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martes, 18 de marzo de 2014

DE INFIERNOS Y COSTUMBRES MORTUORIAS EN CANARIAS (y V)





Guayre Adarguma*

La comunicación con los antepasados

En la isla Chinech (Tenerife), durante el ceremonial en el que se entroniza al nuevo Mencey se establece comunicación con el mundo de los antepasados: a través del hueso de un antecedente del nuevo jefe, al entrar en relación con el primer antecesor del linaje de quien depende el poder que le ha sido conferido por el valor sagrado que poseen aquéllos. Esta comunicación con los muertos se renueva con ocasión de la muerte de un Mencey.

El viajero italiano Benedetto Bordone, que pasó por las islas Canarias en la primera mitad del siglo XIV, nos dejó una breve descripción de sus habitantes y costumbres entre las que recoge la figura del mensajero al “más allá” en los siguientes términos: “...que la menor de ellas es de circunferencia de 90 millas, pero aquellas, que habitan los infieles son de muchos mayores, e de pueblos más abundantes, y sobre todas las otras la Gran Canaria, en la cual se encuentra alrededor de ocho mil almas, más o menos, y después de esta Tenerife, después sigue La Palma, que poca gente conoce no obstante isla bellísima, y todas tres fortísimas de manera que no temen de alguno de ser de alguno tomada. Tenerife, es la más alta isla del mundo, de la cual con tiempo sereno se puede ver a setenta leguas de distancia en el mar, que son millas doscientas cuarenta, y tiene en el medio, en forma de una punta hecho, altísimo, la cual continuamente arde, y así se afirma de aquellos que la han visto, y además dicen que aquel monte tenía por altura millas seis, por tres islas o sea la Gran Canaria, Tenerife y La Palma, tienen por número nueve señores, los cuales por la fuerza se hacen, y por tales tiranías grandísimas guerras entre ellos se cometen,  no ya con armas, por que son de aquellas del todo privados, pero con piedras y mazas de madera, a sus guerras imponen el fin, y por eso todos desnudos son, en el matarlos hacen admirable operación, no obstante algunos de pieles de cabras sean cubiertos, y similmente algunos otros, para ampararlos no tanto de las guerras, cuanto del frío “no obstante poco o nada haga”

De cebo de pico y de zumo de hierbas hacen de ello una composición con la cual se untan para hacer su piel gruesa. Habitan en las cuevas de las montañas, y sus víveres es el pan de cebada, carne y leche de cabra. Tienen vino y higos abundantemente y las cosechas es de marzo  y de abril. Viven sin alguna religión que el sol, y que la luna y que otra cosa como ellos más es disgusto, adoran.  Y entre ellos las mujeres no son comunes, pero cada uno tantas coge, cuantas a él gusta, haría alguno “por vil que sea” que alguna de aquella fue mujer a casa condujera si con el señor suyo no fuese virgen, eso que a grandísima vergüenza con tal cosa se tendría, esto dormir que hace la mujer con el señor a grandísimo honor se tiene.

Y además de aquella costumbre, hay otra que está hecha de esta manera: que creado el señor, y en la señoría puesto sin otro impedimento, habrá algunos de sus súbditos a su señoría se presenta, y aquella para honrar la fiesta se ofrece de sí mismo matar, y por tal cosa ver, o sea el efecto de la ofrenda hecha todo el pueblo se reúne en un cierto valle profundísimo, y aquello, que de morir por el señor mismo se ofrece, a altísima rupe  accede, y después de algunas ceremonias echas, y algunas palabras en laude de su señor dichas, subido en de aquella rupe altísima se tira, por aquella, no queda más que en el fondo de aquel valle en pedazos combertido, donde después del pueblo es encontrado, y el señor por tal efecto, a sus parientes de mucho agradecido le queda.

Estos isleños son buenísimos saltadores, y una piedra con mano trayendo, donde le gusta la ponen. Sua carnes con zumos de hierbas pintan, estas sus pinturas son de diferentes colores echas, o sea verde, amarillo, y bermellón, con muchos bellos animalitos, y además de follaje, y otras cosas” (Diogo Gomes, en B. Bonnet, 1941: 98-99).

Este texto resulta muy explícito sobre la comunicación con los antepasados a través de un emisario joven, por medio de un auto sacrificio. Esta información no se hace extensiva al resto de la población, seguramente porque a través del Mencey difunto re- cibirían todas las noticias, al repetir en el mundo de los muertos, igual modelo social que el de los vivos.

Quizás es en este contexto donde deberíamos estudiar los denominados suicidios rituales, de los cuales nos son más conocidos los llevados a cabo en la isla Tamaránt (Gran Canaria) por el caudillo Bentejuí y el Faykan de Telde, el hawarita (Palmero) Tanauzú y e los penúltimos menceyes de la isla Achinet, Bentor e Ichasagua. Estos caudillos de la nación canaria, al ver el extremo peligro en que se encontraba la Matria ante el feroz empuje de los invasores extranjeros, optaron por ser ellos los mensajeros y viajar personalmente al seno de Magek a dar cuenta a los espíritus de los ancestros de la gravísima situación por la que atravesaba la Matria y recabar la ayuda de los mismos para remediar al pueblo.

El pueblo canario ha venido manteniendo abiertamente la comunicación con los espíritus de los nuestros ancestros ubicados en el seno de Magek, y de manera no cruenta hasta fechas muy recientes. A pesar de la brutal persecución  desatada por el sistema imperante el cual ha conseguido que esta piadosa tradición haya dejado de practicarse públicamente. La documentación escrita nos ha legado múltiples ejemplos de esta práctica, aunque ya con profundas connotaciones cristianas, como por ejemplo los denominados “Baile de los muertos” o “Bailes de los angelitos”.

Veamos algunas muestras: Por los antecedentes que he recogido se puede asegurar que hasta tiempos relativamente recientes se celebraban en casi todo el Archipiélago los funerales de los angelitos con jolgorios, bailes y banquetes rituales mortuorios.

Como resto de esa tradición podemos citar para la segunda mitad del siglo XX, “el baile de los muertos”, en Valle Gran Rey, de la Gomera que al presente en algunos casos celebran a puerta cerrada por la propaganda que en contra se hace por parte del sistema imperante: Amortajado el niño y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa de la casa, se reúnen en el referido local los padres padrinos, familiares y vecinos para festejar el suceso con el baile de los de los muertos  y algún “canecaso” de aguardiente o de vino de cuando en cuando.

Al son del tambor, las chácaras y la flauta rompe el baile (El Tajaraste) el padrino llevando en los brazos el cadáver del ahijado y después de dar un par de vueltas por la sala lo entrega a la madrina para que haga lo mismo.

Seguidamente depositan de nuevo el cadáver de la criatura sobre la mesa y se da comienzo a la juerga general que dura algunas horas. Al dar por terminado el baile empiezan los recados, unos después de otros se acercan al cadáver y le prenden con alfileres a las ropas alguna flor o bien un trocito de cinta o trapito como señal para que el Ángelito recuerde el encargo, a la vez que envían recados a las personas queridas que moran en el cielo (Seno de Magek); quien  los padres y hermanos, quien a los parientes y amigos; cuyos recados consisten unos en las intenciones y otros para que sirvan de intermediarios con Dios para que la cosecha sea buena, para recobrar la salud, etc. (B. Alfonso, 1985:261)

Generalmente los sentimientos más profundo de un pueblo cuando son despreciados y ninguneados por cualquier sistema excluyente, busca refugio en el folklore, último reducto de resistencia,  de conservación del espíritu nacional y de la memoria colectiva, a pesar de los múltiples esfuerzos desplegados por los estamentos oficiales para reconducirlos hacía sus proyectos de aculturización. En el tema que nos ocupa, una Asociación cultural de la isla de La Gomera ha sabido plasmar estos sentimientos tan arraigados en lo más profundo del ser canario en el siguiente relato:
“El hijo de Cristóbal Chinea –Antonio- murió con siete años -se  desriscó mientras cuidaba unas cabras- al trabársele el hastia subiendo por el camino de la Tranquilla.
Tardó en llegar al cielo. El llanto de sus padres empapó sus alas de angelito. De su caja no colgaron las coloreadas cintas con los recados a los seres queridos (‘Cuando llegues al cielo, si ves a mi madre, dile que no me olvido de ella’, ‘cuando veas a Dios ruégale por mi hermanita enferma’). La suya fue una partida triste, sin el tambor, sin las chácaras, sin el baile del tambor, sin el aliento de sus antepasados...
El tambor estaba presente en todos los momentos de la vida. Cuando un niño nacía, ya esa noche se mataba una oveja, se buscaba vinito del mejor. La taza de caldo para la mujer, el pedazo de carne y el vino para el marido. Y la juelga de tambor ya se producía en esa casa. El tambor haciendo acto de presencia cuando aquél ser venía al mundo. Era de alegría, de haber dado a luz la mujer y tener ese hijo que se esperaba.
Al bautizar el niño, ¡eso era ya una fiesta! Se llevaba al niño desde el caserío hasta la iglesia, con los padrinos y los acompañantes al toque de tambores y chácaras (“Qué buenos padrinos tienes / Hiloria si no te mueres”).
Pero lamentablemente demasiados niños morían en aquél tiempo y muchas veces el mismo traje del bautizo sirvió de mortaja al niño muerto. Esa noche, amortajado el niño y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa de la casa, se reunían, primero los padres con los padrinos, y luego, después, los familiares y vecinos para acompañar y festejar el suceso con el baile de los muertos y algún ‘cancanaso’ de parra o vino de cuando en cuando. Al son del tambor, las chácaras y la flauta rompía el Baile del Tambor. Había por norma que el padrino tenía que agarrar al niño de donde yacía muerto, cogerlo en sus brazos y dar una vuelta a toda la habitación, bailando a golpe de tambor (“Sube al cielo María del Pino / y ruega por tu padrino”). A continuación se lo entregaba a la madrina para que hiciera lo mismo (“Quiero que me guardes Hiloria / un traje para mí en la gloria”). Luego se colocaba ese angelito en su lugar otra vez y así se pasaba la noche, cantándole y tocando y bailando hasta el día siguiente en que se llevaba al cementerio. Durante esa noche y al partir para el campo santo, todos los vecinos que tenían familiares que se le habían muerto, con ese angelito, le mandaban recados a las personas queridas que moraban en el cielo y para que los recordara le ponían cintas y flores para enramar la caja (‘Dile a mi padre que la niña que dejó pequeña ya se casó, y que por aquí estamos todos muy bien. Y para que te acuerdes te pongo esta cinta de color verde’). Y la frase ritual del pésame: ‘para que usted mande muchos angelitos p’al cielo’.
El tambor estaba manifestando un gesto de duelo pero también de júbilo, toda vez que se pensaba que cuando un niño moría, si se le cantaba hacía más rápidamente su recorrido hacia Dios. Era ‘pecado’ llorar ya que ello impedimentaba el camino recto del angelito hasta el cielo, ‘llorar por dentro se llora, aunque por fuera se canta’ (“Ay buen Dios, dolor tan grande / muerto el niño y canta el padre”, “Al cielo subes María / y tu madre esternecía”). Eso es lo que se creía. Se cantaba y se bailaba hasta llegar al cementerio (“Hiloria le lleva un ramo / a la virgen del Rosario”).
Luego vinieron las chanzas, los desprecios. La gente de la costa cuando se encontraban con los de ‘los altos’ o los padres del muerto los llamaban ‘magos’ en forma despectiva y le hacían chanza repitiendo las mismas canciones y los encargos que le habían hecho al niño fallecido. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX se hacían los ‘velorios de angelitos’ a puerta cerrada. Y poco a poco la tradición se desvaneció, el baile de los muertos fue un eco cada vez más lejano y los angelitos ya no tuvieron quien los velara.
La línea se cortó...
Pasados unos días de haber enterrado a este angelito, había una juelga de tambores frente a la casa de Cristóbal en Guadá. Y él, asomado a la ventana, estaba contemplando aquella juelga con una infinita tristeza. Pero su mujer se dio cuenta y le dijo: ‘Pero bueno Cristóbal, ¿qué te pasa a ti? Mira, por qué no te quitas lo que puedan decir de ti.
Vete allí y cántale a tu niño’. Entonces ‘garró’ el hombre el tambor y cuando los demás lo vieron ir hacia ellos, se dieron cuenta a lo que venía y acordaron dejarlo cantar. Y él entró cantando con fuerza y sentimiento, para que su niño llegara al cielo, tal y como lo habían hecho sus antepasados: “Yo mandé un ángel p’al cielo / y si no canto me muero”. (Asc.Guadá.)
Por otra parte, en la actualidad vasta visitar cualquier cementerio de nuestras ciudades o pueblos para ver como muchas personas hablan con sus difuntos como si realmente estuviesen presentes físicamente, en ocasiones se puede escuchar diálogos realmente enternecedores, propios solamente de los pueblos portadores de una profunda espiritualidad como el canario.




COSTUMBRES MORTUORIAS CANARIAS

[...] Toda esa noche se iba agudizando el duelo de hora en hora hasta la amanecida, que era el tiempo reglamentario para la celebración de los chaxacos o entierros; pero antes de ponerse en marcha el cortejo fúnebre, tanto los hombres como las mujeres que sentían grima saltaban por encima del cadáver o le besaban una mano “para que nos les dejara miedo” costumbre que aún conservan algunos caseríos de la Victoria, La Matanza, Arico y otros pueblos.

La comitiva iba atronando el aire con sus lamentaciones, hallábase formada por los individuos de ambos sexos de la familia civil y de la individual, precediendo las mujeres y detrás los llorones, sacerdotes, amigos y numerosas personas de los distintos auchones o tagoros según el prestigio y clase del difunto. Llegada a la necrópolis, después de un variado ceremonial del clero en medio de grandes alaridos del séquito, encerraban con el xaxo cierta cantidad de alimentos y tapiaban cuidadosamente la puerta de la gruta; alimento que como ya dijimos renovaban de vez en cuando por fuera de la cueva, para que comiera el sosia en sus visitas.

Seguidamente los doloridos y todo el acompañamiento retornaban al auchón para disolverse después de “celebrar el banquete fúnebre que daba el muerto”. (Juan Bethencourt Alfonso, 1994, t.2:300)

Esta piadosa práctica estuvo vigente hasta no hace muchas décadas entre las poblaciones rurales de las islas aunque ya con una gran carga de conceptos impuestos por la religión foránea.

El Escobonal.

Al que muere lo bajan en el acto de la cama, porque si tiene pena está penando mientras se encuentra en la cama. Porque como Dios prometió que  habíamos de ir a la tierra, cuanto más tarde, más pena. En el acto mismo quitan del basal la loza y la ponen dentro de una cesta, hasta que salgan a la misa porque si la dejan el basal viene el espíritu a trafegar y hacer ruido en la loza. El que muere con un ojo abierto y otro cerrado es porque llama a otro.

El Escobonal.
El que muera, aunque esté en gracia, si dejó dinero enterrado no entra en el cielo. Se sabe que está en gracia porque viene vestido de blanco; pero no entra en el cielo, hasta que saquen el dinero.

Garachico.
El Obispo católico Fernando de Rueda,  en su decreto visita del año 1584, mandó «que ninguna mujer, ni hija, ni hermana del  difunto fuese a los entierros, como era costumbre, a llorar en la iglesia, y  estar besando, abrazando y tocando el cuerpo cadáver, como si fuesen gentiles.

Vilaflor de Chasna.
Hasta principios de este siglo (s. XIX), cuando moría un individuo en los pagos lejanos de Vilaflor , jurisdicción que contaba entonces algunas leguas, los que conducían el cadáver al pueblo, así que llegaban a un punto que dominara algún caserío tocaban un caracol (bucio) como señal preventiva,- gritando luego tres veces: «A las obras de misericordia» y todos los que oían la voz se acercaban al cadáver para sustituir a los que le habían traído hasta allí; que a su vez hacían lo mismo cuando llegaban a otro punto más o menos habitado.

Tacoronte.
El pésame más común es: «Dios le dé mucha vida para que ruegue a Dios por el alma de…”.

Se dice que antiguamente daban el pésame en la siguiente forma: «Aquí vengo, sí; aquí vengo, no; a quitar pesares, que a dártelos, no. A romper canillas, calcañal y hueso, y a quitar pesares, de aquel que está tieso».

Los Realejos.
El pésame que dan a los padres que pierden un niño es el siguiente, «Mucha vida les dé Dios para que manden angelitos al cielo!». Si el cadáver es de persona mayor, en este caso los doloridos se sientan en un rincón y el acompañamiento pasa por delante uno a uno, diciéndole: «Mucha vida le dé Dios».

Valle Guerra.
En el Valle de Guerra, Esperanza y otros pagos, testan señalando la cantidad indispensable para dar de comer y beber a los que acompañen a sus cadáveres.

Candelaria.
Gran llanto al morir el individuo «pues cuanto más gritan más siente.

Si el cadáver procede de algún pago es costumbre obsequiar al acompañamiento en Candelaria, con papas, pescado salado, pan, queso y vino.

De regreso el acompañamiento va a la casa mortuoria o de los doloridos y formados en círculo, uno de ellos se coloca al lado del Cristo y las velas que estuvieron a la cabeza del cadáver y reza tres padrenuestros tres avemarías y un responso de réquiem. Luego desfilan los hombres y las mujeres quedan llorando. Al tercer día tiene lugar la misa del finado, a la cual acompañan los que fueron al entierro. Acabada, el cura, con el acompañamiento, se dirige a la casa de duelo y repiten el rezo dirigido por él.

Terminado hay nuevo llanto de mujeres; pero aquí termina. Es de advertir que los vecinos van a acompañar a llorar a los doloridos. Hoy no se lleva ningún traje especial a los entierros.

Tacoronte.
A la muerte de un individuo, su familia manda a decir 30 misas, que llaman de San Gregorio (cuestan l0 pesos). Estas misas deben decirse sin interrupción para que sean eficaces.

Los duelos de despedida, después de rezar un padrenuestro, diciendo, «mucha vida».

Después de la misa de duelo, iban hasta hace pocos años a echar, el acompañamiento, un trago en la casa del dolorido.

Vilaflor.
La gente cree que los niños ruegan en el cielo por su familia y si mueren, 7 de un mismo padre, dicen tiene un coro de ángeles, y que por lo tanto la salvación eterna de los padres, es segura. Al día siguiente del entierro, se dice la «misa de difuntos» a la que asisten, sobre todo; las mujeres, casi todo el pueblo, después de la misa se dirige a la casa mortuoria (que es la habitación) y repiten la fórmula anterior (de pésame), el cura con algún hombre, pero no las mujeres. Es costumbre que las mujeres que acompañan a las mujeres de la casa-habitación del difunto lloran a grito, al sacar el cadáver, ha-ciendo coro a la familia.

La Victoria.
El día de finados llevan pequeños jarros de agua bendita a las casas, no sólo para beber algún buche sino para regar las habitaciones, para que el enemigo (el diablo) no entre.

El Escobonal.
En la sierra de Chaboime, sobre Arico se ve con frecuencia luces azules, que son «almas en pena».

Para saber si son se le dice: «Si eres anima del otro mundo y te paras, te rezo un padrenuestro y un ave maría».

Si es, se para. Así que se reza o se le acaba de ofrecer vuelve a caminar. En cuanto un alma del otro mundo viene es que no está en el infierno.


Esero (El Hierro).
El cuadrante o ¿derecho? era el libro en que se sentaban las misas que dejaban los testamentos. Id. del libro de capellanías.

En el Hierro, si bien la costumbre ha decaído, acompañaban los cadáveres tanto hombres como mujeres, del vecindario, desde los campos a la parroquia; deteniéndose en ciertos puntos, llamados goronas (que consisten en una especie de corral semicircular, con asientos para descansar)  y en otros puntos, aunque no fueran goronas, pasos dominantes de regiones más o menos extensas, para llorar al muerto: continuando después tranquilamente.

En el llanto se hacía mención o ensalzaban las excelencias del difunto.

Después, comen y beben, no se sabe si por hábito originado de las distancias grandes que recorren.

A los que mueren en Esero (El Hierro,) se acostumbra lavar los pies, manos y cara. A los niños y solteros, de cualquier edad hombres y mujeres, que están en concepto del público, vírgenes, les ponen, después de muertos, las manos enlazadas sobre el pecho, con un ramo de flores. Si no disfrutan del concepto de virginidad se los colocan como a los casados; es decir, los brazos tendidos sobre el pecho, dispuestos paralelamente. Los padres y demás familia, no abandonan la habitación mortuoria hasta que el cadáver sea conducido al cementerio.

Tanto los padres como las familias acostumbran en sus llantos manifestar a gritos las virtudes y generosidad del muerto, su valor, la protección que dispensaba, etc.

Lo que unos callan, lo dicen los otros. El cadáver después de enterrado, el acompañamiento se dirige a la casa mortuoria donde se despide el duelo, después de rezar juntos un padrenuestro y un ave maría. El domingo próximo; por lo regular, se celebra la misa de difunto. Para esto todos se dirigen a la casa mortuoria, y acompañando a los padres, hijos y hermanos, se encaminan juntos a la iglesia; concluida la ceremonia religiosa, nuevamente se dirige el acompañamiento con la familia del difunto a la casa mortuoria; rezan otro padrenuestro y otro ave maría. Terminado esto, algunos piden de favor un padrenuestro u otra oración por el alma de algún deudo, etc. Terminado esto se pone una mesa, donde todo el mundo come, y a todos se le permite cierta alegría y buen humor. Concluido, se despiden y se marchan.

Fórmula de pésame, con motivo de alguna muerte, de los que acuden a expresar su sentimiento a la familia del duelo: «Aquí vengo, sí. Aquí vengo, no. Con mi cara mondinga, a quitarle el pesar, a dártelo, no!». Luego contestan los doloridos, en verso, que desconozco aún.

Titoreygatra (Lanzarote)
Hasta hace poco tiempo se celebraba la muerte de un niño, comiendo,  bebiendo y bailando.

Bailes mortuorios. Hay la tradición de que antiguamente cuando moría un niño, celebraban el acontecimiento con bailes en la casas.

En  Yaiza. Si un niño muere antes de cumplir el año, todos los gastos del entierro son por cuenta del padrino.

(Lanzarote y Gran Canaria)
Se dice que una persona tiene un alma arrimada cuando el espíritu de individuo que haya muerto, vive constantemente o periódicamente en comunicación con ella y que se le arrima por lo regular con objeto de pedirle perdón por algún daño que le hizo en la tierra.

Para que desaparezca el alma y  vuele al cielo, es bastante que el interesado realice lo que aquella le pida, tal como decir misas, cumplir promesas; etc., y si es por daño que recibió el individuo que la tiene arrimada, con que le diga: «yo te perdono para aquí y para delante de Dios».

Haría.
Hay algunos que creen que se les arrimaban (almas) y se les ponían encima de la espalda y les hablaban, para notificarle dónde había dejado el dinero enterrado, para poder subir al cielo. Al que se le arrimaba se echa en el suelo, boca abajo, al peso del mediodía pues avisado por la noche en la cama, salía a ciertos puntos «para descargar al alma de la pena que tuviera». Como decirles misas, etc.

Teguise.
Creen que hay almas arrimadas, hace poco tiempo que a una de Guatiza le empezó un alma a maullar como gato. Casi siempre se arriman para pedir perdón por haberle hecho en_vida algo malo. Basta decirle para que no vuelva «Yo te perdono para aquí y para delante de Dios».
Creeen que ay gente que tiene el diablo en el cuerpo.-

Tamaránt (Gran Canaria: Agüímes).
Cuando está muriendo un individuo los domésticos y parientes rodean con solicitud al moribundo. Así que muere levantan todos un llanto ruidoso que dura hasta que enronquecen sin separarse del cadáver. Delante de ellos lo amortajan, y a su vista permanecen sin separarse hasta que 1o entierran, momento en que redoblan el llanto.

En la casa mortuoria no se hace de comer en 9 días. Los parientes y vecinos traen de sus casas la comida preparada y acompañan a comer. Después una de las mujeres que acompañan dice en voz alta, lo que cada uno ha traído (Ato. 1793).

Gáldar.
«Son parcos en sus convites de bodas y generosos en sus funerales». Pues en el día del entierro no es necesario hacer de comer en la casa mortuoria: los amigos le envían lo necesario y preparado aque1 día; cuya urbanidad es recíproca».

Erbania (Fuerteventura).
En algunas partes los doloridos se sientan en el mismo punto donde estaba la cama del enfermo y allí lloran en voz alta, las virtudes del que ya es cadáver. Tumban los bancos, vuelven las láminas o cuadros, quitan los platos «losa» del vasar.

Betancuria
Los hombres llevan el sombrero desalado, corbata negra y barba crecida en señal de luto.
Las mujeres llevan sobretodo negro por la cabeza y encima sombrero también desalado.

Cuando muere algún individuo de la familia se vuelven los cuadros y espejos, y se quita de la destiladera la loza  y demás adornos mientras dura el luto no se blanquean las habitaciones ni se caldea el horno  y si quieren amasarlo (el pan) van a casa de un vecino.

En Erbania (Fuerteventura) cuando entraban a los velorios por muerte de alguien, decían: «Dios guarde el calafote frío, de la calavera mundana». Respondía el dueño: «Quien estas palabras viene a palabriar; allí está la silla, váyase asentar».

Antes se hacía comida en la casa en que fallecía un individuo, para comer el acompañamiento, al regresar del entierro.

Cuando se llora a un muerto, es costumbre pregonar sus virtudes y hechos gloriosos; así como la falta que hace en la casa.

La Gomera.
Todo niño que muere sin haber “mamado leche pecadora” será un serafín; es decir, que no pasa por el Purgatorio sino la punta del dedo margaro. Si llega aunque sea una sola vez a mamar “leche pecadora” pasa por el Purgatorio.

Los niños que mueren sin ser bautizados van al limbo, donde siempre están diciendo fin, fin. Porque para salvarse necesitan que venga la fin del mundo. Los entierran en punto no sagrado.

Alajeró.
Cuando muere alguno todos los vecinos acompañan el cadáver al pueblo, y el que no puede o quiere, se trepa en un morro a llorar a gritos por el muerto.

Rezado para dar el pésame al dolorido (en casos de muerte). «jAquí vengo sí, aquí vengo no (o yo) a dar alegrías que pesares no, del pértigo tieso que de aquí salió».

Contestación
«Entre vecino, que en siendo su tiempo, haré lo propio».

Benahuare (La Palma)
Tedote ayt Benahuare (Santa Cruz de La Palma)
A los ocho días se dicen misas de difuntos o se hacen los funerales; con ofrendas de pan y vino. (Bethencourt Alfonso, 1991).

Este somero repaso a algunos aspectos de nuestra cultura y tradiciones amigo Altakay, espero que haya servido para refrescarnos la memoria en torno a las mismas, pues otro fin no persigue. En un próximo comunicado te haré llegar (si me lo permites) un articulillo en torno a los sitios cultuales de nuestros antepasados, en el cual podremos ver que a pesar de la sincretización sufrida el substrato de nuestras tradiciones mazigias en torno a nuestros difuntos continua vigente.

Mientras tanto, ruego a nuestra Diosa-Madre Chaxiraxi que cubra con su Manto de Luz, tus espíritus y los de tus seres queridos.

* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen
eduardobenchomo@gmail.com
Ciudad colonial de Eguerew noviembre de 2007.

Para saber más:


Fuentes consultadas:
portal.rds.org.hn/listas/hibueras/msg78911.html - 31k -
Graciela Paula Caldeiro, en: Creative Commons,
Elías Serra Rafols y Leopoldo de la Rosa Olivera
Acuerdos del Cabildo de Tenerife, tomo II, 1508-1513.
Fontes Rerum Canariarum
Instituto de Estúdios Canarios
La Laguna 1996

Dr. Juan Bethencourt Alfonso
Costumbres Populares Canarias de Nacimiento Matrimonio y Muerte.
Introducción. Notas e Ilustraciones de Miguel A. Fariña González
Ed. Aula de Cultura/Museo Etnográfico de Tenerife
Exmo. Cabildo Insular de Tenerife 1985.

Buenaventura Bonnet y Reverón
Revista de Historia, Varios números.
La Laguna 1925

Rafael Muñoz Jiménez
La Piedra Zanata y el Mundo Mágico de los Guanches
Ed. Museo Arqueológico de Tenerife
Cabildo Insular de Tenerife
Santa Cruz de Tenerife, 1994.

Antonio L. Cubillo Ferreira
Comunicación dada en la Universidad de Verano de Agadir, Marruecos.
21-23 de julio de 2000. En: www.elguanche.net

Agrupación folklorica de Chacaras y Tambores Guadá
La Gomera.
En: www.gomera.com.es/El%20Trastero/velorio.htm
Ignacio Reyes García
Guanche un gentilicio mestizo
Publicado en el periódico La Gaceta de Canarias, 22 de abril de 2001.

Dr. Ignacio Reyes García en:
Amawal Esekenamazigh
Diccionario ínsuloamazighe
Isekenen n Tkanaren, 2956)

Antonio Tejera Gaspar
La Religión de los Guanches: Ritos, Mitos y leyendas
Edición de: Asociación Cultural de las Islas Canarias
La Laguna-Tenerife, 1988.

Leonardo Torriani
Descripción de las Islas Canarias
Traducción, Introducción y notas por Alejandro Ciuranescu
Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife 1959.

El Infierno del miedo   Becao: el Escribidor Profesional
En: www.sindioses.org/sociedad/infierno.html

El origen de Tenerife
Dr. Ignacio Reyes García
En: La Gaceta de Canarias, 20 de mayo de 2001.






1 comentario:

  1. Muchas gracias por el trabajo que te tomas en dar a conocer nuestra memoria borrada.

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