas rurales y pequeños pueblos y ciudades, encontrándose también entre los migrantes andinos a las ciudades medianas y grandes, incluso Buenos Aires y el sur de la Argentina.
En la cultura mapuche (sur de Argentina y de Chile) existe la Ñuke Mapu (‘madre Tierra’ en idioma mapuche); aunque no es equivalente a una «Diosa madre» propiamente tal, sino que es un concepto diferente y más amplio, es el «mundo mapuche» en la cosmografía y la interacción del mapuche en él, dentro de las creencias religiosas mapuches.

Mitología caribeña

Los pueblos indígenas del Caribe, como los taínos, adoraban a una Diosa madre bajo varios nombres: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco.
En la mitología taína, Atabey era el principio femenino del mundo, y era madre de Yúcahu, el principal dios monoteísta o creador de los taínos que, entre otros atributos, era la divinidad de la yuca y del color blanco. La concepción de Yúcahu en Atabey se realizó sin mediación de ninguna potencia masculina, por lo que Yúcahu no tuvo padre y Atabey es el principio de los demás dioses. Como ocurre en otras tradiciones de todo el mundo, esta divinidad, además de ser diosa madre, se relaciona también con la Luna, el mar, la fertilidad y el nacimiento. Los taínos rendían honores a esta diosa, personificada por las ranas, para que protegiera a las parturientas y facilitara el alumbramiento.

Cristianismo

Algunos autores defienden que el culto a la Diosa madre fue el origen del culto que los católicos y otras denominaciones del cristianismo dan a María, como las advocaciones de las Vírgenes negras.6
Sin embargo ―según el Concilio Vaticano II―,7 8 el culto de hiperdulía (veneración dedicada a la Virgen María, que debe ser más intensa que la veneración dedicada a cualquier otro santo católico), no se debe identificar con el culto de latría (que es la adoración que se le tributa exclusivamente a Dios). En referencia al culto a María, dice el Concilio Vaticano II:
Este culto, tal como existió siempre en la Iglesia católica, a pesar de ser enteramente singular, se distingue esencialmente del culto de adoración tributado al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, y lo favorece eficazmente.
Lumen gentium 66
Según los teólogos católicos, la Virgen María no debería ser considerada de naturaleza divina sino meramente humana.7 Según Bernardino de Sahagún, la adoración precolombina a la diosa azteca Tonantzin (la gran madrecita) en México se habría sincretizado con la veneración a la Virgen María traída de España, en la imagen de la Virgen de Guadalupe, lo cual no es compartido por Cinna Lomnitz, investigador científico emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.9

La Madre Tierra en la cultura popular actual

Artículo principal: Pachamama
La Madre Tierra y su equivalencia como Diosa madre es un tema que aparece en muchas mitologías. La Madre Tierra es la personificación de la Tierra, generalmente además descrita en varias culturas como una diosa fértil, que representa a la tierra fértil; siendo también descrita en algunas culturas como la madre de otras deidades, en la que se las ve como patronas de la maternidad. Generalmente se creía esto porque la tierra era vista como madre de toda la vida que crecía en ella.
Sin embargo, el concepto de Madre Tierra últimamente trascendió la mitología. Las Naciones Unidas, a través de la Resolución 63/278 de la Asamblea General, reconoce la Madre Tierra como "una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos", y a su vez establece el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra.
Tomado de Wiquipedia.

viernes, 23 de octubre de 2015

Movimiento de la Diosa



                                                         MOVIMIENTO DE LA DIOSA

A mediados de la década de los 70, dentro del movimiento feminista de Estados Unidos, Zsuzsanna Budapest y Starhawk vincularon la tradición de las Diosas y de las brujas con las luchas por los derechos de las mujeres, creando junto a otras investigadoras de lo Sagrado Femenino una corriente espiritual cuya cosmovisión y práctica ritual no provenía de ninguna iglesia o religión judeocristiana.

 Así surgió el Movimiento de la Diosa, la Witchcraft y la Espiritualidad Femenina que celebra a la Gran Diosa inmanente en la naturaleza, en las mujeres y en las relaciones culturales que surgen de esa cosmovisión.
 Una espiritualidad que nos ha devuelto a las mujeres el derecho a la libertad de culto de lo Divino Femenino sin una autoridad religiosa masculina o gurú iluminado que defina en qué deben creer las mujeres y cómo hacerlo.
 Más bien, fueron las mujeres las se apropiaron de ese derecho recreando la antigua religión de la Diosa con proyecciones políticas, sexuales, de género, ecológicas y comunitarias que estuvieron presentes en las tradiciones de las brujas, sacerdotisas y chamanas en la Europa precristiana y en otros sitios donde la Gran Diosa expresaba las potencialidades de los cuerpos, almas, mentes y creaciones de las mujeres de manera positiva, otorgando libertad, dignidad y poder de vinculación con otros sin subordinación sexual. El pecado original, la culpa de Eva, el Dios padre, el Diablo y la necesidad de redención de la naturaleza caída no forman parte de esta cosmovisión ancestral.
 Hasta entonces las religiones que mayoritariamente las mujeres conocían y practicaban eran espiritualidades y teologías creadas y dirigidas por varones, centradas en figuras masculinas como Yahveh, Jesús, Alá, Krisna, Buda; donde la discriminación y desvalorización de las mujeres y de lo divino femenino se mantenía sin modificaciones desde hacia siglos. Con todo, dos milenios de cristianismo, por ejemplo, es un tiempo relativamente corto si se lo compara con el culto a la Gran Diosa, adorada a partir del Paleolítico Superior, 20 mil años a. C. y en el Neolítico agrícola, 7 mil años a. C., hasta las culturas clásicas de la antigüedad y los primeros siglos del cristianismo. Y aún cuando Constantino había cerrado los templos de las Diosas y declarado al cristianismo la religión oficial, los pueblos de Europa seguían practicando el culto de lo Divino Femenino con distintos nombres y ritos lunares, estacionales y chamánicos.
 Entonces, la Iglesia católica  creó un sistema de persecución, tortura y muerte inimaginable para erradicar esta religiosidad tan arraigada en la vida de la gente común y que posicionaba a las mujeres en un lugar de respeto y dignidad, especialmente a las brujas como sacerdotisas de ritos lunares y agrícolas, parteras, conocedoras de hierbas sanadoras y anticonceptivas y de técnicas chamánicas de visión sagrada, como personas con poder personal, social y espiritual dentro de las comunidades.
 El retorno de la Gran Diosa

En 1976, Merlin Stone publicó “Cuando Dios era Mujer” abriendo el camino a una serie de estudios sobre la influencia de las religiones en la dignificación o en la opresión de las mujeres. Aquel libro fue pionero e inspiró otras investigaciones que reinterpretaron mitos, tradiciones, ritos y evidencias arqueológicas y antropológicas sobre la religión de las diosas prepatriarcales, realizados por Barbara Walker, Mónica Sjöö, Riane Eisler, Caitlin Matthews, Mary Daly, Vicky Noble, Charlene Spretnak, Carol Christ y las citadas Budapest y Starhawk.
 La espiritualidad feminista cuenta con el trabajo arqueológico de Marija Gimbutas, quien dirigió excavaciones en Europa Central y del Este, sacando a la luz evidencias de la Civilización de la Diosa -como ella la llamó- que evolucionó entre el 6 mil 500 y el 3 mil 500 a. C., de manera independiente de la Mesopotamia, como una sociedad pacífica que no construía armas de guerra y se dedicaba a la agricultura, el arte, el comercio y la religión, y en la que -según evidencias funerarias- no había una jerarquización de los géneros. Mujeres y varones se percibían como hijos de una Madre Origen común, la Gran Diosa, vivenciando algún tipo de igualdad de géneros.
 Gimbutas interpretó numerosas estatuillas de la Diosa, objetos rituales y de la vida cotidiana en los que se expresa esa cosmovisión sagrada asociada a los ciclos de la luna, de la mujer, de la naturaleza, de la conciencia humana y de todos los seres vivos con el arquetipo de la Diosa Pájaro-Serpiente creadora, la Diosa Sustentadora (del cereal, la agricultura y la cultura) y la Diosa de la Muerte y el Renacimiento. Una trinidad femenina más antigua que la cristiana o la hindú, por ejemplo, celebrada junto a sus hijas/os y consortes.
 Esta investigadora de origen lituano, hizo una lectura arqueomitológica, encontrando que las simbologías sagradas y arquetípicas de las diosas de culturas posteriores ya estaban presentes en los asentamientos neolíticos. Gimbutas destacó la continuidad de la cosmovisión de la Diosa neolítica procedente de las “Venus” paleolíticas de las/los sapiens recolectoras y cazadores de las cavernas y su pervivencia en las tradiciones de las diosas posteriores al Neolítico que conocemos con el nombre de Eurínome, Gea, Ártemis, Hécate, Atenea, Isis, Nut, Maat, Inanna, Ishtar, Alat, Aserá, Rhea, Deméter, Perséfone, Diana, Juno, Minerva, Eire, Brigid, Freya, Baba Yagá, las Musas, las Parcas, las Gracias, entre muchas otras.
 Gimbutas comprobó la tesis de Jean Ellen Harrison, experta en mitología griega de Cambridge en los años 30, la primera en señalar que las diosas griegas procedían de una época histórica preolímpica anterior y que el casamiento de Hera con Zeus no existió en sus orígenes. Ese casamiento forzado, más bien reflejaba el tránsito, a veces dramático y violento, de las culturas matrilineales a la patriarcal luego de una conquista armada y una inversión de los mitos de origen. Incluso diferenciaba a los dioses guerreros de los agrícolas de la edad matrilineal: Hermes, Pan, Dionisio, indicándonos que el culto a las diosas no excluía lo Sagrado Masculino pero tampoco adoraba a un dios padre guerrero y dominante, ni a deidades masculinas que violaban y mataban a diosas y a mujeres como sucede en los mitos tardíos, surgidos de aquella conquista y reforma.
 Para Harrison los mitos griegos eran intentos, a veces groseros y desesperados, para cambiar la tradición de la Gran Madre por propaganda política-religiosa como es el mito de Atenea naciendo de la cabeza de Zeus, armada como una guerrera, reemplazando a la ancestral Atenea, una deidad sin padre, patrona de la sabiduría y la inteligencia y así presentar a los dioses “archipatriarcales” (como Harrison los calificó) como primigenios, mejores y supremos.
 Robert Graves difundió fuera del ámbito académico el trabajo de Harrison pero fue Gimbutas la que proporcionó las pruebas arqueológicas de las olas invasoras patrilineales como así también la cosmovisión cultural y religiosa de la Gran Diosa hasta entonces considerada por muchos como simples “cultos de fertilidad”.
 Por su parte, la antropóloga Margaret Murray presentó pruebas de la tradición de las brujas como un chamanismo europeo cuyos orígenes se remontan a los chamanes/as paleolíticos y siberianos.
 Las neojunguianas Silvia Brinton Perera, Marion Woodman, Jean Shinoda Bolen y Clarissa Pinkola Estés, realizaron una tarea similar a la arqueológica a fin de desenterrar el arquetipo de la Gran Diosa de las profundidades del inconsciente personal y colectivo de las mujeres adonde la cultura y el ego patriarcal lo habían recluído, reprimiéndolo para que las diosas no otorgaran poder espiritual, emocional y cultural al cuerpo, la sexualidad, la libertad y la conciencia de las mujeres.
 Para las junguianas, los mitos tardíos como el de Atenea naciendo de la cabeza de Zeus se hicieron carne en las mujeres que fueron educadas según el ideario femenino de la mentalidad patriarcal, teniendo que adoptar en los últimos tiempos modos patriarcales a fin de ser reconocidas como “Hijas del Padre” y tener éxito profesional o intelectual.
 Tealogía de la espiritualidad feminista
 Así, las prácticas del Movimiento de la Diosa cuentan con una tealogía (de Tea, la Diosa) rica y variada, procedentes de muchas fuentes -no sólo académicas- ya que no es un discurso unificado dictado por una autoridad centralizada.
 Para la tealogía, la Diosa es vivenciada por las mujeres de muchas maneras a través de unas cosmovisiones básicas con la clara intención de que no reproduzcan estereotipos femeninos y masculinos. A la Diosa creadora se la celebra en la naturaleza como una deidad que permanece inmanente en el mundo y el universo que ha creado. Ella es la vida, la naturaleza, la creación, el espíritu, en las plantas, las montañas, los lagos, los animales y las personas. Es la reina del cielo, de la tierra y del otro mundo, abarcando los tres mundos como sucede con la Triple Pachamama: Janaj Pacha, Kay Pacha y Uku Pacha.
 La tealogía de la Diosa comparte muchas visiones con tradiciones de pueblos originarios e indígenas que celebran lo Sagrado Femenino en las diosas Andra Mari, Cerridwen, Ilamatecutli, Ixchel, Pachamama, Mujer Araña, Mujer Bisonte, Sedna, Qomolagna, Nu Kwa, Amaterazu, Pele, Iemanjá, Umai, Kali.
 La Creadora se presenta cíclicamente como triple Diosa: la Virgen de la luna creciente y de la primavera (virgen porque se pertenece a sí misma), la Madre o Adulta Plena de la luna llena y del verano, y Anciana Sabia de la luna menguante y del otoño para luego transformarse en la Diosa Oscura de la luna nueva y del invierno, el aspecto que está por detrás de la trinidad manifiesta. Ella es celebrada por las mujeres de este movimiento en cada ciclo lunar y en cada estación.

La Triple Diosa celebra las tres edades de la mujer y a las tres generaciones de mujeres que conviven en un mismo tiempo y cultura. Y vincula a las/los antepasados con las mujeres y varones del presente y con las generaciones futuras.
 Esta Trinidad Femenina también es un arquetipo en la conciencia profunda de la mujer en cualquier edad biológica porque expresa diferentes procesos internos y capacidades para ser y actuar. En mi trabajo con la Triple Diosa, este arquetipo expresa la energía vital, la autoestima y la libertad (la Virgen), la capacidad de vinculación con otros/as sin subordinación (la Adulta) y la capacidad de cambio y transformación (la Anciana), mientras que un poder transpersonal más hondo sostiene a todas esas cualidades (la Oscura, la Diosa Origen).
Además, muchas diosas son patronas o protectoras de una potencialidad específica: la diosa del amor, de la fertilidad, de la sanación, de las artes, de la justicia, etcétera, y las mujeres las invocan para una problemática en particular con sus nombres: Afrodita, Ceres, Higeia, las Musas y Themis respectivamente, o sus equivalentes indígenas.
 Este movimiento no es un monoteísmo con polleras (faldas), por eso también celebra lo Sagrado Masculino a partir del ancestral arquetipo del Dios Astado de la tradición paleolítica y del Dios de la Vegetación neolítico como hijo, amante consorte e iniciado con diversas manifestaciones estacionales y cíclicas.
 Círculos y asambleas
 Budapest y Starhawk junto a otras brujas y sacerdotisas se han dedicado a la formación espiritual de las mujeres en las asambleas y círculos con conciencia de género. Han publicaron libros con rituales para los Sabbats estacionales y los Esbats lunares. Y proponen ritos de iniciación a la menstruación, la mediana edad, la maternidad y la menopausia. Y otros rituales para afrontar problemáticas como el abuso sexual, detener a un violador, decidir la interrupción de un embarazo no deseado, tratar la baja autoestima, el odio hacia el cuerpo o la depresión.
 También hechizos de magia femenina como medios para dirigir la conciencia ante necesidades básicas de trabajo, vivienda, sanación, estudio, pareja. Es una espiritualidad donde la magia se suma al trabajo político o psicológico por los derechos de las mujeres, y en la que la sabia serpiente, el triángulo de la vulva y la sangre menstrual son algunos de los símbolos de sacralidad femenina que vuelven a ser utilizados por las mujeres.
 En este movimiento no existen estructuras eclesiales ni dogmas ni papas y toda mujer puede celebrar a la Diosa tenga mucha o poca formación previa, convocando a otras y formando un grupo. En EU hay asambleas de mujeres heterosexuales y/o lesbianas y están las que integran a mujeres y varones; en ellas se promueve un compromiso con la vida del planeta y la justicia a través de acciones individuales y colectivas.
 La Diosa en América Latina

En la región, las mujeres tenemos noticias de los libros, talleres y celebraciones del Movimiento de la Diosa. Quizás lo más desafiante sea invocar a una deidad femenina en esta parte del continente donde la religión masculina sigue influyendo en la autoestima de las mujeres, negándole derechos y presentando a María como una mujer subordinada al Dios masculino.
 Cuando las latinoamericanas escuchan hablar de la Gran Diosa en relación a sus problemáticas la reciben como un manantial de agua fresca en medio del desierto. Después de todo, hace tan solo cinco siglos que las mujeres adoraban a las diosas precolombinas y aún lo siguen haciendo en muchas comunidades. Así, las mujeres de la Diosa en América Latina estamos rescatando a las diosas indígenas a fin de reencontrar en ellas la dimensión sagrada de nuestros derechos.
 Feministas académicas y políticas suelen temer que esta espiritualidad sea una moda escapista que aleje a las mujeres de la lucha por los derechos, ya que todas las religiones que han conocido han sido opresivas y no imaginan algo diferente. Pero las tres décadas del Movimiento de la Diosa son suficientes para comprobar la íntima relación que han tejido las feministas espirituales entre derechos y espiritualidad. Para las que celebramos a la Diosa ambos hilos se tejen juntos.
 En “La Danza en Espiral”, Starhawk expresa que el movimiento feminista de por sí es mágico-espiritual, además de político. Es espiritual porque está dirigido a la liberación del espíritu humano, a sanar nuestra fragmentación, a llegar a estar completas. Es mágico porque cambia la conciencia, expande nuestra percepción y nos da una nueva visión, utilizando un concepto de la brujería, esto es, el arte de cambiar la conciencia a voluntad. “Para mí había una conexión natural entre el movimiento para darle poder a las mujeres y una tradición espiritual basada en la Diosa”, expresa Starhawk.
 Para las mujeres de la Diosa, la religión es una dimensión de la vida demasiado importante para dejarla sólo en manos de los varones y de las religiones patriarcales como únicas opciones de espiritualidad. Las mujeres que no se identifican con el ateísmo o el agnosticismo, desean terminar con el vacío de sacralidad que el patriarcado dejó en sus almas y cuerpos. Un vacío casi siempre ocupado por imágenes negativas de sí mismas. El retorno de la Diosa expresa esa necesidad y ese derecho.
 La autora investiga tradiciones sagradas femeninas y trabaja con el arquetipo de la Triple Diosa.

Las Mujeres de la Diosa
Por: Analía Bernardo
Contacto: analiabernardo@yahoo.com
De: http://www.jornada.unam.mx
 Bibliografía
 Starhawk, “La Danza en Espiral. El Renacimiento de la
Antigua Religión de la Gran Diosa”. Ed. Obelisco,
Barcelona, 2002 (primera edición en inglés 1979).
Susana Budapest, “El Poder Mágico de las Mujeres.
Artes esenciales de la Espiritualidad Femenina”, Ed.
Robin Book, España, 1995 (primera edición en inglés
1980).
 Susana Budapest, “Cada día es una fiesta. La Abuela
del Tiempo. Celebraciones, hechizos y objetos sagrados
para cada mes del año”, Ed. Obelisco, Barcelona, 2001
(primera edición en inglés 1989).
 Susana Budapest, “La Gran Madre Luna”, Ed. Obelisco,
Barcelona, 2001 (primera edición en inglés 1991).
 Vicky Noble, “Madre Paz, un camino hacia la Diosa a
través del mito, el arte y el tarot”, Ed. Cuatro
Vientos, Chile, 1991.
 Barbara Walker, “The Woman’s Encyclopedia of Myths and
Secrets”, Harper & Row, Usa, 1983.
 Marija Gimbutas, “The Goddeses and Gods of Old Europe,
Myths and Cults Images”, University of California
Press, Los Angeles, 1982. “Diosas y Dioses de la
Antigua Europa”, Ed. Istmo, Madrid, 1991.
“The Language of the Goddess”, Harper & Row, San
Francisco, 1989. “El Lenguaje de la Diosa”, Ed. Dove,
Oviedo, 1996.
“The Civilization of the Goddess: The World of Old
Europe”, Harper San Francisco, 1991.

Riane Eisler, “El Caliz y la Espada”, Ed. Cuatro
Vientos, Chile, 1990.
 Jean Ellen Harrison, “Mitología”, Ed. Nova, Buenos
Aires, 1947.
 Margaret Murray, “Witch Cult in Western Europe”.
Oxford University Press, 1921.
“El Dios de los Brujos”. Fondo de Cultura Económica,
1985.
 Robert Graves, “La Diosa Blanca”, Alianza Editorial,
1983.
 Analía Bernardo, “Eurínome, la Diosa Creadora”,
Colección Mitología Femenina, edición digital de
autor, Buenos Aires, 1997.

Analía Bernardo, “Deirdre y la Diosa del Amor”,
Colección Mitología Femenina, edición digital de
autor, Buenos Aires, 1999.
 Analía, Bernardo, “Esfinges, Gorgonas y Sirenas, las
desafiantes del lado oscuro”, Colección Mitología
Femenina, edición digital de autor, Buenos Aires,
2001.
 Starhawk (Miriam Simos)
 Susana Budapest


Fuente: Suplemento Triple Jornada, La Jornada. 3 octubre del 2005}
Subió a conferencia el 18 de Octubre del 2005


jueves, 22 de octubre de 2015

Diosas y espíritus femeninos.




Freyja, las Manzanas de Oro, las Valquirias y las Nornas.
Suele subestimarse  a la principal diosa de los Vanir, Freyja, hermana de Freyr, cuyo nombre significa "señora", porque la literatura resalta más a las deidades masculinas; pero se trata de una figura poderosa, venerada no sólo por las mujeres (que dejaron pocos testimonios), sino también por reyes y héroes. Compartía con los Vanir los símbolos del jabalí y el barco y se la vinculaba con el culto al caballo, aunque su carro iba tirado por gatos. Según cierta tradición, estaba casada con su hermano, algo habitual entre los Vanir. Circulaba el rumor de que concedía sus favores libremente a todos los dioses y aceptaba como amantes a reyes humanos, a quienes apoyaba durante su reinado y recibía tras la muerte. Se cuenta que Jarl Hakon, el último pagano que reino en Noruega, era devoto de la diosa Torgerd, quizás la esposa de Freyr, Gerðr, y podía identifcarse a ambas con Freyja. Al igual que Freyr, se asociaba a Freyja con la riqueza: derramaba lágrimas de oro y poseía un hermoso collar, símbolo de la Gran Diosa de época muy anterior.


Otra figura que podría asimilarse a Freyja es la diosa Gefiun, que transformó a sus cuatro hijos en bueyes y desprendió una porción de Suecia para formar la isla danesa de Selandia. Los dos nombres de Freyja, Gefiun y Gefn, derivan del término que designa "dar", y Freyja era una diosa que daba, que concedía fertilidad a la tierra y al mar y ayuda en el matrimonio y el parto. Una parte de su culto se vincula con la conservación de la familia, otra con el desenfreno sexual y con la magia negra. En las sagas islandesas se recuerda un ritual conocido como seid, en el que una mujer viaja por la tierra y contesta desde una elevada plataforma a las preguntas sobre el futuro que le planteaban, algo que freyja enseño a los dioses.Existen testimonios de que la diosa tenía sacerdotisas a su servicio, una de las cuales podría haber sido la mujer de alto rango enterrada en el barco de Oseberg, al sur de Noruega, en el siglo IX, con símbolos de fertilidad como manzanas y frutos secos y un esplendido carro procesional. Frigg, esposa de Odín, presenta muchos puntos en común con Freyja, y posiblemente ambas derivan de la diosa germánica Frea, de época anterior. Ambas podrían viajar en forma de ave y se las describe como diosas que lloran (quizá lamentando el destino de sus hijos y amantes).
Un mito posterior sobre Freyja, probablemente elaborado por un narrador cristiano, cuenta como obtuvo su famoso collar, obra de cuatro artesanos enanos, Freyja lo deseaba e intentó comparlo, pero el precio que pusieron los enanos consistía en pasar una noche con cada uno de ellos, a lo que Freyja accedió con tal de poseer la joya. Loki se lo contó a Odín, y éste le ordenó que robase el collar. Loki entró en forma de mosca en la alcoba de Freyja mientras dormía, se transformó en pulga y la picó, obligándola a darse la vuelta en la cama, de modo que pudo abrir el broche y quitarle el collar. Al descubrir su ausencia, la diosa sospechó que era obra de Odín y le exigió que se lo devolviese. Odín accedió, a condición de que Freyja provocara la guerra entre dos poderosos reyes, algo que le convenía a Odín. A continuación, el relato desemboca en una de las grandes leyendas heroicas de la época vikinga.
La idea de diosas madre y deidades femeninas asociadas con lagos y arroyos especiales de la primera época en el norte de Europa se prolongó hasta la época vikinga. Algunas se transformaron en espíritus locales; otras fueron sustituidas por la Virgen María con la llegada del cristianismo. Los espíritus femeninos también prestaban ayuda en tareas propias de mujeres.
Varios grupos de espíritus femeninos pertenecían a los Vanir estaban vinculados con la guerra. Los principales eran las Valquirias que elegían a los muertos, enviadas por Odín para decidir el curso de la batalla y para llevar a los difuntos nobles al Walhalla. En la literatura de la época vikinga se les presenta como mujeres nobles armadas con lanzas que van a caballo, pero existe también una tradición de gigantas temibles que se aparecen en sueños como presagios de la muerte inminente, derraman sangre sobre la tierra y devoran hombres en la batalla o cabalgan sobre lobos en compañía de cuervos, aves que se ceban en los cadáveres. Las Valquirias también presenta otro aspecto, el de espíritus protectores de la familia: en calidad de tales amparan a jóvenes príncipes, les dan nombre y espada, son sus esposas sobrenaturales, les enseñan la tradición bélica, los protegen en la guerra y los reciben en el túmulo cuando mueren. Existen múltiples nombres de Valquirias: los más sencillos significan "batalla", como en el caso de Hild, y muchos de ellos son invenciones poéticas, carentes de base mitológica.


También hay diosas individuales de las que apenas se sabe nada, como Skaði, esposa de Njord, que lleva arco y eskíes, y Nanna (esposa de Balder), Sif (esposa de Thor y Sigyn (esposa de Loki) son poco más que nombres. Todo parece indicar que Rán, casada con el dios del mar, recibía a los marineros ahogados en su palacio y era una personificación del océano, al igual que su esposo.
Suscitan mayor interés las Nornas, diosas o gigantas que decidían la suerte de los seres humanos y de los dioses. Visitaban las cortes reales para trazar el destino de los príncipes recién nacidos, y se las asociaba con el Manantial del Destino, el arroyo que discurre bajo el Árbol del Mundo, fuente del conocimiento secreto. En algunos casos se mencionan tres Nornas, en otros, un grupo mayor. También estaba muy extendido el culto a las Disir, diosas a las que, según la tradición, se ofrecían sacrificios a veces humanos, en Upsala. Se cree que su principal festividad se celebraba en otoño, al comienzo del año nuevo, coincidiendo con el gran festival en honor de los dioses.

Dolores Álvarez Cordeiro)

miércoles, 21 de octubre de 2015

MAINHDRA ORACIÓN A LA MADRE UNIVERSAL




ORACIÓN A LA MADRE UNIVERSAL
Te alabamos
oh madre Universal
plena es Tu Gracia
la unidad esta en Tí
Sagrada Energía Femenina
Gestas en ti La Nueva Era Guanche
Oh suprema Madre Universal
intercede por nosotros
seres de la superficie de la Tierra
para que podamos consagrarnos
como dignos hijos de la Diosa
en la fe, la luz
la paz, la protección
la cura, la unidad
el amor, el perdón
la reconciliación, la caridad
la humildad y en la Transmutación
ahora
y en el momento de nuestra total
y definitiva entrega
a la Madre Creadora
ASÍ  SEA




martes, 20 de octubre de 2015

MADRE CÓSMICA



MADRE CÓSMICA 

Mi corazón de mujer es rociado con el dulce néctar de sanación que la Madre Cósmica me entrega. En este momento soy parte del Círculo Sagrado de Mujeres de Luz, y unida a mis hermanas, activo mi fuerza espiritual para irradiar energía amorosa a través de mis manos y mi conciencia. 

 Te pido Madre Cósmica que bendigas mis manos y las manos de mis hermana/os en todo el mundo para poder canalizar aquí y ahora tu Luz Sanadora hacia la Madre Tierra. 
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu paz. 
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Luz. 
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Amor. 
Ayúdanos a despertarnos como Mujeres Sagradas, guerreras del Amor, defensoras de la Vida. 
Acompañada por la Fuerza espiritual de todas mis hermanas envuelvo a la Tierra en una Luz intensamente Violeta y la limpio de todas las heridas. 
Libero en este instante su dolor y sufrimiento y envuelvo a la Tierra en una serena Luz Rosada, llenando de vibración amorosa cada rincón de este planeta. 
El poder gestante de mi útero se une al poder gestante de los úteros de mis hermanas, y entre todas formamos un círculo sagrado de protección para la Madre Tierra. 
Estando juntas y conscientes de nuestro poder femenino unificado, nuestro Amor es un arma concreta, más poderosa que cualquier arma de guerra. 
Abro en mis circunstancias actuales canales hacia la Gracia Divina. 
Me comprometo a Ser Guardiana de la Madre Naturaleza, amando y cuidando todo lo que la Diosa ha creado en la Tierra. 
Me comprometo a mantener viva esta oración día tras día, fortaleciendo el Círculo de Mujeres de Luz. 
A través de mis actos cotidianos me comprometo a sembrar Amor en la Tierra

lunes, 19 de octubre de 2015

Las Tres Madres o “Matres”




Matres es un título en latín (que significa, literalmente, ‘Madres’) dadas a estas Diosas madres, que a menudo son representados como una tríada de figuras. Estas antiguas divinidades femeninas de nombre colectivo merecen especial atención como Matronas, númenes benéficos, de carácter regional, y protectoras de los campos, veneradas en el noroeste de Europa entre el siglo I y el V d. C. También en el curso medio del Rhin. Son conocidas  por las inscripciones romanas en Gran Bretaña y puede estar representadas en los antiguos cuentos de Irlanda. Sin embargo, el centro del culto de las Matres es esencialmente dentro de los límites de la Tène-cultura (Tierras Centrales Célticas ) lo que sugiere fuertemente que este culto era de origen celta.

 Las Matres son la triple diosa ctónica y fecunda de la naturaleza, una mujer muy vieja que se transforma en joven fértil y pródiga. Las sacerdotisas de la Madre eran las protectoras del clan, contra las hambrunas y las enfermedades. La diosa triple también están relacionada con las aguas y la salud, pues a ella estaban consagradas fuentes y pozos de propiedades curativas.
Eran tres, protectoras de la fecundidad humana y de la fertilidad de los campos, pues llevan cestos de frutas y van acompañadas de niños. Se relacionan de modo transparente con diversas divinidades femeninas triádicas, vinculadas a la fecundidad, que se citan en los ciclos mitológicos. Como otras deidades de este tipo, las Matres tenían también una vinculación con el inframundo.
Tienen, asimismo, un carácter mistérico, que proviene de su transformismo y representación múltiple, avalado desde su más remota antigüedad. Ha quedado una buena muestra de las mismas en el folklore europeo. Aparecen en numerosas representaciones escultóricas como tres diosas, sedentes en la mayoría de los casos, con productos de la tierra en sus manos. Otros motivos incluyen representaciones de sacrificio-incluyendo la quema de incienso, cerdos y copas llenas de frutales y decoraciones de frutas, plantas y árboles. Además, aparecen las serpientes, los niños y los pañales.
El culto a las Matres estaba especialmente extendido en las regiones célticas, habiéndose descubierto en Britania diversos restos escultóricos e inscripciones relacionadas con ellas,8 Galia, Germania, norte de Italia y el norte de España celtíbero. En la medida en que el culto tuvo una extensa área de practicantes, ocurrió que las identidades de las Matronae se diversificaron. Difirieron mucho de un lugar a otro, con muchísimos nombres, algunos de ellos expresando su patronato de una localidad: Deae Matres (o Matrones), los Suleviae, Alaferhuiae, Aufaniae, Cartovallensiae, Rumaneheihae, Domesticae, Comedovae, Vatviae y muchos otros. En Glanum, Provenza, fueron llamadas las Glanicae. Su número era el más probablemente influido por la tradición celta del triplismo, que consideraba al número tres particularmente de buen augurio.
Hay también numerosas Diosas matronales individuales en el Norte de Europa (Mammau), muy difícil de distinguir de sus variedades triples (de las que derivan con frecuencia, o viceversa), aunque la versión triádica está claramente relacionada con las hadas de la mitología griega y las furias de la mitología romana, y con las nornas de la mitología nórdica,
A la diosa celta Briga o Brigid se le relaciona estrechamente con la imagen de las Tres Madres. La producción de alimentos, la fertilidad de la tierra y la fecundidad de la Madre Naturaleza son todas las funciones clave de la Diosa Madre. Briga tiene tres aspectos diferentes que son todos partes de la misma diosa sin edad. Los aspectos separados de su triple naturaleza es una ordenada división del trabajo para esta diosa con multiples facetas de origén solar.
Podríamos definir la imagen de la Matre como el del ideal o resultado sociológico de las mujeres que asumen un importante papel en los asuntos de la colectividad como. gobernantas, protectoras, sanadoras, nutricias y fecundas: la «especie del sistema matriarcal» que regía a los celtas y otros pueblos europeos,
La dedicación a las Madres Aufanian Museo: Bonn, Rheinisches Landesmuseum


domingo, 18 de octubre de 2015

Otro punto de vista: La Diosa




La Diosa es la Madre universal. Es la fuente de la fertilidad, de infinita sabiduría y de los cuidados amorosos. Ella posee tres aspectos: la Doncella, la Madre y la Anciana, que simbolizan las Lunas Creciente, llena y Menguante. Ella es en un tiempo el campo no arado, la plena cosecha y la Tierra duramente, cubierta de nieve. Ella da a luz abundancia. Mas, una vez que la vida es un presente suyo, ella la presta con la promesa de la muerte. Esta no representa las tinieblas y el olvido sino un reposo por la fatiga de la existencia física. Es una existencia humana entre dos encarnaciones. Una vez que la Diosa es la naturaleza, toda la naturaleza, Ella es tanto la tentadora como la vieja; el tornado y la lluvia fresca de primavera; la cuna y el túmulo. Sin embargo, a pesar de ser hecha de ambas naturalezas, la Wicca la reverencia como la adoradora de la fertilidad, del amor y de la abundancia, si bien su lado oscuro es también reconocido. Nosotros la vemos en la Luna, en el silencioso y fluyente océano, es el primer retoño de la primavera. Ella es la incorporación de la fertilidad y del amor. La Diosa es conocida como a Reina del paraíso, Madre de los Dioses que crearon los Dioses, la Fuente Divina, la Matriz Universal, La Gran Madre e incontables títulos más. Muchos símbolos son utilizados en la Wicca para honrarla, como el caldero, la copa, el hacha, flores de cinco pétalos, el espejo, collares, conchas de mar, perlas, plata, esmeralda... para citar unos pocos. Por gobernar la Tierra, el mar y la Luna, muchas y variadas son sus criaturas. Algunas incluirían el conejo, el oso, la lechuza, el gato, el perro, el murciélago, la oca, la vaca, el delfín, el león, el caballo, el escorpión, la araña y la abeja. Todos son sagrados a la Diosa. La Diosa ya fue representada como una cazadora corriendo con sus perros de caza; una deidad celestial caminando por los cielos con polvo de estrellas saliendo de sus pies; la eterna Madre con el peso de la crianza; la de nuestras vidas y muertes; una Anciana caminando bajo la luz de la luna buscando los débiles y olvidados, así como muchos otros seres. Mas, independientemente de como la vemos, Ella es omnipresente, inmutable, eterna.


Fuente: - Guía para el practicante solitario, Scott Cuningham - 

LA DIOSA


Reflexión

LA DIOSA. CÓMO LA VEO EN LA ACTUALIDAD. La teología central de la religión de la Diosa se centra en torno al ciclo de nacimiento, crecimiento, muerte, pudrición y regeneración que se revela en todos los aspectos de un universo dinámico y consciente. La Diosa es el cuerpo vivo de un cosmos vivo, la conciencia que infunde a la materia y la energía que produce el cambio. Ella es la vida que intenta eternamente mantenerse, reproducirse, diversificarse, evolucionar y engendrar más vida; na fuerza mucho más implacable que la muerte, aunque la propia muerte es un aspecto de la vida. 
Cuando estoy en un estado de ánimo antropomórfico, me gusta pensar que la Diosa está, eternamente, intentando divertirse mediante la creación de momentos de belleza, placer, humor y drama. Para ayudarla en este proyecto, ella hizo evolucionar a los seres humanos, que quizá sean sus hijos más complejos y extraños, al menos en este planeta. Como todos los niños, hacemos cosas que ella nunca hubiera pensado y que no necesariamente aprueba. Estamos dotados de libertad, es decir, con la capacidad de cometer errores, incluso a escala mundial. Nosotros mismos somos aspectos de la Diosa, co-creadores y, por lo tanto, responsables de limpiar los desastres que hemos hecho y de cuidar nuestra parte del todo. 
Hasta el momento he estado hablando de la Diosacomo el todo, la unidad subyacente de la cual todas las cosas son aspectos. Pero también hay Diosas, maneras específicas de imaginar y experimentar ese todo, distintos caminos que conducen al centro. Todas ellas son reales, en el sentido de que son fuerzas poderosas y caminos distintos. Empieza a trabajar con una, y experimentarás unos cambios diferentes de los que te ocurrirían si eligieras a otra. Algunos de esos aspectos pueden ser también imágenes masculinas: Dioses. 
Por supuesto que la Diosa, el todo, no tiene genitales (o es todos los genitales). Pero yo prefiero usar una palabra de género femenino por diversas razones. Una de ellas es, simplemente, que en este momento de la historia, creo que, subconscientemente, todavía percibimos a un mundo de género neutro como masculino. La Diosarompe con nuestras expectativas y nos recuerda que estamos hablando de algo distinto al Dios-Padre patriarcal.
La imagen femenina también nos recuerda que lo que nosotros llamamos sagrado está inmanente en el mundo, encarnado (y, por ende, se puede percibir a través del cuerpo, de los sentidos, del contacto con las cosas reales y a través de metáforas basadas en el cuerpo). Lo que valoramos es la vida traída al mundo, alimentada, sustentada, replicada y regenerada. La materia misma es sagrada.
De modo que la Diosanos recuerda que nuestra espiritualidad no nos lleva fuera del mundo, sino que nos trae plenamente a él, y que nuestro objetivo es vivir en el, preservarlo, protegerlo, luchar contra su destrucción, disfrutar de él, transformarlo, ensuciarnos las manos y enterrar nuestros pies en el barro. 
Hoy en día, vivo a la Diosa primordialmente como la expresión de la tierra y del lugar. Cuando empezamos a entender a la tierra como un organismo vivo, la Diosa es la conciencia de la tierra viviente, y sus varios aspectos son los reflejos de la tierra, el clima, la red ecológica de un área determinada. Por ello, la Diosa Deméter, la patrona de la agricultura y de la cebada, era honrada en Eleusis, que una vez fue la llanura más fértil de toda Grecia (hoy se halla entre las tierras más contaminadas de todo el país). Su hermana, Atenea, Diosa del olivo, que crece en colinas pedregosas, se honraba en las tierras más secas y elevadas de Atenas. Las diosas y los dioses dan cuerpo a las relaciones reales que mantenían los pueblos antiguos con la tierra, la comida, los animales y las técnicas que sostenían su vida y su cultura. Los pueblos indígenas son finos observadores de todos los aspectos de la vida que les rodea y también son buenos comunicadores. Saben que la tierra, las plantas, los animales, los pájaros, insectos y microbios que nos rodean y que sostienen nuestra vida están en comunicación constante. Abrirse a la Diosa es ser consciente de lo que la etnobotánica Kat Harrison denomina “la gran conversación”, aprender a escucharla y, finalmente, gracias a la magia, a hablarla. 

La diosa
El simbolismo de la Diosa ha adquirido un poder electrizante para las mujeres modernas. El redescubrimiento de las antiguas civilizaciones matrifocales nos ha dado un profundo sentido del orgullo por la capacidad de la mujer de crear y mantener una cultura. Ha expuesto las falsedades de la historia patriarcal y nos ha proporcionado modelos de la fuerza y la autoridad femeninas. Una vez más, en el mundo actual reconocemos a la Diosa, antigua y primitiva, la primera de las deidades, la patrona de la cacería de la Edad de Piedra y una de las primeras sembradoras de semillas, bajo cuya guía fueron domesticadas las manadas y se descubrieron las primeras hierbas sanadoras, en cuya imagen se crearon las primeras obras de arte, para quien se levantaron las piedras verticales, y la cual fue la inspiración de canciones y poesías. Ella es el puente sobre el cual podemos atravesar los abismos que hay en nuestro interior que fueron creados por nuestro condicionamiento social, y volver a conectar con nuestros potenciales perdidos. Ella es el barco en el que navegamos por las aguas del Yo Profundo, explorando los mares inexplorados de nuestro interior. Ella es la puerta a través de la cual pasamos al futuro. Ella es a caldera en la que quienes hemos sido partidos en dos nos cocemos a fuego lento hasta que volvemos a estar enteros. Ella es el tránsito vaginal mediante el cual volvemos a nacer. Una visión general histórica y/o cultural de la Diosa y sus símbolos requeriría varios volúmenes y yo no lo intentaré en el reducido espacio de este libro, especialmente cuando hay tan buen material disponible60. Antes bien, me limitaré a hablar de la Diosa tal como la ve la brujería y me concentraré en su función y su significado para las mujeres y los hombres de hoy. La gente suele preguntarme si creo en la Diosa. Yo respondo: “¿Crees tú en las rocas?”. Es sumamente difícil para la mayoría de occidentales captar el concepto de una deidad manifiesta. La frase “creen en” implica que no podemos conocer a la Diosa, que Ella es algo intangible, incomprensible. Pero nosotros no creemos en las rocas: podemos verlas, tocarlas, desenterrarlas de nuestros jardines o impedir que los niños se las lancen mutuamente. Las conocemos; conectamos con ellas. En el Oficio, no creemos en la Diosa; conectamos con Ella a través de la luna, las estrellas, el océano, la tierra, los árboles, los animales, a través de otros seres humanos y de nosotros mismos. Ella está aquí. Ella está dentro de todos nosotros. Ella es el círculo completo: tierra, aire, fuego, agua y esencia, cuerpo, mente, espíritu, emociones y cambio. La Diosa es la primera de toda la Tierra, la oscura madre cariñosa que crea toda vida. Ella es el poder de la fertilidad y la generación; el útero también la tumba receptiva, el poder de la muerte. Todo procede de ella; todo regresa a Ella. Como tierra, ella es también vida vegetal: árboles, hierbas y cereales que sostienen la vida. Ella es el cuerpo, y el cuerpo es sagrado. Útero, pecho, vientre, boca, vagina, pene, hueso y sangre: ninguna parte del cuerpo está sucia, ningún aspecto de los procesos de la vida está manchado con ningún concepto de pecado. El nacimiento, la muerte y la pudrición son artes igualmente sagradas del ciclo. Tanto si estamos comiendo, durmiendo, haciendo el amor o eliminando desechos corporales, estamos manifestando a la Diosa. La Diosa Tierra es también aire y cielo, la celestial Reina del Cielo, la Diosa Estrella, regente de las cosas sentidas pero no vistas: del conocimiento, la mente y la intuición. Ella es la musa que despierta todas las creaciones del espíritu humano. Ella es la amante cósmica, la estrella matinal y vespertina, Venus, que aparece cuando uno hace el amor. Hermosa y resplandeciente, ella nunca puede ser captada o comprendida; la mente es atraída incluso más allá en el impulso por conocer lo no conocible, de decir lo inexpresable. Ella es la inspiración que llega con la respiración. La Diosa celestial es vista como la luna, la cual está vinculada a los ciclos mensuales de la mujer de sangrado y fertilidad. La mujer es la luna terrestre; la luna es el huevo celestial que flota por el cielo del útero, cuya sangre menstrual es la lluvia fertilizante y el rocía fresco, que gobierna las mareas de los océanos; el primer útero de vida sobre la Tierra. De modo que la luna es también la Doncella de las Aguas: de las olas del mar, los arroyos, los manantiales, los ríos que son las arterias de la Madre Tierra; de los lagos, las fuentes profundas y los estanques ocultos, y de los sentimientos y las emociones que nos arrastran como las olas. La Diosa Luna tiene tres aspectos: Cuando Ella está creciendo, es la Doncella; cuando está llena, es la Madre, y cuando está menguando es la Vieja Sabia. Parte de la formación de todo iniciado incluye períodos de meditación sobre la Diosa en sus diversos aspectos.

FUENTE: - LA DANZA EN ESPIRAL, STARHAWK –