SITIO OFICIAL DE LA IGLESIA DEL PUEBLO GUANCHE

TENEMIR UHANA MAGEK GRACIAS PODEROSA SOL
ENEHAMA BENIJIME HARBA POR SALIR UN DÍA MÁS
ENAGUAPA ACHA ABEZAN. PARA ALUMBRAR LA NOCHE.

viernes, 16 de enero de 2015

OTRAS IMÁGENES SINCRETIZADAS DE NUESTRA SEÑORA CHAXIRAXI EN LAS ISLAS CANARIAS

 

 





T A R A




TARA: En la isla de Tamarant (Gran Canaria) existe una localidad que lleva la nomenclatura  Tara. En este lugar se encontró un figura antropomorfa de barro cocido de exuberantes caderas que los especialistas han catalogado como deidad representativa de la Diosa de la fecundidad, y le ha asignado el nombre de la localidad donde fue encontrada por lo que es popularmente conocida como el “Ídolo de Tara”. Pero veamos, Tara es una Diosa conocida y venerada universalmente, pero especialmente en Irlanda, la India, y es Diosa protectora del Tibet, es la versión asiática de la Diosa Astarté-Tanit. Tara es un nombre sánscrito cuya raíz Tri significa el causativo “hacer atravesar”, “hacer alcanzar la otra orilla”, tanto en sentido propio como figurado, de ahí el sentido general de “salvar, socorrer, liberar”. Tara es por lo tanto “aquella que hace atravesar (el Océno de la existencia)” o también “aquella que hace alcanzar (la otra orilla en la que cesan los estados condicionados de la existencia)”

Tara es principio femenino de liberación, perfección de la sabiduría, y  es madre de los Budas, protectora del Tibet, Tara la bodhisatva habría nacido bajo los rasgos de la princesa “Luna de sabiduría”, que decidió hacerse monja. Los monjes le aconsejaron orar para obtener un renacimiento más propicio en un cuerpo masculino. Ella les respondió que en la realidad última, no existen ya ni hombre ni mujer así como no existen el “yo” y el “mío”, e hizo voto de continuar manifestándose en un cuerpo de mujer para ayudar a todos lo seres, hasta que el Océano de la existencia samsárica se seque.

Arquetipo del principio femenino, Tara ha podido ser aceptada en tanto que buda femenino gracias a la aparición de trantrismo. Su culto se ha desarrollado en el Tibet en el siglo XI, bajo la influencia de Atisha, fundador del orden Kadam, precursor de los Gelugpas. Pero ya en el siglo VIII, Guru Padmasambhava afirmaba que “es necesario un cuerpo humano para alcanzar la iluminación. Hombre y mujer, no hay diferencia. Pero para quien está decidido a desarrollar el espíritu del despertar, un cuerpo de mujer es más favorable.”


Tiene cuatro formas pero las dos formas más conocidas de Tara son la verde y la blanca, así como 21 manifestaciones que son objeto de una bella plegaria. La Tara verde protege de los miedos, de los peligros y de los enemigos, que ella doma pacíficamente. La Tara blanca es invocada a menudo para obtener curación y longevidad.

Tara protege a sus fieles de ocho peligros específicos que son:

1.-El miedo del León de la arrogancia (o sobre estima de sí mismo)
El Rey de los animales está bajo la marca del orgullo, y los pequeños animales tienen miedo de él. De la misma manera nosotros debemos tener miedo del orgullo que nos hace despreciar a los otros y arriesga de hacernos renacer entre los dioses (Según creencia indú). Ciertamente los dioses (deva) gozan de una gran felicidad, pero esta felicidad no es la Liberación y el ciclo de la trasmigración no se ha terminado para ellos.

2.- El miedo de la serpiente de los celos
Lo mismo que las serpientes tienen su nido en los agujeros y no salen de ellos más que para picar, de la misma manera, los celos, que tienen su nido en la ignorancia, no soportan los bienes y las cualidades de los demás. Los celos hacen renacer en el lugar de los titanes o de los semi dioses: estos se envidian entre si y se baten sin cesar.

3.- El miedo del elefante de la ignorancia
Por lo mismo que hay que controlar al elefante para que se vuelva útil, así debemos ser vigilantes hacía nuestro mental que por ignorancia nos hace acumular numerosas negatividades y puede hacernos renacer entre los animales.

4.- El miedo del Océano del deseo-apego
Erramos en la existencia como náufragos en el Océano: estamos en las tormentas y sufrimos el nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte. Y sin embargo estamos firmemente atados a esta vida y a sus condiciones desastrosas. Este deseo-apego es característico de la condición humana: si no es superado, es el de renacer en este estado humano.

5.- El miedo de las cadenas de la avaricia
Estamos nosotros encerrados en el samsara como ladrones en prisión, y en lugar de buscar la Liberación, nuestras almas se apegan a todos los bienes de este mundo que son otros tantos obstáculos sobre el camino de la Budeidad. La avaricia hace renacer en los pretas o espíritus ávidos.

6.- El fuego del miedo del odio
El fuego del bosque destruye todo si el viento lo favorece; de la misma manera el odio tiene el poder de destruir en nosotros todos los potenciales positivos que nos han sido consagrados al bien de todos los seres. El odio hace renacer en el lugar de los demonios en los infiernos más profundos.

7.- El miedo del fantasma de la duda
Las dudas y los puntos de vista cambiantes nos vuelven irresolutos en el sendero de la Liberación: semejantes a fantasmas, estos puntos de vista nos provocan miedo y perturban a la vez nuestros cuerpos y nuestras almas.


8.- El miedo del ladrón de los puntos de vista falsos
Como los ladrones en la orilla de los caminos, los puntos de vista falsos, tales como el hecho de no creer en la ley de la casualidad o de creer en la existencia intrísica de los agregados, nos esperan para quitarnos los puntos de vista justos y perdernos en el camino del despertar.


TEROR: El origen de Teror puede buscarse con anterioridad a la conquista y colonización de Tamarant (Gran Canaria) por la Corona de Castilla, a finales del siglo XV, si bien su población debió de ser poco numerosa hasta comienzos del proceso de colonización, como así lo atestigua la escasez de restos arqueológicos hallados en el municipio, de los cuales destaca el poblado guanche de Guanchía. 
 
               De hecho, su nombre deriva del topónimo aborigen Therore o Terori, del cual, en la actualidad, desconocemos su significado aunque es posible que tenga relación con el santo o antepasado mítico a quien estaba dedicado el santuario que existía en el pino. La población de Teror –al igual que la de Candelaria en Tenerife- nació por y para la Diosa.

La génesis histórica de la villa de Teror está unida a la aparición de la imagen de la Virgen del Pino, convirtiéndose a partir del siglo XVI, con la creación de la Parroquia en el año 1514, en el centro de peregrinación de la isla de Gran Canaria.  Se desconoce con exactitud la fecha de la aparición de esta imagen, aunque, según algunas referencias, el obispo Juan de Frías la visitó el ocho de septiembre de 1481, fecha en la que actualmente se conmemoran las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pino.

 En torno  al templo, erigido junto al Pino Sagrado donde se produjo la “aparición” mariana, surgió el núcleo urbano en el que se construyeron las casas señoriales y palacios de la burguesía terrateniente de la zona. A partir de entonces se configura uno de los núcleos de población más importantes de la Isla de Gran Canaria, contando con Alcalde Real desde esa centuria.

La importancia de Teror como centro de peregrinación  queda atestiguada en distintos episodios a lo largo de la historia insular. Lugar de protección ante catástrofes naturales, como las constantes sequías que azotan nuestro territorio, epidemias, crisis económicas o guerras.

               En este sentido cabe destacar como, en 1588, el Cabildo Catedral de Las Palmas acordó llevar el Tesoro de Santa Ana a Teror, ante la posibilidad de una invasión; la valerosa resistencia en este municipio de las milicias populares, ante el ataque de los corsarios holandeses comandados por Pedro Van der Does, en 1599; o cómo se refugian numerosas familias en dicho lugar, por el miedo ante un posible ataque norteamericano en 1898, que nunca llegó a producirse.

El desarrollo del municipio, además de ejercer como centro de atracción de peregrinos, está íntimamente relacionado con el impulso de las actividades agrícolas y ganaderas. Si bien

               Teror no fue un lugar elegido para la instalación de las grandes explotaciones agrícolas, destinadas a los cultivos de exportación que han marcado los ciclos históricos de la economía insular, tales como la caña de azucar en el siglo XVI, la vid en el XVII, la cochinilla en el XIX y el plátano y tomate en el XX, esta Villa de medianías pronto se convirtió en un centro de producción de productos agrícolas y ganaderos de subsistencia.

A partir de finales del siglo XVII, y principios del XVIII, se produce un impulso fundamental en la economía del municipio, como consecuencia de la introducción de nuevos cultivos de gran rendimiento, como son la papa y el millo. Este crecimiento económico  tiene su reflejo en la dinámica poblacional, pues en este momento se produce el aumento demográfico más importante que registra la localidad hasta ese entonces. Teror, sobre todo después de la creación del mercado en la plaza, que, junto al  de Telde, fue el primero de la isla, se convierte en el centro dinamizador de las explotaciones agrarias de la zona. El esplendor económico de la época tiene su reflejo en la arquitectura, puesto que es a partir de este momento cuando se construye la mayor parte de los edificios emblemáticos de la villa, auspiciados por la burguesía local.

El siglo XIX, tras el nuevo modelo administrativo implantado en España tiene su reflejo en las colonias, lo que supone el surgimiento de la villa de Teror como municipio, con su Ayuntamiento propio.  No obstante, ha de hacer frente a esta nueva situación asumiendo una importante pérdida, tanto de territorio como de población, pues en este momento se produce la segregación de Valleseco, que se conforma como municipio independiente de Teror. No fue el Novecientos un buen siglo para la villa, pues sus vecinos debieron de hacer frente no sólo a los conflictos sociales originados por la burguesía terrateniente por el acaparamiento de tierras y agua, sino también a  crisis económicas, hambrunas y epidemias que arrastraron al sector más débil de la población a la pobreza extrema y a  muchos de ellos a la emigración forzosa, sobre todo a Cuba. No obstante, a medida que nos aproximamos al siglo XX  debido a la implantación paulatina de los cultivos del tomate y plátano impulsado por el capital inglés, vamos asistiendo a una mejora de la situación economicosocial.
Por otra parte, unida al municipio de Teror hallamos la conflictividad social, fundamentalmente en el siglo XVIII y primer tercio del siglo XIX. Se trata de un problema "de aguas", la asignación a la Heredad de Tenoya de la mayor parte de sus aguas. De esta forma se generan numerosos conflictos relacionados con la usurpación del agua a Tenoya, por parte de los vecinos de Teror y Valleseco, integrados en un mismo municipio hasta 1842-43, aunque la parroquia no se creará hasta 1846. (Suárez Grimón, V. J.: 1993: 129)
A estos conflictos sociales debemos unir las protestas de 1810 y 1823 por las roturaciones de las tierras de Doramas, por parte de los vecinos de Moya y Guía. Por tanto la propiedad de la tierra y el agua juegan un papel fundamental en la historia de Teror, puesto que se trata de la base económica y por tanto social del Antiguo Régimen y del siglo XIX. Pero estos conflictos han llegado hasta nuestros días. Un claro ejemplo lo vemos en el problema de la explotación comercial de la Fuente Agria.
Actualmente, Teror es un municipio en expansión, tanto por su cercanía a Las Palmas de Gran Canaria como por su dinamismo económico, y por ser uno de los centros de peregrinación más importantes del archipiélago. Por un lado, mantiene, aunque en los últimos años se asista a una disminución de estas actividades, un importante sector agrícola destinado a la producción de productos para abastecer el mercado local. Por otro lado, el municipio cuenta con una industria alimenticia  de amplio reconocimiento en la isla: repostería, embutidos y aguas minerales, además de seguir siendo el lugar más importante de peregrinación de Gran Canaria, al encontrarse la Virgen del Pino, patrona de la Diócesis Canariense, verdadero motor económico de este municipio de las medianías insulares.

Teror destaca también por poseer un importante legado artístico y cultural colonial, fruto de la rica historia que ha forjado sus gentes. En este sentido, el casco antiguo  de Teror ha sido declarado “Conjunto Histórico Artístico”, por Real Decreto en 1979. Destacamos del mismo la primitiva ermita y germen de la actual Basílica de Nuestra Señora  del Pino. Data posiblemente de 1481. Fue de una sola nave y albergó la imagen de la Virgen, aunque se desconoce si es la original, “aparecida” en el  pino, o una traída en el siglo XVI por el capitán Juan Pérez Villanueva. Esta ermita se  sustituiría por otra edificación, debido a su estado ruinoso, en 1600.  El segundo templo edificado, de  mayores dimensiones, contó con tres capillas, camarín, coro y reloj. A éste se le adosó en 1708 una torre octogonal, conocida como Torre Amarilla, (recordemos que la forma octogonal está íntimamente asociada a la Diosa) siendo el único elemento conservado en la actualidad de la antigua construcción.

La actual Basílica se erige en la década de 1760, bajo la dirección del coronel Antonio Lorenzo de la Rocha. El edificio posee tres naves: la Mayor, la del Evangelio y la de la Epístola, ejecutadas con arcos de medio punto y cubierta a dos aguas. Destaca en su fachada la Torre Amarilla, antes mencionada.  La riqueza artística del templo se manifiesta  también en los cinco retablos, vidrieras, mantos, etc. Diversas obras escultóricas pueden admirarse en  el interior del templo: la propia imagen de la Virgen, que puede atribuirse al escultor sevillano del siglo XVI Jorge Fernández, o las realizadas por José Luján Pérez (el Cristo de la  Columna y San Juan). Destacan, además, varios retablos ejecutados por José de San Guillermo, del que sobresale el de la Capilla Mayor, que fue donación de la familia Carvajal y Matos (familia de noble origen canario).

La Plaza del Pino, donde se eleva la Basílica, fue mandada a construir por el coronel Antonio Lorenzo de la Rocha, siendo reformada posteriormente en varias ocasiones, e incluso  ha sido modificado el monumento de la Cruz Verde, lugar que conmemora la ubicación del sagrario de la segunda ermita.

El Palacio Episcopal es uno de los edificios coloniales más representativos del casco histórico. Los gastos de construcción fueron sufragados por el pueblo, en agradecimiento a los obispos Morán y Delgado. Lo forman  dos casas comunicadas en el interior y rematadas con dos escudos, uno que acredita que las casas pertenecían a la diócesis y otro colocado por el obispo Lluch y Garriga, al mandar construir una nueva ala en el palacio. El edificio ha sido remodelado para sus nuevas funciones de Casa de la Cultura.

El Monasterio del Cister se comienza a edificar en 1882, en un solar en el “Cercado de los Castaños”, propiedad de Agustín de la Rocha, a partir de un proyecto del párroco Judas A. Dávila. Se trata de un edificio  amplio, distribuido en tres cuerpos principales, la iglesia, el convento y el noviciado, que también se ha usado como escuela femenina. A los lados de la puerta de la Iglesia se encuentran dos medallones con los escudos del benefactor, obispo Pozuelo, y de la propia Orden Cisterciense. En la construcción del monasterio de Teror participarían también los vecinos, con sus donaciones y mano de obra.

La Casa de los Patronos es una vivienda situada en la misma plaza de Teror. En ella nació el bisabuelo de la que sería esposa del libertador Simón Bolívar, Mª Teresa Rodríguez del Toro de Bolívar. En esta casa han vivido varios patronos de la Virgen, entre ellos el linaje Manrique de Lara. La casa tiene patio central, con una fuente de cantería. Destaca la capilla, donde se exhibe un conjunto de casullas y se reverencia a la Dolorosa. En esta casa-museo están expuestas las pinturas del artista alemán, afincado en la Villa, Georg Heindrich. Además, hay objetos antiguos (vajilla, muebles, tapices), entre otros elementos de gran valor artístico y etnográfico.

               ORIGEN DE LA DEVOCIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL PINO EN GRAN CANARIA: El médico teldense  D. Tomás Arias Marín de Cubas, nos ha trasmitido un documento sumamente interesante sobre los comienzos de la veneración de nuestra Diosa Chaxiraxi bajo la advocación cristiana de Virgen del Pino, por considerarlo de interés para una mejor compresión del tema que hemos venido tratando lo reproducimos a continuación: “Puesta en obediencia de los Reyes Católicos la isla de Canaria por el capitán Pedro de Vera en el año de mil cuatrocientos setenta y siete: puso quien adotrinase y enseñase la fe, en varios lugares y sitios, y en uno llamado Teror distante tres leguas del Real de Las Palmas, entre Arucas y Guía que es junto a Galdar, se fabricó iglesia bajo la advocación de San Matías, y cerca de allí está un grandioso pino que tiene de alto desde su raíz al pie, hasta su última rama mide cuarenta y dos varas, que hacen doscientos ocho palmos y de grueso poco más de doce taladradas en la parte de poniente hacia las faldas de unas sierras y montañas, el tronco o primer cañón hasta donde se divide en tres gruesas ramas, mide treinta varas, donde hay ciertas piedras y tierra, y plantados  tres árboles dragos, de una altura de tres varas el más alto y un poco menos otro y el último de dos varas, y todos ellos situados en una copa de la muchas que tiene el árbol. Este pino con ser tan grande da sus frutos unas piñas muy pequeñas; la de mayor tamaño es como un huevo y los menores son del tamaño de almendras grandes, nunca se abren ni dentro tienen piñones, ni en Canaria los dan estos árboles aunque otros pinos los dan como en España pero no se abren; al pie de este árbol, había un zarzal de donde salia unos manantiales de agua que era recogida en un pozuelo, la llevaban los canarios, para dar de beber a sus enfermos, y otros tullidos de diferentes achaque venían a lavarse la parte enferma y verdaderamente sanaban, los españoles preguntaban la causa, y unos la negaban, y otros decían que allí había luces de noche, y venidos a estar en aquella tierra de los dragos, la Madre de Dios, con dos luces encendidas y otras veces que una estrella estaba continuamente en aquel sitio;  no se les daba crédito y llamabánlos de  perros idolatras; y el cura de la Parroquia de S. Matías que era portugués, el licenciado, Tristán, por vía de limosna pedía a los canarios paga por el agua del pozuelo; que la llevaban trayéndole ganado, gofio y lo que aquellos míseros gentiles tenían, para no faltar a su devoción[1][1], faltando el agua del manantial, quitaron las lozas del pie del árbol, reconociéndose que el agua viajaba del corazón del pino y estaba a modo de hueco lleno de finísima y fresca agua, faltó y se secó, dieron luego en llevar ramas, cáscaras y piñas; para de sus polvos dar a los enfermos, acreditóse esto más, con ver a los cristianos en este mismo lugar de los dragos por tres noches continuas repetidas luces, sin saber la causa;  de esto se imprimió y hubo impreso; mucho a cerca de esto, que con el tiempo no se ha podido hallar. Otro libro hubo en esta catedral que lo dio el capitán Pedro de Vera que lo hubo en Galdar, manuscrito en latín faltábanles hojas a el principio y fin. Era de los mallorquines, intitulado el testamento de los hermanos frailes, era de cuartilla en papel grueso, tampoco se sabe el fin que tuvo, daba razón de todas las islas y de otra llamada Tilla que así llamaban la madera con que cubren los techos de la casas los canarios. Continúese la devoción de Nuestra

               Señora; en que se dixo que luego que salió de canaria nuestra Señora de Candelaria[2][2], la vieron en este lugar, todos los años por el tiempo de su fiesta, y los canarios no se olvidaban de celebrar su memoria. La catedral mandó que se edificase iglesia y se mudó a ella la parroquia de San Matías y al pie del árbol se hizo un muro cuadrado de pared y almenas con su puerta para que no subiesen al árbol: es fama muy común que la Reina de los Ángeles dijo por repetidas veces a ciertos devotos suyos que allí se hiciese iglesia; la primera fue de piedra sola arrimada a el árbol, con imagen pequeña que llevó un devoto y la que hoy tiene la iglesia es de hechura muy hermosa y de prefecta obra de escultura que cien años poco más después de la conquista con otras imágenes se hicieron traer de España; que fueron Señora Sancta Ana que hoy es Nuestra Señora de la Antigua en la catedral y la imagen de la Concepción de La Laguna que encajonadas desembarcaron en las isletas de Canaria.

Lo que piadosamente se tiene es que aquella  piedras y tierra donde estaban plantados los dragos, debía estar el cuerpo de algún varón santo que en la isla muriese de los que trajeron a esta Señora o antes, desde Barcelona o Marruecos, y en haber tierra se colige ser así y en los efectos de sanar los enfermos con el agua del árbol, hojas y frutos y en que el lugar fue visitado de esta soberana princesa dejando sus santísimas plantas señaladas en una de aquellas pizarras como es público por toda la isla[3][3].

Un señor obispo hizo subir a un mozo portugués porque no hallaba quien osase en tanta eminencia arriesgase la vida[4][4], y dejó puesta una pequeña cruz en lo alto del árbol por mandato del obispo y vio lo que ya otros tenían dicho; los pies señalados de huellas de personas clara y distintamente uno más que otro, arrojó hojas de los dragos que son muy semejantes a las de los lirios casi sin diferencia abriéndolas por su parte de el tronco en dos mitades, se veía en cada parte señalada la imagen de nuestra señora con un niño en los brazos  muy prefecta diose fe de esto que se halló instrumento[5][5] y de algunos milagros que aquí se han obrado con la devoción de las piñas de éste árbol; el cual con la antigüedad y la mucha inclinación que cada día iba teniendo y estando casi hueco de alto a bajo por donde destilaba el agua se vino al suelo en día sereno y quieto día de pascua de resurrección a la noche por la noche año de 1684, a dos de abril, el día antes viéndole muy inclinado dio lugar a que le quitase la campana de la parroquia que pendía de una rama cortada de las más bajas; causó a todos los devotos mucho desconsuelo porque acompañaba su sombra la plaza del lugar y desde el pie del barranco, esta ira, pintada su forma para que haya quedado su memoria; y también el árbol drago por ser particular y no haberlo en el orbe sino en cinco islas de estas de Canaria, y en las de Madera y Puerto Príncipe de Indias  traen cierta goma de drago blanquizca y el árbol es desemejante en mucho a este de las islas; tambien se pondrá otra estampa de las cruces halladas en el laurel de la isla de La Palma; que son en esta forma. 


               Otro milagro se continúa hasta el día de este año de 1687. En Canaria en la iglesia de Nuestra Señora del Pino, un pedazo del drago que está parte del extremo de sus hojas, se puso en la cornisa de un remate de un  pilar donde está cada día brotando nuevas hojas que todos las vemos y es público el milagro continuado; hubo tres dragos, el uno hace mucho tiempo que se secó, el otro, se partió por medio como consecuencia de un huracán habrá cosa de un año poco más o menos, antes que se cayese el pino, el tercero, pudo haber vivido muchos años si no se hubiera caído el pino por la flaqueza que tuvo en el pie, como consecuencia del agua que destilaba desde arriba por el interior de su tronco hueco. Las piedras que estaban arriba (en el santuario de la copa del pino) desaparecieron recogidas por los vecinos, el que escondió la que tenía señaladas las plantas de la Virgen padece hoy muchos trabajos y aflicciones, este vecino la dio a ciertos navegantes de Indias que halla han padecido graves calamidades.[6][6]>>(Tomas Arias Marín de Cubas, op.cit.)

Continua D. Tomás describiéndonos las fuentes sagradas de aguas medicinales utilizadas por los canarios, no olvidémos que D. Tomás era médico, y por tanto interesado en los efectos curativos de éstas fuentes, razón por la que se tomó tanto interés por las mismas:

<<Cerca de este sitio está una fuente de agua agria que vienen a llevarla para diversos enfermos que dicen se hallan bien con ella aunque a las mujeres no les es de tanto provecho, mezclada con vino hace purgar a los hidrópicos las superfluidades, es provechosa a los que padecen temblor, convulsiones de nervios, epilepsia o mal de ojo corazón, gota artrítica y dolores fríos, y en sufocación de útero mezclada con miel, y para hipocondríacos ir a aquel sitio a usar de ella aprovecha mucho, y vienen de otras islas a esta a beberla, fuera bueno si la usaran para baños por ser desecante alvuminosa más que sulfúreas para estómagos que padecen vómitos, ansias que son especie de convulsión, y los que escupen sangre y que frecuentemente la tienen de espaldas, y las que padecen los meses largos,[7][7] y a las que sin causa manifiesta, frecuentemente mal paren, y a los que demasiadamente tienen sudores, y tumores de piernas y varices si a tiempo oportuno se bañaran en ellas.

Otras más fuentes de esta agua luminosa, más o menos fuerte se hallan; en el barranco que llaman de Guadalupe, están junto a unas higueras de canarios dos fuentes admirables una cerca de otra (deben ser las que dice Pomponio Mela) arrojan dos buenos arrojos cada una del grueso de un brazo y más de agua muy clara y trasparente, una tiene el sabor tan agrio que imita el zumo de las Limas o al agrio de las sidras. La otra su vecina es dulcísima sobre manera de excelente agua y juzgándose como la primera se abtuvieron de probarla, el lugar ofrece además la posibilidad de refrescarse, especialmente durante el mes de agosto con buenos higos de aquellas higueras que son muy antiguas.

El agua que mana de esta fuente que es agria, las que he visto que serán cuatro o cinco en esta isla, mana de diverso modo que las demás dulces porque es hirviendo, a modo de una olla o caldero, con mucho fuego lleno de agua, y alguna produce alrededor un salitre muy blanco o leve y esponjoso, que resulta al  gusto muy acre. Críanse de esta agua en el barranco de Cazares y en el Ganeguin muchos juncos marinos que dice Plinio en estas islas es papiro; tiene en sí otros manantiales que no han tenido ocasión de descubrirlos por ser la isla abundante de buenas aguas como hemos dicho en otra parte.  (Tomas Arias Marín de Cubas, [1684] 1993)

Durante más de un siglo, los canarios continuaron practicado sus ritos en el Santuario del Pino sin que los curas católicos se injiriesen en exceso en los mismos excepto para esquilmar a los canarios a cambio de hacer la vista gorda ante las continuadas prácticas religiosas ancestrales, hasta que un obispo de carácter poco tolerante-posiblemente Cristóbal de la Cámara y Murga- decidiese cristianizar el santuario del Pino Santo de Aterure, mandando a implantar una cruz cristiana en el mismo[8][8].

Como es habitual en la iglesia católica, al sincretizar los lugares de culto y cristianizar las imágenes “paganas”   rodean este hecho con infantiles leyendas que la piedad de los fieles les induce a aceptar ciegamente, aún en aquellos con cierta preparación intelectual. La conversión de la Diosa Tanit o Chaxiraxi no se libró de este proceso culturizador y desposeedor de la propia identidad del verdadero culto de que era objeto.

Una de las leyendas menos fundadas pero sostenida por determinados sectores poco informados, atribuye la “aparición” de la Virgen del Pino nada menos que al Obispo Juan de Frías, sevillano, quien a su condición de Obispo cristiano unía la de sanguinario mercenario, este “santo varón” durante la conquista de Canaria, cortó más cabezas de canarios que el propio Juan Rejón, no en vano el historiador Rumeu de Armas, dice de él que fue “el primer conquistador de Canaria”. Es difícil de creer que la Diosa cristiana o no se apareciese a un individuo de tal calaña, el cual dirigió personalmente a las tropas mercenarias en varios ataques contra los canarios y además gustaba de portar personalmente el denominado pendón de la conquista durante los combates, aunque es posible que éste hubiera visitado el lugar.


Otra leyenda con más visos de aproximarse a la realidad histórica, nos la transmite el prebendado del siglo XVIII, Fernando Hernández Zumbado en los siguientes términos: <<Nuestros padres nos han dicho que, dirigidos por un resplandor maravilloso, la encontraron (a la Virgen) en la eminencia de un pino, rodeada de tres hermosos dragos, de cuyas ramas se formaba una especie de nicho; que una lápida tersa le servía de peana y que del tronco de aquel árbol nacía una fuente perenne de aguas medicinales (finales del siglo XV).>>

La primera reseña escrita en castellano en torno a Nuestra Señora de Teror (del Pino) no aparece hasta 1634.

El que este santuario natural escapara durante tanto tiempo al férreo control de la iglesia católica, se explica por el hecho de que al ser la zona bastante fría y desapacible, era poco atractiva para los europeos, siendo los habitantes de los alrededores básicamente canarios los cuales debido precisamente a este aislamiento pudieron continuar practicando sus antiguos ritos, como hemos dicho, sin más molestias que la de los párrocos de San Matías, hasta que el mencionado Obispo Cristóbal de la Cámara y Murga, tomó cartas en el tema del santuario debido a la importante afluencia de fieles que asistían al mismo, los cuales debían ser debidamente canalizados hacía unas prácticas más profundas del cristianismo, creándose la leyenda de la “aparición” de la Virgen a este Obispo.

Esta leyenda está ampliamente recogida en diversos autores, entre ellos: Francisco López de Ulloa (1646), Juan Núñez de la Peña (1676), Fray José de Sosa (1678), y el tantas veces citado Tomás Arias Marín de Cubas (1687) Fray Diego Henríquez (1714).

En abril de 1684 se hace una investigación sobre el suceso de la “aparición” por el cura de Teror Juan Rodríguez Quintana, en la cual como era de esperar se aceptó la tradición cristiana de los colonizadores.

Como la iglesia católica gusta de mantener sus tradiciones como base de su sustento, en 1693, se investiga otra vez los supuestos hechos a instancia de Bartolomé Sánchez Ortega y, ante el escribano Lucas de Bethencourt Cabrera, varios testigos declaran que la imagen fue traída de España por el capitán Juan Pérez de Villanueva y su mujer María Sánchez de Ortega. Aún posteriormente, se volverá sobre el tema sin añadir nada nuevo.

Tras la caída del pino, la piedra, con grabados podomorfos que había servido de peana a la imagen de la Virgen, es buscada afanosamente, no aparece por parte alguna.

Se le atribuye al vecino Fernando Pérez Quevedo, que aprovechando la confusión que se produjo con la caída del pino, consiguió hacerse con ella y llevarla a Las Palmas de Gran Canaria; y que más tarde fue embarcada en el navío de Baltasar Padilla, el cual se hundió en la travesía hacia España.

A la “Santa Inquisición” le preocupaba el hecho de que el culto rendido a la imagen del pino no era todo lo ortodoxo que la iglesia católica acostumbraba. Hay constancia documental de que en 1788, el Tribunal de la Inquisición en Canarias dirigió a la Suprema de Sevilla una extensa exposición en la que detallaba cual era el complicado ceremonial seguido cada vez que la Virgen salía de su santuario y bajaba a la ciudad para implorar remedio contra el hambre, epidemia o la falta de lluvias, Así se manifestaban: “El pueblo ignorante que ve todo este aparato, cree que el remedio a todas las necesidades es la Virgen del Pino, que puede más que Dios, y que no trayéndola, no hay remedio para su miseria; y si el Cabildo tarda en determinar la venida, después que se pide, claman contra los canónigos”. Como se puede deducir, a pesar de la aparente cristianización del pueblo canario, éste deposita su confianza celestial en la Diosa y no en el Dios cristiano. Ya siglos antes, el Obispo Cámara y Murga, en las Sinodales de 1629, en la constitución 31 prohíbe que, se hagan votos de dejar sin mamar a los niños, o sin comer o beber a los animales, en fiestas de algunos santos, hasta después de las procesiones. Como se puede deducir, hasta esas fechas los canarios continuaban practicado su ancestral manera de rogar a las divinidades, en este caso, está latente el rito de la petición de lluvias.

Esta resistencia popular a abandonar el culto a la Diosa-Madre, se mantiene en la sensibilidad espiritual del pueblo canario actual, ello lo podemos constatar en las múltiples romerías que dedicadas a nuestras vírgenes tienen lugar en los diferentes pueblos de las islas durante todo el año, además de las frecuentes manifestaciones públicas mediante los medios de comunicación con que frecuentemente los ciudadanos exponen su malestar o desacuerdo con las directrices que la iglesia colonial católica trata de continuar dirigiendo la vida espiritual de los canarios.

(Tomado de:

file:///C:/Documents%20and%20Settings/Edu/Escritorio/GRAN%20CANARIA%20TRADICION%20Y%20CULTURA%20%27LA%20CATUMBA%27%20%20ILUSTRES%20CANARIOS.htm













viernes, 28 de noviembre de 2014

Los misterios de la vida después de la muerte


Hay quien después de haber tenido una experiencia cercana a la muerte, asegura haber visto las mismas señales, luces y seres de éter. Personas en distintas partes del mundo con la misma visión ¿Coincidencia o verdadera vida en el más allá?

Durante muchos años ha sido motivo de estudio y debate una característica común de las ECM (experiencias cercanas a la muerte), y es que la mayoría de las personas que han pasado por esta situación describen sobre todo 2 cosas. Una luz al final de un túnel y una sensación similar a flotar sobre el propio cuerpo.

Un equipo medico ha tratado de dar sentido científico a estas señales.

Esas visiones en el umbral de la muerte son algo más que conocido por miles de testimonios de los que han vuelto a la vida tras una muerte clínica, e incluso el cine y la literatura nos ha traído esas imágenes, y hay miles de foros y blogs donde la gente cuentas sus experiencias, pero la pregunta es: ¿si estas visiones no fueran el umbral del cielo o la muerte y fuera un simple mecanismo de respuesta físico?

El equipo de la doctora Zalika Klemenc-Ketis, de la universidad de Maribor (Eslovenia), intenta dar una nueva respuesta científica a estas experiencias.

Para ello, analizaron los casos de 52 personas que habían sufrido un ataque cardíaco, de los cuales 11 habían experimentado estas percepciones (experiencias cercanas a la muerte o ECM).

En casi todas estas dos características aparecían:

1. Flotan sobre su cuerpo físico, observando todo el acontecimiento y perciben que poseen otro cuerpo. Suelen presenciar su cuerpo inerte en la cama o quirófano.

Escuchan y ven cómo se les declara fallecidos.

2. Se van elevando y atraviesan por un oscuro túnel. A veces es un movimiento por una escalera o un vacío oscuro, el cual se traviesa con relativa rapidez y muchas veces con la sensación de estar flotando.

Pero, ¿Por qué se ve una luz al final de un túnel o se experimenta alegría?

La conclusión fue en que en estos casos de ECM suele darse un denominador común: un aumento de dióxido de carbono en la sangre que es provocado por el paro cardíaco.

La privación de oxígeno también fue determinada como otra de las causas de las ECM.

La falta de oxígeno en el cerebro podría ser la causante de estas experiencias. Otros estudios añaden también tras causas: aumento de dióxido de carbono en sangre y la anoxia.

Pero la verdad es que la doctora no descarta que ese túnel se vea por efecto del subconsciente: “Hay que seguir estudiando este tipo de casos, todavía estamos en el comienzo”, explicó, en palabras recogidas por Livescience, la doctora Klemenc-Ketis, ya que su equipo no pudo determinar con exactitud si la existencia de esos niveles de dióxido de carbono se debían únicamente al paro cardíaco o también a una condición preexistente en el individuo estudiado.

De igual manera tampoco se pudo determinar si estas ECM estaban relacionadas con una de las causas más aceptadas desde el punto de vista científico: la anoxia (muerte neuronal por falta de oxígeno en el cerebro).

La privación de oxígeno en el cerebro lleva estudiándose décadas para dar respuesta a las ECM. Ya en 1993, la doctora Susan Blackmore, autora del libro Dying to Live: Near-Death Experiences, explicaba que experiencias de este tipo, tales como una euforia desmesurada o caminar hacia una luz al final de un túnel eran síntomas típicos de la falta de oxígeno en el cerebro.

En lo referente al dióxido de carbono sí existen estudios donde se relaciona la inhalación de dióxido de carbono en mayores cantidades a lo habitual (como por ejemplo en lugares de gran altitud) con alucinaciones muy semejantes a las descritas por los que han vivido una E.C.M.

Pero mientras la ciencia sigue intentando dar sentido a este tipo de visiones en el umbral de la muerte, sigue abierto el debate , ¿estas visiones son fruto de algo fisiológico o de algo sobrenatural?. Quizás algún día tengamos las verdaderas respuestas.


jueves, 27 de noviembre de 2014

ASANTEMIR LA MEMORIA DE LOS GUERREROS SAGRADOS


Con mi despertar agitado, bañado en sudor y con la sensación latente de haber estado en la cumbre, en aquel lugar, donde suspendido en el aire, vigilaba cual dueño y señor mis pasos por las sendas de la memoria, invitándome bajo sus alas a sentirme orgulloso de todo aquello que nos une a nuestro pasado cargado de esa ancestralidad de la que su vuelo nos hace libres en el tiempo; sólo entonces recordé su nombre, "El Guirre".

Asantemir, la memoria de los guerreros sagrados.

«Los Asantemir era gente sagrada, muy respetada m’hijo. Eran de pelo rubio, ojos claritos y con cuerpos como mulos; ahí mismo, en la morra donde está la iglesia del Escobonal, tenían sus cuevas donde vivían».
Con estas palabras de mi abuelo, Isidro Hernández, más conocido en la comarca de Agache (Tenerife) como Isidro Coche, descubríamos aquel verano de 1987 la desconcertante tradición de los enigmáticos guerreros Asantemir o Axaentemir. Ya había referencias bibliográficas en cuanto a su nombre, pero ninguna que hablara sobre su cometido como combatientes protegidos por la divinidad. Hoy, como veremos a continuación, la memoria oral y el estudio filológico han rescatado del olvido a estos peculiares guerreros del pasado isleño.
Linaje sagrado
Conformados en una casta de guerreros sagrados, los Asantemir, que combatían tanto en el mundo físico como en el espiritual, eran seleccionados de entre aquellos niños concebidos durante una celebración muy especial: la Noche del error. Como parte de los rituales propiciatorios que, dedicados a la fecundidad, se desarrollaban durante las fiestas caniculares o beñesmer, hombres y mujeres en edad fértil mantenían relaciones sexuales en campos plantados de cereales. Cegados por la oscuridad nocturna, el contacto se practicaba sin conocer la identidad de la otra persona.
Nueve meses más tarde, las criaturas nacidas de este ritual eran entregadas a los samarines para su educación como miembros de las distintas castas sacerdotales o, en determinadas circunstancias, para su preparación como guerreros Axaentemir. De esta manera, quizá un tanto cruel para los hábitos actuales, se conseguía el desarraigo social de un sujeto que, ajeno a la personalidad de sus progenitores, vivía hasta el final de sus días el signo sagrado de su nacimiento y, por tanto, su condición de hijos de una divinidad a la que rendían obediencia.
De elevada estatura, por lo general rubios y de ojos azules, los Axaentemir eran los primeros en acudir al combate. Especie de cuerpo de elite, su sola presencia imponía respeto en cualquier lugar de la Isla. Variaba su número en cada menceyato, pero nunca superaban los 12 integrantes. Vivian en zonas apartadas de la comunidad, pero justo en puntos estratégicos que dominaban las comarcas a las que pertenecían. Imbuidos de un pleno compromiso espiritual con Achaman, deidad a la que veneraban entregando su vida, en el plano terrenal se sujetaban a los dictados del mencey, pero siempre y cuando esas órdenes no entraran en contradicción con los preceptos de su divinidad, el Centelleante, la única autoridad real que colocaban por encima de ellos.
Vestían una piel de cabrito a modo de capa, de color rojo y negro, terminada en punta por la parte delantera y corta por encima de la cintura. Cubrían sus partes con una tira de piel triangular que les caía delante y detrás, aunque se despojaban de estas prendas para entrar en combate, algo recurrente también en otras culturas. La desnudez en la lucha era símbolo de valentía, de ausencia absoluta de temor a la guerra y la muerte, puesto que se sabían protegidos por la divinidad. Un mensaje directo para un  adversario que lo sabía interpretar perfectamente: en esa lucha, sólo saldría un ganador vivo. Era, pues, una acción intimidante.
Llevaban el pelo recogido en un moño que ajustaban a la base del cráneo y alrededor de la cabeza usaban una tira de cuero trenzado, cuyos extremos dejaban deslizar delante de los hombros. Dichas puntas se adornaban con conchas marinas, rematadas por una pequeña piedra negra de basalto. Para dirigirse al combate, se pintaban dos líneas gruesas en la parte frontal de los hombros, una de color negro y la otra de color rojo.

En particular, la tradición cuenta que el asentamiento de los Axaentemir  en la región sureña de Agache fue decretado por Benchomo, mencey de Taoro, tras la irrupción de los castellanos y la alianza de colaboración que pactaron con el cercano menceyato de Güímar. Benchomo ordenó su establecimiento en el lomo donde hoy se ubican el Museo Arqueológico y la Iglesia, zona que ha recuperado ese nombre, con la misión de custodiar la comarca desde la ladera donde se halla el hotel Don Martín hasta el margen del barranco de Erques.
Estudio filológico
En su libro A través de las Islas Canarias, el farmacéutico Cipriano de Arribas y Sánchez (1900) recoge la noticia más antigua de las disponibles acerca de este territorio adscrito en la actualidad al municipio tinerfeño de Güímar: «Entre sus pagos citaremos el Escobonal, llamado en lo antiguo Agache y en lengua guanche Axaentemir, significa guerrero; está en la carretera misma. Parece que hay en esta localidad piedras de filtrar agua». Por aquellas fechas, también el médico chasnero Juan Bethencourt Alfonso (1880) se hizo eco del dato a través de una escueta mención en la Historia del Pueblo Guanche (I): «Axaentemirg Tierras en Abona. Arribas». Y ahí concluyen las escasas alusiones documentales (registros escritos de la oralidad popular, para ser más precisos) a estos misteriosos personajes.
Con las lógicas incertidumbres que impone siempre el estudio de hablas ya desaparecidas, el análisis lingüístico y la traducción del vocablo revelan una imagen que concuerda por completo con el testimonio oral. Según el historiador y doctor en Filología Ignacio Reyes (2009), el sintagma axaentemir constituye una proposición nominal, assa-ən-təmirt, formalizada por tres ingredientes: el primer término, el nombre verbal assa, indica el ‘hecho de llegar, arribar, presentarse’ o ‘estar convenientemente desarrollado’; a continuación, la preposición ən, ‘de’, introduce el complemento determinativo, representado por el substantivo femenino tamərt o, con el preceptivo estado de anexión, təmirt, ‘signo fasto o favorable’ que se obtiene en las prácticas mágicas. Por tanto, el enunciado axaentemir o, como pronunciaba mi abuelo, asantemir notifica la ‘llegada o desarrollo de la señal propicia’.
Sin duda, la presencia de este grupo de hombres con amparo sobrenatural y misión protectora responde bien a esa denominación, pero en ningún caso se trata de un tipismo isleño. Como recuerda el Dr. Reyes, ocurre otro tanto en la milenaria cultura amazighe (o bereber), aún vigente en el África septentrional, a la que pertenecían las antiguas comunidades del Archipiélago:

Cada fracción posee un clan, como sucede con los inflâs del Sus marroquí o los Ait ‛Auwâm del Atlas Medio por ejemplo, que, en ocasiones graves o muy señaladas, personifica el honor de toda esta división tribal, cuya defensa asume como una tarea vital permanente e inquebrantable. Así lo demuestra en el campo de batalla, al que acude en primer lugar con un arrojo característico (Marcy 1929: 138-139). Es esta entidad la que parece poder identificarse con los asantemir registrados en Tenerife. No obstante, a éstos se les adjudica una expresa protección sobrenatural, circunstancia que en Canarias se había documentado sólo para el caso de Hautacuperche (Haw-takkubert), el gomero ejecutor de Hernán Peraza que habría ‘nacido con buen presagio’. La etimología de este nombre y la historia del personaje destacan que se trató de un sujeto protegido por las divinidades de la comunidad, el cual debía presidir todos los actos sociales de alguna importancia para favorecer una realización exitosa, como corresponde a los famosos hombres mascota del mundo amazighe continental.

Destino marcado
Después de la muerte de Benchomo en la batalla de Aguere y la rendición de El Realejo, el destacamento místico asentado en Agache dio por finalizada la misión que se le había encomendado. Narra la tradición oral que se inmolaron en un suicidio ritual desde los altos de la comarca que custodiaban. Todavía se localiza en las inmediaciones un topónimo conocido como la Fuga del Muerto, donde la memoria popular sitúa el lugar por donde se “desriscaron”. Cumplían así con la obediencia jurada, un día ya más o menos lejano, de entregar su vida y destino al centelleante dios Achaman.
(Fernando Hernández, en: Blog Cronicas del Guirre)


Bibliografía
Arribas y Sánchez, Cipriano de. 2004 (1900). A través de Tenerife. Tenerife: Idea, p. 193.
Bethencourt Alfonso, Juan. 1991 (1880). Historia del pueblo guanche. Tomo I. Su origen, caracteres etnológi­cos, históricos y lingüísticos. La Laguna: F. Lemus Editor, p. 408.
Reyes García, Ignacio. 2009. Informe acerca de la voz Asantemir [en línea]: <http:>. [Consulta: 30-IX-2009]. Islas Canarias: Fondo de Cultura Ínsuloamazighe.</http:>
                                                                                                 



martes, 25 de noviembre de 2014

Achun Magec, la renovación del ciclo

 


Todos los pueblos antiguos han prestado especial atención a la llegada del solsticio de verano como parte de sus ritos ancestrales de cambio estacional.
El Achun Magec (sol nuevo) para los Guaxit (legitimo) de la isla de Guina (Tenerife) es un cambio de ciclo en las energías sutiles de la vida y la naturaleza, marcadas por el aspecto femenino de Magec.
Fue uno de los primeros rituales en los que participe siendo niño guiado por mi abuelo, por lo que guarda no solo un profundo significado para mí en lo aprendido, sino en la trascendencia de renovar cada año el pacto de renacimiento con los maxios (espiritus de los desencarnados) y deidades.
CAMBIO DE CICLO
La celebración del Achun Magec está determinada por las fases de Guamulan que observada desde la finalización del Tabordo (inicio de la siembra), determina el inicio de la celebración del año nuevo para los Guaxit con una duración de cuatro días.
La ceremonia no obedece a una simple celebración. Tiene toda una explicación profunda que forma parte de las creencias ancestrales de los antiguos.
La llegada del Achun Magec se transformaba en las comarcas de la isla, en un acontecimiento muy importante. Los distintos auchones (unida familiar) de la comarca se congregaban antes de la salida de Magec, en los lugares determinados para esta celebración, que no eran los que a diario se utilizaban para hacer el saludo matutino a la deidad.
Justo cuando Magec “estallaba” en el horizonte con su característico fulgor anaranjado, el canco que guiaba la ceremonia, pronunciaba la oración de bienvenida y derramaba el ganigo con la leche de cabra, mientras todos los concurrentes, gritaban por tres veces ¡¡Achun Magec!!
Junto a ello se realizaba la rogativa individual con lo que cada uno queríamos en el nuevo ciclo que comenzaba y se despedía cariñosamente a los maxios de los antepasados que habían sido convocados el 21 de marzo para cuidar de las cosechas plantadas en el Tabordo, dándoles las gracias por su trabajo. Y se finalizaba compartiendo los alimentos con los presentes, que cada auchon había traído a la celebración.
RITUALES PROPICIATORIOS
Durante los tres días siguientes se realizaban varias ceremonias coincidiendo con este nuevo ciclo.
Entre las noches del segundo y tercer día, en los campos que habían sido cosechados en los días anteriores, perteneciente a la casta de las maguadas (mujeres sagradas) tenía lugar la que ha quedado en la oralidad con el nombre de “la noche del error”.
Consistía en que hombres y mujeres en edad de “merecer”, que no fueran padres o madres, amparados en la oscuridad de la noche tenían relaciones sexuales en estos campos, custodiados por Axantemir (guerreros sagrados) para que no hubiera ningún tipo de perturbación física ni energética en el cometido de los allí concurrentes. Los niños nacidos de esta noche, nueve meses después, eran entregados en las sámaras para su cuidado y educación por ser considerados hijos de la divinidad y que en el futuro pasarían a formar parte de los distintos clanes sacerdotales.
En estos días también los jóvenes varones depositaban flores y frutas a las puertas de los tesegues (cabañas) de la joven Guaxit para que, al amanecer, si ella retiraba estos presentes de sus tesegues dieran principio a su acontecimiento a ser cortejada por su enamorado y así poder pedir consentimiento a su auchon para formar pareja.
El ultimo día del Achun Magec, la mujer del jefe del auchon, se presentaban en los lugares donde se había dado comienzo a esta celebración y recogían de manos de las maguadas las semillas consagradas que debían sembrarse en la próxima festividad del Tabordo.
Por último, a la caída de la noche en cada comarca, se encendían grandes hogueras llamadas “fuegos del testimonio” para celebrar la Amena (justicia) de los casos más graves y que no se podía dilucidar la culpabilidad del acusado. Todo aquel que viera estas hogueras estaba obligado por la divinidad a presentar su testimonio, a favor o en contra, contra el procesado.
CARÁCTER SAGRADO
Después de varios años de informar sobre esta celebración sagrada, muchos colectivos culturales la han dado a conocer con representaciones en su forma, pero no así su esencia.
Recuerdo preguntarle a mi abuelo que si por algún motivo no podía estar físicamente en el lugar, para celebrar al amanecer la llegada del nuevo ciclo, me contesto que si mi intencionalidad era la adecuada y aunque estuviera a miles de kilómetros, solo con imaginar estar, el pacto se produciría pues aunque estuvieras en el lugar sosteniendo el ganigo pero tu intencionalidad fueran las formas y no la esencia, no serviría más que para alimentar tu ego.
Que este nuevo ciclo venga preñado de abundancia y alegría para tod@s.
¡¡Achun Magec!! ¡¡Achun Magec!! ¡¡Achun Magec!!
Fernando Hernmandez
(Publicado por Crónicas del Guirre en: La Voz de La Palma)



lunes, 24 de noviembre de 2014

Los ritos y creencias para la muerte entre los antiguos

La muerte es el destino inevitable e inaplazable de todo ser humano. Una etapa en la vida de todos los seres vivos que constituye el horizonte natural del proceso vital.

La muerte es la culminación prevista de la vida, aunque incierta en cuanto a cuándo y cómo ha de producirse; forma parte de nosotros porque nos afecta y apena a quienes nos rodean. La actitud que adoptamos ante el hecho de que hemos de morir determina en parte cómo vivimos y como somos.
Los antiguos tenían todo un cuerpo de creencias, tendentes en gran manera, a dar respuesta a esa partida al final de nuestro camino vital. Entendían la vida como un acontecer de experiencias que “curtían” el maxio (espíritu) para poder recuperar la esencia sagrada de la que todos estamos erigidos y regresar al seno de la luz de Magec, teniendo que pulir esos aspectos no resueltos, mediante la espera en el mundo de transición, para volver a este plano antes de la partida definitiva a la luz creadora.
Los conceptos de “infierno” y “cielo” como hoy se contemplan desde la óptica católica, no estaban en sus creencias; por el contrario, cada individuo desde que nacía poseía un equilibrio entre los dos aspectos positivo y negativo que eran responsables desde esa individualidad, para construir a través de sus experiencias existenciales el acontecer de su maxio a la hora del óbito del soporte físico.
No temían a la muerte con el concepto doloroso y de final físico desde la que hoy se enfrenta este paso vital; lo que les hacia apreciar y disfrutar de esta senda que llamamos vida.
PREPARACION DEL CADAVER
Cuando alguien fallecía, se ponía en marcha los mecanismos de creencias y técnicas mortuorias de la sociedad de los antiguos. El cuerpo del difunto era puesto a la puerta de su morada y se esperaba a la caída de la tarde (sol de los muertos) para hacer sonar el bucio con unos inconfundibles toques cortos seguidos de uno largo y descendente.
Los habitantes de los auchones (unidad familiar nativa) cercanos, al oír estos sonidos del bucio, les avisaba de que alguien había emprendido el camino al “otro” lado.
Estos toques característicos de bucio eran la llamada para que los Iboibos (apartados), los individuos que se encargaban de preparar al difunto para su enterramiento, vinieran a recoger el cuerpo, guiados por la gran hoguera que se hacía en los alrededores de la morada del fallecido.
Si la fallecida era una mujer, las mujeres Iboibos se encargarían del tratamiento y conservación del cadáver; si por el contrario era un hombre, los varones de esta casta serian los encargados del cuerpo.
Siempre en absoluto silencio, pues su condición de impuros por tener trato con los cadáveres les hacía intocables por los demás ciudadanos a los que nunca les dirigían la palabra, se encaminaban al hogar del difunto con sus gánigos de madera donde llevaban los ingredientes para sus operaciones. Tan intocables era su condición que podían pasar de una comarca a otra sin que nadie se lo impidiera, aunque fuera en tiempos de guerra. Se le distinguía por su tamarca blanca que les llegaba hasta los pies, además de llevar la cara y los brazos pintados también de blanco.
Llegados a las inmediaciones del auchon del muerto, los concurrentes que se habían desplazado al lugar empiezan a increparlos con gritos y amagos de tirarles piedras, mientras otros lloran desconsoladamente.
Todo obedece a un ritual encaminado a congratularse con el extinto, a través de las muestras de dolor y llanto desconsolado, pues para los antiguos, el espíritu del muerto permanecería entre los vivos durante diez días después del óbito, motivo por lo que se hacían estas exageradas escenas de dolor.
Dos de los Iboibos, sacan al muerto atado con fuertes correas de piel a todo su cuerpo para que no perdiera la posición de decúbito supino, para ser llevado hasta el lugar donde se le prepararía sus restos, mientras un tercero recoge brasas de la hoguera que serán utilizadas en los preparativos.
La duración en las preparaciones del cadáver dependía del estatus social del individuo.
Para cada casta social se establecía una duración de seis días para los achicasna (pastores y agricultores) y achicanay (carniceros, apartados), nueve días para los chaureros (jefe de la unidad familiar) y clanes sacerdotales, que eran los primeros y segundos estratos sociales. En el caso del estrato superior en la sociedad de los antiguos eran de quince días para los achiquitixos (familia del Mencey) y el Mencey (jefe comarcal).
En el caso de los achicasna y achicanay, la preparación del cuerpo se reducía a la decarnación mecánica del cadáver, mediante la separación de la carne hasta dejar los huesos limpios o la decarnación natural que consistía en dejar el cuerpo desnudo en un punto destinado al efecto, para que las aves carroñeras como cuervos y guirres se sirvieran del difunto hasta dejarlo en estado esquelético.
Para el caso de los chaureros, clanes sacerdotales, achiquitxos y Mencey la manipulación común de los restos era el mirlado, que consistía en la desecación del cadáver. En esta circunstancia, también contaba el poder “económico” del difunto que daba como resultado la distinción de la momia a la hora de la minuciosidad en las preparaciones para conservar el cuerpo y de la calidad de las pieles que se utilizarían para envolverlo.
La preparación de los cadáveres las castas pudientes, los Iboibos empezarían extrayéndole las vísceras abdominales o en otros casos dejándoselas, para lavar después el cuerpo con agua salada donde previamente se habían cocido frutos de mocán y leche de cardón. Después se le llenaría el abdomen con almagre, cenizas de corteza de pino, piedra pómez y manteca de ganado, para posteriormente ponerlo colgando encima de un hueco tan largo como el difunto y de unos veinte centímetros de profundidad.
Este hueco se colmaría con una capa de callados de mar, brasas, troncos secos de tabaiba dulce y culminada por una fina capa de picón. Ahí se le tendría, noche y día, dándole vueltas para que la acción de las brasas y el humo desecaran por completo el cadáver. Cuando el cuerpo estaba convenientemente enjuto, se embadurnaba el cuerpo con cebo de cabra hervido con resina de pino que le conferían un aspecto “achocolatado” y se le envolvía en finas pieles de cabra, tantas como pudiera permitirse la familia del difunto; la tradición oral cuenta, que el cuerpo mirlado del Mencey Benchomo, fue envuelto con nueve capas de finas pieles de baifo de color rojizo y negro, algo que nos da una idea de la importancia social del difunto Mencey.
El lugar donde se realizaban estas manipulaciones siempre estaba fuertemente vigilado por guerreros que custodiaban el entorno de miradas indiscretas. A la terminación de estas operaciones, los Iboibos regresaban con el cuerpo del fallecido ya convertido en un chajajo (cuerpo momificado) al auchon del difunto. Al llegar hasta el mismo, tendrían idéntico recibimiento que en días pasados.
Siempre en silencio y sin inmutarse a lo que sucedía a su alrededor, depositaban el cadáver al lado de la hoguera y, como habían llegado, se iban.
CEREMONIAS DE ENTERRAMIENTO
El día designado para depositar los restos del fallecido en el lugar establecido, normalmente, una cueva donde reposaban familiares del difunto en el caso de las altas de la sociedad o enterramientos colectivos en para las más bajas. Las gentes que habían acompañado a la familia del difunto en el lugar, continuaban con las muestras de condolencia hacia el finado. Un canco (sacerdote del culto a Magec) guía los pasos del ritual. Antes de emprender el camino hasta el lugar de enterramiento, cada uno de los asistentes saltaba por encima del mirlado o los huesos del difunto, tres veces, mientras mentalmente dedicaban palabras de elogio al fallecido, con la intención de que no se enojara su maxio y evitar que el mismo se les pegara a su campo energético causándole todo tipo de afecciones físicas y espirituales.
Cuando se emprendía en camino al enterramiento, los familiares se colocaban detrás de los restos del fallecido. En el caso de las castas sociales más bajas su manifestación de respeto hacia el difunto consistía en pintarse la cara y palmas de las manos de color blanco, ir descalzos y mirar constantemente al suelo durante todo el trayecto. Las castas más altas, se alborotaban el cabello haciendo que les tapara la cara, también se descalzaban y miraban al suelo.
Cuando se llegaba al lugar de inhumación, los asistentes dedicaban una oración colectiva de despedida, y se marchaban del paraje quedando únicamente el canco y los familiares del muerto.
Depositado ya en la cavidad el chajajo, se solicitaba la presencia de un Samarin (hombre de poder) que tenía la capacidad de conectar con el maxio del difunto para guiarle en su paso al mundo del Luyet (mas allá) el mundo de transición donde iban los maxios de los desencarnados a esperar su vuelta a este plano existencial o partir definitivamente al seno de la luz de Magec; la característica del Luyet era un mundo semejante al plano físico de donde partió el espíritu del difunto, con la diferencia de que todo tenía una suave tonalidad anaranjada, y que los antiguos vislumbraban al amanecer y atardecer de los días.
Mediante un cantico y el humo, producto de la quema de tomillo salvaje mezclado con grasa de ganado, se iba recitando los pasos que el difunto debía dar para transitar al otro lado. Después de que el Samarin certificaba la marcha del espíritu al otro lado, se tapiaba la entrada del enterramiento y se daba por concluido el funeral.
Cuando acontecía que el maxio no quería pasar al otro lado, en la mayoría de los casos por deuda con algún vivo, el Samarin permanecía varios días en la entrada de la tumba pugnando para convencer al maxio de su empeño en permanecer en este plano de la existencia y evitar que las entidades de baja energía espiritual del abesan (oscuro) hicieran presa de él, convirtiéndolo irremediablemente en una entidad maléfica, que causaría daños y enfermedades a la comunidad en cosechas, ganado incluso a los vivos.
Esta batalla entre el Samarin y el maxio del difunto, terminaba con la salida del trance del Samarin y entre las señales físicas de este triunfo estaba el crecimiento anómalo de las uñas del hombre de poder.
CREENCIAS Y CELEBRACIONES EN LOS ESPIRITUS ANCESTRALES
Pasado un año de la partida del maxio al Luyet, los familiares se interesaban por la estancia en el otro lado del espíritu del fallecido y por las inquietudes que este pudiera tener por los que dejo en este plano existencial.
En el caso del fallecimiento acaecido a un Mencey, se organizaba una ceremonia celebrada por toda la comarca tendente a informar al espíritu del antiguo jefe, los progresos de la comunidad bajo el mando del nuevo Mencey y recibir consejo del fallecido en distintos aspectos que afectaran a la comarca.
Se convocaba a los miembros jóvenes de la comarca a partir de los catorce años a presentarse voluntarios para llevar el mensaje de la comarca al Luyet. Este acontecimiento, por lo general y salvo indicación contraria del Guañameña (consejero espiritual del Mencey) era aprovechada por los jóvenes de las castas más bajas para, mediante el suicidio ritual que le acontecería, obtener la nobleza inmediata de toda su familia por su gesto con la comarca.
En un lugar, destinado exclusivamente a esta ceremonia, en lo alto de un promontorio el muchacho elegido, con la frente pintada con cuatro puntos rojos y uno negro, se arrojaba al vacio portando el paquete intestinal que se había conservado desde el día que se había mirlado al Mencey, envuelto en un cesto confeccionado con mimbres después de haber recibido los mensajes que su espíritu debía llevar al maxio del jefe muerto.
Las respuestas eran obtenidas después de una luna, en un rito llevado a cabo por el Guadameña y tres Samarines.
Las castas más bajas y la nobleza, obtenía también este tipo de comunicación con el más allá por medio de otras celebraciones ritualisticas.
El Ajunte (mensaje) celebrada justo antes de la festividad del Beñesmer (ajuste de los ciclos). Conformado en dos partes, ese día, los familiares acudían a los lugares de enterramiento de sus difuntos, para llevar comida y darle los mensajes sobre los acontecimientos que habían ocurrido después de la partida del fallecido.

Por la noche se reunían en ciertas playas que recibían el nombre de bayuyos (recibimiento). Se comía y se contaba anécdotas del difunto en vida, para ya entrada la noche, acostarse a dormir pues se creía que los espiritus vendrían por el mar en forma de brumas o nubecillas y a través de los sueños, trasmitirían las respuestas que habían sido hechas en los lugares de enterramiento.
Estas creencias y costumbres funerarias conservadas en la oralidad de los mayores de nuestros campos, en algunos aspectos, siguieron realizándose hasta los años cuarenta del pasado siglo y perseguidas en muchos casos por las autoridades eclesiásticas que veían practicas paganas en muchas de ellas, cayendo en desuso por las nuevas prácticas llevadas a cabo socialmente en lo que concierne a los funerales después de producirse el óbito de una persona. (Publicado por Crónicas del Guirre)